El entusiasmo de Chávez y las emociones de Maduro

Nadie puede negar la emoción que nos produce escuchar el himno nacional en ciertas circunstancias, o ver ganar a la Vinotinto; escuchar bellas palabras a cerca nuestro país dichas por algún extranjero importante. Es un sentimiento intenso de alegría (o tristeza) pero pasajero. Está vinculado a una conexión moral social, pero moralista, gastada en su uso, y que compartimos siempre con algo o con alguien, y en cualquier lado.

Decía Freddy Muñoz -extinto ex guerrillero, devenido en militante del MAS y en socialdemócrata furibundo- de su emoción al escuchar el Himno Nacional en el acto de nacionalización de nuestra industria petrolera, allá en 1975, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, al cual fue invitado. "Un sentimiento que nos toca la fibra nacionalista" –decía. Un sentimiento moralista. Igual se debe haber emocionado Carlos Andrés Pérez, no cabe duda. Porque los dos compartieron en ese momento ese nacionalismo pacato, de creer que la bandera tricolor de siete estrellas, ondeando, representaba soberanía, independencia, sentido de pertenencia, de algo y de alguien !qué importaba¡.

Pero en cierta forma, sí fue así. Los dos fueron pacatos y superficiales, pequeñoburgueses aspirantes y arribistas, sin ideología propia, que definiera sus prácticas de vida. De ahí su emoción conpartida por el himno.

La emoción[i] es lo que sentimos en una película como Cumbres Borrascosas o Casa Blanca, en Rocky, o en la Guerra de las Galaxias. Sus dramas están hechos sobre una moralidad prestada y vieja, burguesa, sobre valores prestados, sobre todo valores ajenos a nuestros intereses de clase, o culturales. Pero estos dramas no nos entusiasman en nada para trabajar por una causa política, revolucionaria, cultural o de clase; por razones elevadas, sagradas que nos involucren a todos o a muchos en un compromiso de vida, que nos hagan militantes de nuestras propas causas sociales.

El entusiasmo es opuesto a la emoción. Se trata de la "exaltación" del ánimo para actuar, hablar o trabajar. Hay películas que lo hacen. Hay ciertas arengas políticas y militares que lo logran, pero sobre la base de una acción de lucha, sobre la base de conductas ejemplares, heróicas, inclusive, algunas formas de la publicidad las refuerzan. Pero el entusiasmo nace de la acción humana, de otro entusiasmo que es acción humana exaltada y cargada de valores y esperanza... Es hijo del ejemplo vivo, de vidas ejemplares.

Al venezolano hoy, en términos generales, no lo entusiasma nada. Solo se emociona. Y lo hace por una oportunidad de obtener algún provecho personal de algo o de alguien. Sea en el Congreso de la Patria, dentro de los CLAP, en el Consejo Comunal, en el Partido, en muchos colectivos, cooperativas, Ministerios, etc., como también lo hacen gritando consignas en el programa de Diosdado o en los Jueves de Viviendas. No hay que ser tan suspicaz para darse cuenta de esto. Se les crispa la piel y se les salen los ojos si tiene la oportunidad de aprovecharse de algo o de alguien en beneficio propio y egoísta. Y desde el alto gobierno les alimentan sus ambiciones, regalándoles a aquellos que sean más ingeniosos y osados, para pedirle al presidente lo que sea, en vivo y televisado. Entre estos dos sentimientos opuestos se debate nuestra militancia ahora.

Por una parte está el chavismo, que todavía lo acompaña el entusiasmo por la revolución y los cambios sociales. Y en la otra esquina están las emociones, que se prenden y se apagan, según las promesas fabulosas que nos hagan o que más tarde se olviden, sin excusas, o con la que esté a la mano, y sin muchas explicaciones claras. Emocionalmente todos estamos deshechos, perplejos e indefensos.

Sin embargo todavía queda algo del entusiasmo que nos legó Chávez para actuar en la vida de forma socialista y amorosa. Por ejemplo, aquel que aprendió a leer y escribir, ya viejo, en la misión Robinson, y luego siguió y ha seguido estudiando hasta hoy, ese es heredero del entusiasmo de Chávez. Aquel que recobró la vista o aquel que se graduó de médico, siendo africano, palestino, boliviano, en la Escuela Latinoamericana de Medicina social. O aquella familia que le operaron a su hijo en el cardiológico infantil… Todos ellos deben, por obligación histórica, sentirse entusiasmado por los cambios socialistas, verdaderamente socialistas, enraizados en el más puro sentimiento de amor al prójimo y de solidaridad humana desinteresada. Ahí hay entusiasmo, fe, por el socialismo, por Chávez, que fue un auténtico ejemplo de humanidad y amor.

