Por qué el gobierno tolera a los delincuentes comerciales

La anarquía comercial toma el control ante la impotencia gubernamental.

Lo que está haciendo el comercio ahora es un verdadero atraco comercial y el gobierno-en su favor-lo trata con mano de seda; ¿qué busca con esa tolerancia?, ¿por qué sigue atado de manos al "debido proceso" que sólo debe regir para tiempos de paz ya que en tiempos de guerra hay otros códigos?

No se puede tolerar que un pan, por ejemplo, se venda a Bs.F 700, ni un kg de azúcar a Bs.F 5.000 y que a semejantes atracadores no les pase nada y puedan seguir operando aquí y acullá. El gobierno apresa 1 atracador comercial por aquí y reaparecen cientos por allá.

Si se está en una auténtica guerra económica que cada día cobra más fuerza belicosa, que sólo se desarrolla y, al parecer, terminará rebasando toda la posible capacidad de frenarla que todavía conserva, ¿por qué no se actúa con la fuerza ofensiva que el caso requiere? No queremos pensar que estamos ante unos gobernantes incapaces de afrontar con éxito este problema.

Eso lo afirmamos porque sus medidas correctivas son convencionales y trazadas o improvisadas para ser aplicadas a mediano plazo, y durante ese ínterin, por pequeño que sea, el enemigo crea mecanismos de contraofensiva con más éxito y celeridad que el ofrecido por el gobierno. Los establecientes comerciales, se nos ocurre, deben ser intervenidos en masa para su custodia directa y preventiva en materia de los atracos comerciales que está sufriendo el consumidor.

Esa es la verdad por falta de una acción correctiva más eficiente y eficaz según las dimensiones del problema más peliagudo que confronta la sociedad venezolana consistente en una evidente anarquía comercial.

No se conoce todavía un responsable de iniciar las alzas de precio al punto de que el pueblo está al borde de un estallido, salvedad hecha de los chismorreos mediáticos, los mensajitos de texto, los tuiteres y demás ineficaces medios de frenar este saqueo con fines inconfesables pero encuadrados en el objetivo final que pareciera estar cerca ante tanta y exagerada blandenguería policial, militar y judicial. La coyuntura amenaza con la toma de la justicia por manos populares. Es duro entrever estos posibles desenlaces.

Creemos que hay mucha debilidad gubernamental, y con razón los disgustos, las desavenecias y hasta el saltatalanquerismo pasivo ha comenzado multiplicarse.

20/7/2016 6:57:41 p. m.



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Manuel C. Martínez


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