¿Y ahora cómo hago?

Bendita la hora en que cantan los gallos: es lo que me queda expresar
a mi mal que me come sin causa justa y, no es para menos, jurungar un
poco la paciencia de los demás que me ven de reojo y, pensarán otra
cosa, pero no, es que estoy como quien dice varado sin poder salir y
tanto es así, que he visitado al Santo Cristo del buen viaje de
Pampatar en su solicitud de auxilio que le abra las puertas de su buen
corazón al personal de CENCOEX por mis dólares y, mire usted que no
era para la Conchinchina que iba de paseo, ni a comer arroz.

Después de hacer una cola kilométrica sin descanso y, calarme en paz
sin reticencia tanta frase mal dicha y sin provecho ninguno de los
alterados contra el régimen, en ruta al mostrador de Conviasa en vuelo
rasante atestado de euforia de conseguir mis pasajes de ida y vuelta
que, me pusiera en contacto con el alta voz y el catalejo del mundo
exterior de lo desconocido en abundancia de visión para mí en toda mi
existencia y, lleno de sosiego espiritual regresar de nuevo al sin
confort de mi país que no lo cambio por ninguno (con OEA o sin OEA),
aunque muera de camalidades inhóspitas a diario, prefiero naufragar
aquí que varar donde no me quieren como bicho malo en que nos hemos
convertido los venezolanos a futuro sin razón y, mendigar atenciones
no me nace ni lo espero de otros que no sea por solidaridad y respeto
a mi conveniencia moral.

Pero a decir verdad estoy más apenado que afligido conmigo mismo y,
con los amigos que en colaboración a mi quietud de viajar con rumbo
fijo, murió al nacer que gracias a tómbolas, bingos y, a la colecta de
viaja hoy y nos pagas después me dejó al borde de coger cama como si
de un mal sin cura se tratara que, como envidioso que soy sin
ocultarlo pensé, si la Tintori viaja tanto y, porqué yo no, que he
trabajado por el bienestar de mi país en la formación educativa de su
juventud y sin mucha bulla con algo de aspaviento quería salir de mi
soledad intrínseca y, juro que no me iba a entrevistar ni con Trump ni
con Almagro, que jamás por mi mente ha pasado tal delirio de felicidad
ni de orgullo por el sólo hecho ambiguo de alabarme después como
importante que empeoraría más mis sentimientos de penoso distraído y,
mucho menos salir a hablar mal de nuestro país como práctica lucrativa
política de la afanosa oposición-MUD.

A veces un poco de alabancia irrestricta no cae mal que con pasajes
sin dólares descompone a cualquier pobre que se llena de esperanzas y,
después lo dejan guindando por el control de cambio del que no sé ni
entiendo como Maripili Herández y José Guerra de esos menesteres tan
profundos de la fluvial economía del país a mi poco entender y,
tampoco me distrae, pero los dólares eran necesarios y quien los da a
los banco, para que en mi caso, pudiera armar mi carpeta personal se
le cayó el sistema y me dejó en el aire sin poder levantar el vuelo
deseado fuera de Venezuela y, el culpable de mi necesidad espiritual
como personal me tiene en dieta de insosiego y si algún día el sistema
vuelve y, todavía existo con mis pasajes como debe ser, viajaré, pero
mientras, mi angustia es total por CENCOEX.

Aclaro que tampoco iba a raspar, sino de paseo como creo tengo derecho
a disfrutar como ciudadano pacífico, pero sin dólares cómo hago que el
mercado negro me negrea y, como quien dice, no tengo más opción que
esperar que llueve y escampa y, algún día me informen que arme de
nuevo mi carpeta que, seguro lo haré, mientras...

Me quedo en Margarita como un circadiano entre sol y lluvia.



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Esteban Rojas


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