Pero lo que resta de la sociedad (que es casi toda) ahora, después de Chpavez está entrampada en un egoísmo enfermizo, en el miedo y la desesperación. Falta poco para que la gente común y decente de las urbanizaciones de clase media comience a matar a machetazos al perro escandaloso del vecino, solo para no hacerlo con el propietario lindante. En algunas latitudes menos civilizadas, pero igualmente desesperadas, han linchado ya, como en el viejo Oeste, a muchos desdichados. Y como a brujas, comenzaran a cazar y linchar muchos pendejos como uno, buscando la atención y favores del gobierno.

La violencia está llena de emociones, de alegría y tristeza. Y, sobre todo de miedo. Hasta ahora el gobierno no ha entusiasmado al pueblo pobre chavista acompañándolo en sus penas, escuchando sus sentimientos, traduciendo sus anhelos. Lo ha utilizado, y cuando mucho, ha buscado calmar sus expectativas con promesas y cotillones. Solo sabe despertar emociones a través de la televisión y la radio, o de las famosas redes sociales, con arengas, a un ejército revolucionario inexistente. A un ejército, sí, pero no revolucionario ni socialista, una grey que solo busca ventajas y provecho propio, oportunidades de salvarse sobre la desgracia de los otros, de sus vecinos, del resto de la sociedad. El gobierno solo ha sabido amedrentar y emocionar de falsas alegrías, enfermando a la población pobre y chavista de dudas; disociándola de la realidad.

Presidente ¿Cuántos billetes de cincuenta hacen el precio de un kilo de carne? No lo sabe. Ni de forma nominal, ni de forma volumétrica. Hay que saberlo, para que entienda el disparate que es seguir engañando a la gente con esas exaltaciones emocionales absurdas.

Para muestra un botón…

En la última "carga de caballería" de los motorizados bachaqueros en Petare, absolutamente nadie reaccionó en contra. El cuento es de características épicas. Cincuenta motorizados, a plena luz del día, hicieron razia de todo camión que cargara alimentos o sospechoso de ello, dentro del perímetro que abarca a Petare Norte, Petare Sur, la Redoma y zonas limítrofes. Luego, en la noche hicieron lo mismo fracturando las puertas en todos los abastos, panadería y tiendas de todo tipo y en todo José Feliz Ribas, y ¡mire usted que en Petare ese en un barrio grande y consolidado! Pero nadie hizo nada. ¿Capacidad de organización? Cero. ¿Capacidad militar y de resistencia? Cero. ¿GNB? Cero más Cero. ¿PNB? Cero ¿De qué habla el gobierno? ¿Cuál es esa arenga que nadie es capaz de entender?

Se supone que ese barrio ha estado invicto con el chavismo en todas las elecciones, que es una de las comunidades chavistas más organizadas, uno de los barrios más publicitados y utilizados para sermonear por televisión sobre cosas que no existen. Nadie me puede desmentir sobre eso, yo soy de ahí.

Esa es mi pequeña patria grande, que ahora mismo no sirve para nada al socialismo, a este y al otro de Chávez. Y tampoco a la revolución falsificada por el capitalismo interno que ahora manda en el país.

Nos se culpe al pueblo de José Félix Ribas. Ahí está el entusiasmo por Chávez latiendo. Solo que ahora no tiene quién exalte su entusiasmo con el ejemplo, con acciones coherentes, quién llene de sentido todas esas arengas tontas, de tontos pequeñoburgueses; advenedizos y acomplejados.

hecto.baiz@gmail.com

Calle principal de Las Vegas de Petare, Palo Verde José Felix Ribas....


[i] 1. Entusiasmo: Sentimiento intenso de exaltación del ánimo producido por la admiración apasionada de alguien o algo, que se manifiesta en la manera de hablar o de actuar. Exaltación del ánimo bajo la inspiración divina

2. Emoción: Sentimiento muy intenso de alegría o tristeza producido por un hecho, una idea, un recuerdo, etc. Alteración del ánimo producida por un sentimiento de este tipo (alegría y tristeza).



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Héctor Baiz

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