Alquimia Política

El valor de la democracia

La democracia, en el mundo moderno, se ha constituido en una especie de método ideal para la consolidación de relaciones humanas en paz y bajo criterios armoniosos de convivencia. Se asumió la fórmula más negativa del criterio democrático, la imposición de las mayorías. ¿Por qué decimos "fórmula más negativa del criterio democrático"? Porque en la génesis de la democracia el criterio "bueno", siempre abierta esta postura al debate, era el gobierno de la excelencia, de los mejores; elegido por una élite con la capacidad de reconocer cuáles eran los mejores, nos referimos a la Atenas de Pericles en el siglo IV antes de Cristo. Hoy tenemos la necesidad de lidiar con esa fórmula de las mayorías que abre la posibilidad para que propios y extraños, valiéndose del populismo de masas y la inconformidad, natural de la condición humana, se dé un laberinto de situaciones donde la confrontación y la violencia tienen otros calificativos: oposición y descalificación.

Se llega tarde a la mesa de diálogo entre la oposición y el Gobierno Nacional; se llega después de centenares de muertes, de un diálogo aguerrido e invadido de insultos, dimes y diretes; se llega con una carga social asfixiante, con un nivel de vida desvanecido y con una cultura al trabajo corrompida por la pillería (bachaquerismo) y la corrupción. ¿Tiene esperanza el diálogo? En el marco en el que se ha planteado el diálogo que es la alteración del orden constitucional para terminar el período Presidencial de Nicolás Maduro antes de la fecha correspondiente a las leyes de la República (2019), es evidente que se está de frente a un gran obstáculo, duro de saldar. Por otra parte, la oposición, como una de sus banderas, plantea la liberación de presos políticos, y como muestra de voluntad el Gobierno ordena la libertad y el levantamiento de sus causas a algunos dirigentes de la oposición. ¿Eso podemos calificarlo de prudente? Pienso que no; porque, y esto a pesar de la bulla inmensa que puede causar, se ha mantenido un discurso de separación de poderes y de respeto a la legalidad. Con este tipo de actuaciones, se demuestra que es real la acusación de interferencia del Ejecutivo en algunas causas y ello lo que hace, internacionalmente, es hacer ver al Gobierno como el propiciador de la persecución política, cuando la realidad muestra que estos personajes fueron apresados con intenciones "preñadas de maldad", y buscando vulnerar el orden constitucional y atacando los valores de la Patria.

Es un punto importante de inflexión, porque si se ha procedido, como se debe proceder, no hay camino para una acción de "recular", ni de "corregir" exabruptos. Para que haya justicia no debe haber impunidad. Ahora bien, detrás de esas decisiones que judicialmente colocaron tras las rejas a personas apresadas en actos de violencia manifiesta, hay un procedimiento y unas instancias judiciales que lo hicieron. Ante el cambio de seña y la restitución del derecho de libertad a los apresados, se da a entender que esos procedimientos estaban viciados y por lo tanto su causa tenía las trazas de nulidad, es deber de ese mismo Gobierno, haciendo solicitud formal ante la Fiscalía y demás órganos del Poder Judicial, adjudicar sanciones disciplinarias y penales a los que activaron un procedimiento que hizo posible revertir acciones judiciales contra los imputados políticos, hoy liberados en el marco de este proceso de diálogo. Así sí podemos entender por qué fueron liberados y, en la opinión internacional, la imagen del Gobierno será rescatada de ese cuestionamiento de dictadura, de manipulador de los poderes, que en el foro de discusión política mundial ha sido la matriz de opinión a un Sistema Político muy particular como el venezolano, el cual ha buscado, desde todos los frentes, crear condiciones de independencia y soberanía nacional, sin menosprecia la idiosincrasia y buena voluntad de otros pueblos. Desde la consolidación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), el pueblo ha asumido la conducción de su destino y de sus intereses, siempre preservando los valores humanos y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Llegamos tarde al diálogo. ¿Qué hacer? Como destaqué anteriormente el Gobierno tiene que medir cada paso que desde ahora le tocará dar, no circunscrito a la mesa de diálogo, sino al impacto que generará, a lo interno e internacionalmente, las posturas que se establezcan en este proceso de negociación. Negociar es un asunto complejo, es ir cediendo hasta alcanzar logros consensuados; pero también es ir cediendo en principios y valores que luego puede costar liderazgo y credibilidad. Ceder en liberar los llamados "presos políticos" es un error, porque se está afirmando, con hechos, que estaban presos por política y no por delito. El Gobierno, para no quedar mal parado en la opinión pública nacional y mundial, debe abrir averiguaciones y poner tras las rejas a los que participaron en esos procesos viciados, solamente así se lavará la cara ante el mundo en cuanto a que en Venezuela no hay presos políticos. El que hacer es ese, a cada postura a ceder, se debe profundizar en los responsables que hayan dado forma y sentido superficial a situaciones que terminaron viciadas y a las cuales el Gobierno se vio en la responsabilidad de restituir a su naturaleza originaria. No se puede permitir que se desconfié de las acciones del Gobierno, porque eso, de gotica en gotica, acabará minando la piedra angular del proceso revolucionario bolivariano.

