La radicalización como única ventana. O, Política de paz, una salvaje hipocresía

Un día querrás hacer una revolución. Leerás el manifiesto, el canto a Stalingrando, y los diarios del Che. Subirás por el sendero, te unirás al ejército del pueblo libre, te encontraras con psicópatas, locos, asesinos, maniáticos y gente que ha escapado de su pueblo por haber cometido algún crimen pequeño. Todos ellos son más revolucionarios que tu.

Lenin era un completo paranoico, un genio, pero un paranoico. En medio de una de sus arremetidas –que luego copiaría Stalin demasiado bien-, señaló que la revolución debía cuidarse especialmente de los radicales de izquierda. Y es que se ha hecho una ley muy conocida en política que los extremos suelen tocarse. Por una razón o por otra, se cree que los radicales, tanto los de izquierda como los de derecha, estamos condenados al final de la jornada, a darnos un abrazo bajo la celebérrima 9na sinfonía de Beethoven o en su defecto, bajo el disparo de los tanques contra un cenado.

Sin embargo, hay mucho más mito en esa ley de lo que los pseudos pacifistas y moralistas de la política quisieran aceptar. Y si no me creen, preguntensen donde estan los miembros de la linea dura del Chain Kai Sek, o del Partido Comunista Laborista Ingles, o los miembros de IRA, o los miembros del Partido Comunista Soviético –¡cierto! Había olvidado que estos últimos vendieron la esperanza de los pueblos-.

En lo poco que puede conocer un antropólogo sobre comportamiento humano, podría señalar que es una constante del mismo, que los seres genéticamente radicales, lejos de cambiar de bando o de suavizar sus pensamientos, se hacen cada vez más radicales al menos en su pensamiento. Y aunque la historia esté plagada de asombrosas traiciones, podríamos señalar que estas son por el contrario, excepciones a la norma.

Un radical liberal, un autentico radical liberal, siempre poseerá en si mismo esa condición y siempre su accionar, independientemente de que las condiciones de la vida lo hayan llevado a tomar alguna acción que él mismo puede criticar, será liberal; por ejemplo Ted Tunner quien terminó siendo un liberal de derecha. Lo mismo pasa con los comunistas radicales, con los socialistas radicales, o con los apáticos radicales. Más cursimente podríamos decir, los radicales nacen, no se hacen.

Ahora bien, históricamente cada aspecto de la vida real del venezolano ha estado cargada desde hace muchísimos años de una fuerte tensión psicopatita –para evitar comentarios quisiera remitirme al libro de Herrera Luque que explica el origen de la profunda carga psicopatita que se encuentra en todos nosotros-, obviamente, la política no puede esconderse de ese fenómeno.

Me gusta pensar en la política nacional como una especie de lucha greco romana donde de forma muy sexual, una facción trata de imponerse violentamente sobre la otra. Esto obviamente no tiene nada de malo, pasa -creo yo- en cada lugar del mundo donde se haga política y es apenas natural que llegues a sentir desprecio e incluso odio por tu vecino cuando tu manzano es más pequeño que el de él o viceversa.

El enorme inconveniente que se nos presenta aquí es el mismo de la famosa escena de la película "Testigo de Cargo" donde un grupo de abogados se tratan como grandes amigos y simulan admiración mutua a la par que se acuchillan e insultan disimuladamente. Esa condición, quizás por mi tendencia a la radicalización, suele perturbarme.

Seria descubrir el agua tibia señalar en estas líneas que en los últimos años la política nacional no se ha venido radicalizando porque siempre ha sido radicalista y violenta, sino que más bien, se ha venido develando y mostrando su autentico rostro.

Para aquellos que no quieren creerme –a mi entender pecando de hipócritas- solo observen cuales son las dos figuras más relevantes de la política nacional el día de hoy, Diosdado Cabello y Henry Ramos Allup –disculpen, debo irme a lavar las manos luego de escribir ese nombre-.

A los que estamos de este lado del río, Cabello nos llena de vigor, de valentía, de coraje y de esperanza –que por algo era lo más peligroso en la caja de Pandora-. Allup por su parte, llena de ira, de desasosiego, de mucha energía sexual a sus seguidores, incluso a quienes les detractan dentro de las filas de la oposición, quienes cada vez son menos y ven en él, a un viejo Leopoldo López.

Por su parte, figuras más comedidas como Henrique Carriles o el mismo presidente Maduro, han sido relegados en la popularidad dentro de los 2 pueblos debido a sus discursos taimados en los cuales se llama constantemente a la unidad como solución política en esta etapa del conflicto que siempre nos ha enfrentado.

¡Es que vamos, hasta Freddy Guevara y Jorge Rodríguez por esa radicalización serian personajes presidenciables si las condiciones del país fueran otras!

Por este motivo es absurdo pensar que en algún momento cercano, opositores, reaccionarios, fascistas o como queramos llamarlos, y revolucionarios, chavistas, marxistas o como quieran llamarnos, volveremos a cruzar por aquel horrible camino en el cual, nuestra enemistad se reducía a un Caracas-Magallanes –santificado seas béisbol entre todos los deportes-.

Eso es casi tan inadmisible como pensar que los venezolanos queremos paz burguesa y hermanarnos con los que durante tantos años nos han perjudicado. NO ESTOY LLAMANDO A LA VIOLENCIA FÌSICA, pero si a la política como mecanismo de represión del contrario, lo cual, hicieron ellos con nosotros durante toda la 4ta republica. Es decir, cerrar sus oportunidades politicas, labores, y economicas, dentro del estado que debe virar definitivamente hacia el socialismo y el exterminio de la casta burocrática.

Se nos vienen un par de años realmente complicados, y en estos, no puede haber cabida para las piernas temblorosas ni mucho menos, para las medias tintas o convicciones unionistas. Si bien seria hermoso poder llegar a un acuerdo político, el pensamiento dialéctico nos enseña que esto no ocurrirá. Por el contrario, es más plausible que las voces de aquellos que están de pie, arrollen los armónicos cantos de los que esperan sentados.

Tras el rotundo fracaso de la oposición el pasado 1ero de septiembre, solo queda ante sus seguidores, la idea de la radicalización. Es importante acentuar la palabra seguidores pues los lideres de ese cartel, siguen pensando lo mismo. Capriles tiene una extraña fantasía freudiana de ser presidente tras un referendo y su tercera candidatura, una fantasía enteramente eurocéntrica además. Allup, a pesar de ser un radicalista, sigue siendo adeco y su sueño es ser presidente tras una campaña, maquinaria, y votos amañados, Guevara y López, pretenden irrumpir, ver una revolución conservadora impulsada por la clase media que existe gracias al chavismo –otros como Borges o Falcón no merecen ser mencionados por tener menos carisma y menos espíritu que una torta catalana fría-.

Por nuestro lado del terreno de juego, solo basta con escuchar los ruegos que le hacen a Maduro los que le siguen. Se pide radicalización, puño de hierro, y latigazos contra los reaccionarios. Empero, parece ser que el terrible dictador es más conciente y precavido de lo que muchos quisiéramos que fuera.



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Fex López Álvarez


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