Uno, dos, tres, probando, probando

"Una guerra no se gana a la defensiva", frase pronunciada por el Presidente Nicolás Maduro, en el marco de una exposición de los trabajadores formados en la universidad de los Trabajadores "Jesús Rivero", el día sábado, en horas de la tarde, del 18 de marzo de 2017. Yo, por mi parte, diría: no se puede hacer una revolución en base a frases. Una guerra se gana guerreando. En otras palabras, peleando. Y aquí, que yo sepa, Rondón no ha peleado. Mientras se habla y se habla de la realización fecunda de una revolución, que no la veo por ninguna parte. No sé, en verdad, no sé, en qué lugar del mundo se ha hecho una revolución conviviendo con el enemigo. Compartiendo y hasta "dialogando".

Los padres de las revoluciones, a nivel mundial, decían otra cosa. Y para muestra está la revolución cubana. La única revolución que se ha hecho en este continente. Una revolución no se hace con "ayuda" del enemigo. Es decir, con su aporte o su apoyo. Una revolución es hecha por auténticos revolucionarios. No conviviendo con traidores, tal como la ha aceptado el Presidente. "Esos traidores me quieren meter una puñalada por la espalda. Están engañando al pueblo con la amenaza de un reformismo que están alimentando". Palabras más, palabras menos. Pero eso fue lo dijo, o trató de decir el defensor del legado de Hugo Chávez.

¿Y, entonces, en qué quedamos? A casi 20 años de "revolución", venimos a decir que "una revolución no se hace a la defensiva". ¿Y qué se está haciendo para pasar a la ofensiva? Vamos a pasar a la ofensiva cuando la traición se monte en el poder. Razón tuvo Fidel Castro, cuando en las montañas cubanas, le dijo a un periodista: "Cuando voy a un funeral, llegó hasta el cementerio". ¿Es acaso, que nos vamos a llegar hasta el funeral? ¿Cuándo nos vamos a dirigir al cementerio? ¿Cuándo ya no haya chance de defender el legado?

Un, dos, tres, probando, probando… Aquí no se puede, a estas alturas, probando. Tendiendo manos a quienes las rechazan. Sentándome al lado de quien tiene un puñal escondido. No. Eso nunca se ha visto. Diría, Alí Primera, basta de rezar. Es la hora de la candela. Sino los frutos de la cosecha se perderán. Only one solution, diría el Che. Guerra a muerte, hasta vencer o morir. La derecha apátrida no quiere diálogo con el gobierno. Está más que comprobado. ¿Entontes, para qué insistir? Una táctica. Una estrategia. Para después decir que ellos se negaron a dialogar… Yo no le doy mi mano a nadie que no la quiera. Al enemigo ni agua, dicen por allí. Para terminar, tengo que decir algo, que tal vez suene demasiado duro, pero tengo que decirlo, pues, me sale del alma, como dice la canción: Una revolución no se hace con miedo, y punto.

Puerto Ordaz, 18 de marzo de 2017.

 



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Teófilo Santaella

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