Aguantemos un poco más

Ya hemos aguantado bastante. Esta guerra económica inclemente se mantiene en pie. Pero se tambalea. Mientras que nosotros, los revolucionarios de verdad, nos hemos aguantado, y todavía tenemos soga para aguantarnos un poco más. Así es la vida. Dicen que la vida es una prueba. Pienso que la vida de los revolucionarios son cien, mil, millones de pruebas. Nada es fácil en esta vida. Sobre todo cuando se quiere cambiar el sistema de una sociedad por otro sistema más humano, más asequible a los más necesitados, y más esperanzador. Hay una historia que leí, no sé dónde, pero que aún guardo en el rincón de los recuerdos. Dice así:

Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que gustaba visitar pequeñas tiendas del centro de Londres. En aquella ocasión, entraron a una, y se quedaron prendados de una hermosa tacita.

—¿Me permita verla mejor?—pregunto la señora, dirigiéndose a la moza que los estaba atendiendo—. Nunca he visto algo tan bonito, tan fino y delicado.

En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su historia: "Usted debe saber que yo no siempre he sido la taza que usted sostiene en sus manos. Hace mucho tiempo yo era tan sólo una poco de barro. Pero un alfarero tomó el poco de barro entre sus su manos. Más tarde comenzó a darme forma, y desesperada le grite: Déjeme, por favor, déjeme en paz. Déjeme con yo era, puro barro. Pero mi señor, el alfarero, me dijo: Espera un poco más todavía no es tiempo".

Después, cuando había terminado de moldearme, me puso dentro de un horno. ¡Nunca había sentido tanto calo!... Toqué la puerta del horno y a través de la ventanilla, pude ver los labios de mi amo que me decían: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo".

Después de no sé cuánto tiempo, abrió la puerta. Me tomó y me colocó sobre una mesita de madera. Una vez que me había refrescado comenzó a raspar y a lijar. No sé cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas ante sus ojos. Me miraba de arriba abajo. Por último me aplico meticulosamente varias pinturas… Sentía que me ahogaba… "Por favor, déjeme en paz", le dije". Pero él sólo volvió a decirme: "Aguanta un poco más, sólo un poquito, aún no es tiempo".

El suplicio continuó. Ahora me metió en otro horno, mucho más caliente que el primero… Pensé que hasta allí llegaba mi vida. Grité, lloré, imploré. Pero mi artesano seguía sordo… "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo".

Pensé que alguna razón debía el artesano para desoír mis ruegos. Por esa razón que ignoraba, me aguante. Por fin, Dios, mío, por fin. Se abrió la puerta del horno. Mi artesano me tomó delicadamente y me llevó a un lugar diferente. Era una estantería, detrás había espejos. Así fue como pude verme, hermosa, como una joya, tal y como usted, señora, me ha encontrado hoy. Se trataba de una tienda para objetos finos.

Sólo oí una voz, alegre y satisfecha que me dijo: "Ahora eres una obra terminada, tal como te pensé, cuando sólo eras barro".

Agregado:

Esta revolución se parece a esa tacita de barro, en manos de mucha gente dispuesta a convertirla en "la tacita de oro, soñada". Somos miles, millones de alfareros, y todos trabajamos para que esta revolución sea lo que en verdad debe ser. Pero no será puesta a la venta, como la tacita, pues ya tiene dueño: el pueblo venezolano.



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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