¡Horror a la socialdemocracia!

Dedicado a las señoras cultas de las colas del Excélsior Gamma de Los Dos Caminos

(Y a quienes les prestan oídos)

Hay cosas que uno compra en el Excélsior Gamma. Por ejemplo, anchoas en lata y alcaparras, de buena calidad, es decir, en latadas. Debido al fenómeno económico actual, ahora hay muchos productos en los anaqueles a precio “complementario”, o sea, caros. Pero los hay.  Y sin embargo, un supermercado como éste, de “precios complementarios” y de clase media,  sigue administrando los artículos que necesitamos todos cada día, tanto los regulados (que casi que no existen) como los no regulados, pero que se necesitan como sea, y al precio que sea, así sean “complementarios”.

Bien, salida de mi oficina fui al Excélsior a buscar mis “exquisiteces” de siempre, y a ver qué pescaba de aquello que estuviera regulado. Había “llegado mantequilla”, es decir, margarina Mavesa, que la gente llama mantequilla,  la cual se cotiza por igual dentro de bachaqueros y en la clase media.

Había entonces una cola descomunal, solos por llevar hasta cuatro potes de ese veneno. Considerando mis alternativas para evadir la cola, decidí buscar mis delicadezas al Excélsior Express.  Ahí encontré las mismas latas, pero la cola era, quizá, menos cruel, y decidí entromparla con estoicismo.

Una señora muy locuaz, severa, joven pero de rostro severo,  comienza a explicarnos a todos el origen de nuestras desgracias…

…Créanme que no desestimé ninguna de sus razones, estaba mentalizado a escuchar lo que fuera sin perder el ánimo, tomar notas, inclusive soportar aquellas cosas que fueron solo mentiras, la misma paja que dice Borges u otro pendejo, el que sea de ese grupito de farsantes. “todos ellos son ladrones, andan en sus camionetotas, y la gente pasando trabajo y arrecheras”, Bueno eso es verdad, Pero de esto no hablan mucho los farsantes de la Mud, porque ellos también tienen sus camionetotas, y también viven como parásitos de la renta, tienen rabo e paja. Pero cómo decirlo sin que se forme el verguero, los “dimes y diretes”….

Después de no sé cuantos minutos, me sentí muy humillado. Por un lado, o sea, por el lado del cajero, todo era error y error, “su banco no responde”, “tarjeta rechazada”, “comuníquese con su banco” y un señor pagando con billetes de  diez y de cinco. Y por el lado de atrás, es decir, dos personas detrás de mí,  estaba la señora culta, “joven y severa”,  explicándoles a sus vecinas la razón de nuestras desgracias y de las desgracias del país, ya por tercera vez. Pero a cada vuelta, agregaba a la misma historia una pequeña calumnia. Ella lo sabía todo y sus vecinas pobres y acomplejadas, ante tanta sabiduría palpable,  atizaban su elocuencia con sus propios cuentos y mentiras. 

Ante esa emboscada de pícaras “cultas” y de pícaras bachaqueras, que refrescaban en mí la miseria de la calle, no pude hacer otra cosa que “llamar a retirada”, y me fui  “¿Cómo discutir con aquellas mujeres que tenían la razón?, en lo fundamental tenían razón, esto que está pasando es inconcebible, por más disciplina y paciencia, por más estúpido que se sea…. ¿Cómo contradecir a una mujer pobre, muy muy pobre, que insultaba a Maduro frente a esa señora culta, que lo sabía todo? Bien, me fui, Salí de allí derrotado… ¡Primera vez!, tomando en cuenta mi impertinencia ante situaciones parecidas.

Como todo lo irracional, el cuento de la señora se repetía a medida que se sumaba otro en la cola. Se repitió y se repitió, muchas veces, en tan solo diez minutos, “solo diez minutos, los mismos diez minutos que tarda una cabrona pasta mala en ablandarse“,  pensé. Escuchando la letanía de estas señoras se me multiplicaron los minutos por cincuenta. Y no exagero. Todo es subjetivo, lo sé, el tiempo es relativo. Sobre ese conocimiento de lo relativo del tiempo intenté sostener mi paciencia, sobre mis principios y, claro, “se me pasó la pasta”. Me vencieron en mis escrúpulos comunistas, aunados a mis escrúpulos sobre la justicia, los cuales en ese momento no tenían por qué coincidir. Y me fui arrecho.

