Agallas, para construir el socialismo

"Lo que es indispensable y urgente es separar los medios de producción de sus propietarios parásitos y organizar a la sociedad de acuerdo a un plan nacional. Entonces será realmente posible curar a la sociedad de sus males. Todos los que sean capaces de trabajar deben encontrar un empleo, La jornada de trabajo debe disminuir gradualmente. Las necesidades de todos los miembros de la sociedad deben asegurar una satisfacción creciente. Las palabras "pobreza", "crisis", "explotación" deben ser arrojadas de circulación. La humanidad podrá cruzar finalmente el umbral de la verdadera humanidad." ¿Qué es el Marxismo? León Trotsky

"Separar los medios de producción de sus propietarios parásitos y organizar a la sociedad de acuerdo a un plan nacional". De eso se trata todo. Intentarlo, o mejor aún, pensarlo y entenderlo es prácticamente hacerlo. Complicar a todo el país, como una sola voluntad férrea, en esa idea; fácil de comunicar y de entender. Pero hay que creer en ella como una necesidad urgente, no tenerla en la cabeza como un sueño lejano y como una excusa para nunca atreverse a nada.

La revolución es fundamentalmente la vida misma del revolucionario. No pasa por ella, lo arrastra. La revolución es la "chispa" encarnada en el revolucionario, el que enciende el fuego del entusiasmo popular por el cambio y por el socialismo. El hace del socialismo algo suyo, lo lleva en su vida como un comunista, con la moral del comunista. Con naturalidad asume los conflictos, las contradicciones están allí para pensarlas y buscarles soluciones. Nadie dijo que una revolución se agota en la conquista del poder político, hay que conquistar el espíritu, el propio y el del pueblo trabajador y pobre, con las nuevas ideas, con las nuevas prácticas de vida y prácticas sociales.

Lo más difícil es conquistar el propio espíritu. Tener claro los principios que nos mueven, saber que somos seres ignorantes y muchas veces mediocres, para poder luchar contra eso todos los días. De eso se trata la revolución, de luchar todos los días contra la soberbia, la vanidad, la estupidez, consientes de dónde están nuestros enemigos. Y ellos están en nuestros demonios interiores. La flojera, la ignorancia, la indiferencia, el disimulo, la cobardía y la traición a los principios y los hombres.

¿Quién puede dirigir una revolución creyéndose que lo sabe todo, que el disimulo no se le nota desde afuera, mostrándose impúdicamente, repartiendo malos ejemplos convencido de que su propia ignorancia es el límite del conocimiento? Los efectos del poder son alucinantes. Decía el Che que estando en el poder, la gran dificultad era mantener la misma línea de conducta de cuando se luchaba para conquistarlo. Para esto se requieren convicciones fuertes, formación política y un enorme sentido crítico y auto crítico. Uno mismo es el objetivo más a la mano de nuestras tareas revolucionarias y de concientización. Tenemos que ser un ejemplo vivo de la sociedad que queremos.

Sin embargo, sin una idea superior y rectora de nuestra moral nada de revolución sería posible. La revolución es un apostolado pero sobre la idea de una sociedad liberada de injusticias, de desigualdad, de explotación, de dolor vano, de maldad como práctica de vida cotidiana, de la indiferencia por la ruina del semejante. Es está sociedad que queremos conquistar y para hacerlo tenemos muchas herramientas. La inteligencia, el estudio y análisis crítico de la sociedad que queremos superar.

En este punto el trabajo ya se ha adelantado bastante. Contamos con la historia, las tradiciones de luchas libertarias, y además con un cúmulo de teoría revolucionaria que hay que aprender, que hay que estudiar. Un revolucionario debe estudiar siempre, debe leer, discutir, escuchar y saber hacerlo.

No puede ser que ahora estemos perdiendo la oportunidad histórica de cambiar el mundo por débiles, por pusilánimes ante los retos, como si fuéramos verdaderamente indestructibles. Solo las ideas lo son. Y tú Rey arrogante y orgulloso eres "ser de un día, no desees vivir por siempre, mejor pide morir lo antes posible", como dijo Sileno al jactancioso Midas. La vida es un soplo, como para que la desperdiciemos en tanta vanidad y orgullo sin ambiciones poderosas, como la inmortalidad pero en la memoria de los hombres, de los pueblos. Bolívar es inmortal y los políticos se maravillan de ello, solo para no molestarse en emularlo. Chávez es inimitable, y por tal razón se eximen todos "sus hijos" de serlo también, o por lo menos intentarlo.

EL socialismo es un reto de vida personal y un reto social. Un pueblo se engrandece aceptando un desafío de esa envergadura moral y física. Y a cada uno de sus individuos. Un líder indestructible lo es en la memoria de un pueblo vencedor, solamente así le calza la dignidad de líder, la levita, la banda presidencial y la espada. Sin arrojo, sin ambiciones elevadas, sin valor, la dignidad se queda en la levita, muere como todo lo devenido en la vida.

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Héctor Baiz

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