Todos odiamos

Si realmente en algo somos muy democráticos es en el derecho irrenunciable al odio hacia terceros, al margen de la religiosidad que subyacentemente nos acompañe. Una minoría que perdió su protagonismo político y administrativo sobre el Estado burgués odia al Chavismo, y los chavistas, quienes ahora son mayoría y protagonizan la Política y administran los principales ingresos nacionales y municipales, odian al Imperialismo.

Cierto que el chavismo no ha salido a matar antichavistas, que ni siquiera ha tocado ni con el pétalo de una rosa a los culpables de tantos muertos de parte del chavismo; cierto que el Presidente Chávez sentó un peligroso precedente cuando a apenas horas de haber escapado de una muerte verosímil en manos de los mismos enemigos de ahorita, tanto nacionales como extranjeros, salió con una icono cristiano en sus manos, se arrodilló ante sus golpistas y les pidió perdón, un perdón que por ahora no ha sido admitido por sus adversarios quienes siguen cobrando la factura adeudada por Chávez, el gran iniciador de la presente y timorata revolución.

Cierto también es que los poimperialistas ven como muy racional la defensa de sus intereses personales y la de quienes han sido sus protectores desde Gómez para acá. En cuando a una parte del proletariado, eufemísticamente llamada escuálida, sigue fiel a quienes fueron los amos de sus antepasados en su condición de servidumbre sumisa durante siglos. Por ejemplo, en la Valencia "del Rey", en Barcelona y en Ciudad Bolívar hay familias representantes directos de 5 o más generaciones multiplicadas lineal, consanguínea y filialmente. De igual manera, sus contemporáneos y coetáneos mantienen una invariable postura de obediencia, respeto y defensa de esos colonialistas en el presente siglo XXI.

De allí que todos o casi todos, para aproximarnos mejor, sienten odio visceral y sicológico hacia quienes hoy se presentan como enemigos, los proimpoerialistas nacionales y extranjeros, de una parte, y los chavistas por la otra. La diferencia de estos reconcomiados es que los primeros ven agotados sus patrimonios que han sido, las más de las veces, mal habidos, mientras los otros ven con cargas de amor sincero los derechos que, luego de varios siglos, se ven reivindicados, sin tener que quitarle nada a nadie.

 



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Manuel C. Martínez


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