El exterminio de Venezuela

La desolación de nuestra amada Venezuela apunta al compás de una miseria humana que danza la guerra sin cuartel de un todos contra todos, permeando corazones que caminan en una insensibilidad nunca vista en nuestro suelo sagrado. No hay lugar que escape a la presencia de la muerte que pasea las calles como el viento que sopla, solo es cuestión de suerte y protección divina para sortearla y, bajo la presión angustiante a la que nos sometemos diariamente, hay un estrés que mata poco a poco como causa lenta de otro exterminio que nadie contabiliza pero que vamos viendo a nuestros alrededores. El que cae, raramente recupera su salud o sobrevive en ese mendigar por hospitales contaminados, indolencias, malas praxis, escasez y bachaqueo de medicinas.

Jamás creí que volvería a ver a niños a su merced en las calles; impactado he sido testigo al mirarlos como son capaces sin tapujos de preparar a plena luz del día un sancocho de perro o gato que capturan pululando a su suerte en las calles también y peor aún, con las mentecitas descocada en una capacidad organizativa para delinquir bajo sus propios pensamientos de mundos virtuales convertidos en realidades de hambre, alcohol, droga, prostitución y muerte. Infantes y jóvenes con las manos manchadas de rabia y sangre, víctimas ellos también, por una sociedad que los arrastra. Así se dibuja el exterminio de una parte de esta generación que va tomando el camino equivocado en la bifurcación de la vida que se arroja a la suerte de un destino casi siempre efímero.

El exterminio de los valores, el respeto y la moral perdida en el salvajismo de un tipo de ciudadano que nunca fuimos. El sálvese quien pueda dentro de nuestros medios de transportes casi regalados por el subsidio exagerado como es el caso del Metro y el Ferrocarril donde gente emprendedora que estudia y trabaja se transporta dentro de Caracas o viaja hasta hasta Los Teques y El Tuy, acompañado de la buhonería, el bachaquerismo, la mendicidad, el raterismo, la vulgaridad, el irrespeto a mayores, la anarquía y uno que otro talento artístico que salva el estrés de tanto mercado persa a la vista de cámaras y autoridades. Quizás me equivoque, pero podría decir que Petare (no hablo del barrio sino el comercio) se vino al Tuy en tren. Por otro lado, ese pasajero que lucha su día a día termina rematado en la humillación por el pirateo del transporte superficial que cobra al precio que le provoque o del hampa que se monta en ese mismo transporte, depende de la lotería del día.

Hablar del exterminio alimentario es más que conocido pues quien no haya rebajado en Venezuela este último año es un privilegiado, yo mismo puedo decir que llegué a perder 30 kilos. Existe un abuso comerciante de pueblo comiendo pueblo vendiendo hasta el alma lucrada del hambre. No diré que todos, pero es casi generalizado que bodegueros, charcuteros, panaderos, carniceros, fruteros y todo aquel asociado a la venta de comida y bienes de aseo personal, coloquen el precio que mejor les parezca como si tratara de su propia medición de economía que fluctúa como les dé la gana en un descontrol desmedido tipo "pre-caracazo 89". En esta guerra de abuso comercial los niveles parten desde quien pueda tener un conteiner lleno de mercancía hasta el que vende fósforos sin sus palitos completos.

Hay un exterminio latente que me impactó por su crudeza; el asesinato de la muerte con la profanación de tumbas en un camposanto abarrotado en cementerio de urnas a la vista de todos donde posiblemente las bacterias se dispersan cuando hasta los huesos humanos de fallecidos dejaron de descansar en paz para ser utilizados con fines oscuros. La verdad, no es la Venezuela por la que he luchado, noble tierra de 5 oros (negro, amarillo, azul, verde, marrón) ambicionada por muchos y maltratada por sus propios hijos que piden a gritos desangrarla desde adentro y desde afuera para exterminar su historia o sentido de pertenencia. En la ironía de tantos exterminios, Venezuela, el país más xenófilo de América, sufre hoy día la xenofobia de sus hijos, incluso, en naciones que se levantaron gracias a nuestra solidaridad sempiterna. Ya dejé de debatir con los que deseen partir del país a buscar otros destinos pues esto no tiene matices No hay colores. La política nos acaba. Perdimos la calidad humana y estamos cerca de volvernos coprófagos hasta un sendero que nos convierta en polvo del exterminio.



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Larry Márquez Peralta


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