En concreto, el diálogo debe ser una estrategia para pacificar las acciones opositoras y las confrontaciones entre el sector oficialista y opositor; no como una salida constitucional, pacífica y democrática, eso es chantaje, eso suena a "quítate tú para ponerme yo"; es revivir el más rancio recuerdo del puntofijismo. El diálogo, que llegó tarde, debe convertirse en una plataforma de debate político (antítesis de lo que es hoy la Asamblea Nacional), de entendimiento de las políticas públicas y de restitución de estrategias económicas que, a pesar de ser de corte neoliberal, bien pueden extrapolarse al modelo socialista sin renunciar a los principios establecidos en el Plan de la Patria (2013-2019). Debe culminarse el período presidencial en el tiempo establecido por las leyes; un cambio en este cronograma, y acá volvemos al mensaje que pueda dar el Gobierno a la comunidad internacional, pasaría por el reconocimiento al fracaso de diecisiete años de revolución bolivariana. Sin embargo, plantear una legitimación de todos los poderes, por ahí pudiera visualizarse otro camino, pero no asumir, de manera taxativa, la salida del Presidente constitucional, como demostración de buena fe de un Gobierno para evitar violencia y derramamiento de sangre. Eso no es buscar consenso, diálogo ni paz; eso es chantaje y el chantaje es un delito no una vía expedita para dirimir las diferencias políticas.

La marcha opositora convocada para el próximo tres de noviembre del dos mil dieciséis, es un acto de barbarie y chantaje; no puede haber confianza ni diálogo, cuando la contraparte hace llamamiento a ir a espacios representativos del Poder, a exigir la salida de un Presidente. Los organizadores de esta actividad ya han dicho que lo que "suceda", es responsabilidad del Gobierno. Eso no es así de cierto, el responsable de lo que "suceda" es el convocante a una actividad que, a pesar de estar enmarcada en el derecho a la protesta y a la libre expresión, es un acto terrorista, intimidador y provocador. Allí no se va a tumbar Gobierno alguno, pero sí, Dios nos ampare y favorezca que no sea así, puede surgir un muerto, peor aún, varios muertos, de bando y bando, eso no debe ocurrir. Es irresponsable convocar, bajo banderas de que se le entregará la Carta de finiquito o de Despido al Presidente, cuando la realidad es que por esa vía no se está respetando la Constitución y se está traspasando el límite permitido por la Democracia, porque tienes derecho a disentir, pero no a tumbar Gobierno o hacer uso de la fuerza para imponerte, eso es Golpe de Estado, y esa tampoco es la vía para cambiar las situaciones de angustia y necesidades que vive el país. Los que hoy son Gobierno pasaran, algún día, a ser oposición, no se le puede dar tan malos ejemplos a quienes en un futuro tendrán la legitimidad de disentir e imponer nuevos caminos.

Apostamos al reencuentro del país; pero no a una sociedad arrodillada a intereses foráneos, menos a la perdida de esta cultura de la identidad nacional y republicana que con tanto sacrificio se ha ido construyendo en el espíritu del pueblo venezolano. Solamente la prudencia y el respeto a los valores de esta democracia imperfecta, pero nuestra democracia a fin de cuentas, nos ayudará a crear condiciones de equilibrio y armonía social que se traduzca en trabajo, progreso y paz.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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