Estuve cerca de comprar mantequilla Maracay, alcaparras, caraotas Panteras, y anchoas pero me fui, no aguanté la presión. No sabía qué defender, por lo menos sin meterme en un súper peo. Dejé para luego mi impertinencia y mi mercadito de exquisiteces (caraotas Pantera a 10.000 el kilo ¡!!!! Precio “complementario”), obligado por lo complejo del asunto que había que desembrollar de las mentes de esas mujeres. Debía poner en claro tantos asuntos solapados, sin insultar a la neurótica locura de la clase media y la insidia de las bachaqueras.

“Tanto la señora culta como la vecina pobre tienen razones suficientes para insultar al presidente y al gobierno, pero no era necesario demostrar tanta superstición e ignorancia, y tanta impudicia”, volví a pensar. Mi respuesta, ¿Dirigida a quién? ¿En base a qué conocimientos? ¿En base a cuales sentimientos?... “¡Eeees la cosa!” o eeera la cosa

Esto fue lo que desembrolle en mi mente.

Presidente deje de bailar e intente gobernar un poquito

¿Qué indigna en la calle a la gente común, del gobierno, del ALTO GOBIERNO? Que el ALTO gobierno, no pisa la calle. Así parezca esto un juego de palabras divertido, es serio, muy serio. El presidente no sabe ni siquiera un poquito cuanto lo maldicen y lo odian, a pesar de la opinión de Jorge Rodríguez, de Aristóbulo, de la Primera Combatiente. A pesar de las puestas en escenas de la televisión y de las marchas y concentraciones, de gente realmente arreada (ahora sí, arreada) con pequeños chantajes, al mejor estilo de los adecos (traidor, mal agradecido, bruto, ignorante, no ves que nos está amenazando el imperio, que hay una guerra económica). Pero, de tantas marchas, de tantas colas, de tantas rumbas no queda tiempo para pensar bien en lo que realmente está pasando en los pasillos de Miraflores y en los distintos despachos ministeriales. Qué se cuece, qué se trama, a qué se teme.

¿Cuándo un presidente, después de Fidel, después de Chávez, estuvo atento de todo, de los detalles, de lo mínimo?

Nunca. En el universo de la Gran política (entre capitalistas, entre naciones “desarrolladas”) eso es visto como una burrada. Hacer un cálculo culto de los gastos de una compañía de Ballet, Calcular y prever hasta el último detalle los gastos para el desarrollo de una vacuna contra la meningitis, eso no son cosas de un verdadero estadista, de eso se ocupan los que saben y ya. Pero, lo que no sabe Maduro es que ese sentimiento de vergüenza, esa burla de los capitalistas ha sido siempre dirigida para los Fidel, los Che Guevara, los Chávez,  eso siempre ha sido así en el capitalismo, y en el capitalismo desarrollado, no tan liberal, ese que ya no existe, porque ahora todo es tan confuso…

Sin embargo, el presidente Maduro se comporta como si gobernara verdaderamente. Pero delega todo, hasta el más mínimo detalle, a especialistas, eso, que es solo su responsabilidad y la base de su liderazgo.

Y estos especialistas lo embaucan en sus propios asuntos, negocios e intereses. Es así que ahora tenemos un gobierno fracturado en pedacitos de “intereses particulares”, sin un comandante real, sin un líder. ¡Cómo eso es posible!… Es posible, porque tenemos un presidente descuidado, distraído, flojo para el socialismo, flojo para todo, para las ciencias, para los detalles de las tecnologías, para los detalles de las “maneras” de hacer las cosas, de la administración de los recursos, del ahorro de recursos (de divisas, de bolívares, de petróleo, energía etc.), porque ahora tenemos un presidente que baila, y baila feo, como “clasemedia”, con un trancaíto clase media. Y por eso (aunque ustedes no lo crean), se le nota lo tonto, y se ve lo odioso que resulta todo eso del baile mientras la gente está a punto de estallar de la arrechera, sin dinero, más pobre con esos precios “complementarios”, sin entender nada porque no hay nadie SERIO que hable con el corazón y con la verdad que se lo explique.

Lo más importante, presidente, es saber gobernar, estudiar, estar en todas las jugadas del socialismo y del poder. El asunto no es saber bailar y mostrar que se sabe bailar salsa. Es mejor saber matemáticas, como Chávez, y no dejar que Menéndez y Merentes lo mareen con cuadritos y gráficos, sin poder decir nada porque uno sabe bailar pero no entiende de qué hablan estos picaros. La vida es más complicada que aparentar ser feliz, sabio,  tranquilo y de ser fuerte y poderoso. Se lo aseguro yo, que soy un poco más viejo que usted y me siento todavía lúcido, consciente, vivo de verdad verdad, a pesar de la vida misma, solo porque reconozco que soy un tonto más del montón.

hecto.baiz@gamail.com

 



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Héctor Baiz

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