Hacia la reinstitucionalización del país

Durante la entrevista dominical del programa "José Vicente Hoy" al economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, se apreció por primera vez a un analista consensuado, ecuánime, imparcial y equilibrado con respecto a su postura frente a la crisis que enfrenta el país. Comparto su opinión —y así lo he manifestado en otras oportunidades— que Venezuela tiene un grave problema institucional y que hay que reinstitucionalizarlo. León lo plantea y lo desea desde su óptica o postura ideológica, mientras que otros venezolanos lo conciben desde la posición del rescate de la institucionalidad de la mano del socialismo bolivariano del siglo XXI, emancipando a la revolución bolivariana y para ello será necesario que, como mínimo, el poder judicial, esté presidido por una persona que no milite en ningún partido político, para que sea un poder equilibrado y tengamos en realidad justicia y libertad a favor de todos los venezolanos. No se puede encaminar la reinstitucionalización del país de la mano de quienes capitalizaron el puntofijismo, que es el equivalente a decir el Estado burgués que imperó durante casi medio siglo y que contaminó las estructuras del Estado venezolano, que fue el nido que dio pié a la corrupción del país y que hoy por hoy es la epidemia que más daño ha hecho a Venezuela. Necesario es, entonces, que exista una institucionalidad socialista para que impacte en la desafección política que existe en Venezuela, la cual se ha convertido en la expresión suprema de la regresión histórica que es inherente a toda revolución, en retos que se habían planteado para los procesos de cambios.

En esta era chavista y aún en la postchavista se mantuvo y permanece el cuadro administrativo burocrático que se estructuró en la IV República y éste es el que tiene el control de los mecanismos normativos y utilitarios a lo interno de todos los poderes públicos y, a su vez, administra el Estado en función de los intereses de las élites políticas y económicas gobernantes. Por esta razón se debe desentrañar este binomio Estado-partido, ya que han sido generadoras de una cultura política autoritaria, con una fuerte presencia en nuestra sociedad que la ha arropado de distintas maneras. A más de 18 años de la revolución Bolivariana es insuficiente el esfuerzo realizado por los dos últimos gobiernos en este sentido. Han sido poco eficientes para erradicar estas concepciones y prácticas que se inocularon para crear un sistema perverso y antinatura, porque atenta contra el ser humano y se distancia del modelo de sociedad plasmado en nuestra Constitución. Más lamentable son las instituciones creadas durante la revolución, que avivan y fortalecen estas prácticas justificándolas mediante un discurso incoherente y que son ajenas de la voluntad del poder popular. Es imposible que durante el proceso revolucionario no se presenten crisis estructurales, pero no debemos olvidar las características que describen al Estado venezolano, aparte de ser un país rentista petrolero, es el mayor empleador ineficiente, por ende el más burocrático y el más dependiente de la economía nacional y de la región, por esta razón el gobierno revolucionario debe ir hacia la reinstitucionalización del país, porque la corrupción, el clientelismo, el nepotismo, el desconocimiento de la experiencia técnica, profesional, académica; la distribución de los cargos sin valores competitivos; la negación de la realidad, del pensamiento crítico reflexivo, la falta de continuidad en las políticas públicas, nombrar funcionarios de baja reputación para gerenciar, la falta de un compromiso real con la Patria, entre otras inequidades, constituyen el pan nuestro de cada día de un sistema al servicio de la dominación y serán los elementos que afectarán en los venezolanos para tumbar el gobierno por la vía del voto.

Es tiempo de que el Estado, el gobierno revolucionario, impulse la nueva institucionalidad. Es el momento de dejar morir lo que tenga que fenecer, de dejar nacer lo que tenga que germinar y de dar paso a la revolución en su propia esencia: la trascendencia del Ser Humano Social, en un continuo proceso hacia la perfección que beneficiará a toda una colectividad: el poder popular, quien tiene un importante aporte al proceso de construcción de una nueva reestructuración institucional que irrumpa con la esclavitud y dé paso a la democratización, participación y protagonismo del pueblo. Aumentar la eficacia, la eficiencia, la transparencia en la administración pública y la formación de servidores públicos con un alto sentido de consciencia humanista, para que la nueva institucionalidad sea un escenario de encuentro de las bondades que nos dará la revolución. Hay mucho por hacer y solo juntos lo lograremos.

(*)esmeraldagarcia2309@yahoo.com

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Esmeralda García Ramírez

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