De los huevos de Arreaza a los pollos de Pérez Abad. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Pérez Abad no es un hombre que conoce los negocios, empresarios, vericuetos y mañas de ese universo por los libros. No es justamente lo que llaman un académico puro, de esos formados en debates entre teóricos y como un anacoreta. Tampoco de los formados en la política de aquel mundo frente a un televisor y menos llegado en donde ahora está por representar al gran capital o tener vínculos más que fraternales con alguien cerca del mingo o quien es el boliche mismo.

Nada de aquello. Pérez Abad, nació en Barcelona, Venezuela, o por lo menos en ella vive desde su niñez. También, hijo de un pequeño comerciante, desde muy joven, como sus hermanos, se convirtió en pequeño empresario, que sepa, en el sector comercial y de servicio. Por esta ocupación, me consta, mucho antes que Chávez se hiciese conocer, nunca había aparecido asociado a partido alguno.

Pese lo dicho anteriormente, debo advertir, por lo que plantearé de seguidas, jamás he cruzado una palabra con el ahora ministro de la economía venezolana. Sé de él porque en este Estado oriental donde creo nació, vivo hace un poco más de 50 años y siempre como ahora, he procurado estar al tanto del transcurrir de la vida. Aparece por primera vez, repito, que sepa, asociado a la vida política partidista, cuando se postula como precandidato a la Gobernación de Anzoátegui, en las pasadas elecciones de las cuales Aristóbulo Istúriz resulto ganador. El chavismo anzoatiguense en una mayoría aplastante, además de la gente toda, no apoyaban la reelección del entonces gobernador Tareck Willians Saab como tampoco a los Alcaldes de Barcelona y Puerto La Cruz, cuyos nombres no recuerdo.

El gobierno central continuaba ofreciéndonos el cielo, ya no para "tomarlo por asalto", sino comprarlo al estilo "tá barato", y en proyecto singular, donde el producir y trabajar eran palabras como antiguadas, habiendo aquella bonanza petrolera de 140 dólares por barril. ¡Para qué joderse trabajando! Pero el discurso decía que habiendo todo hecho y suficientes dólares para comprarlo, el construir el socialismo era una papaya.

Como creíamos que en verdad íbamos en marcha apresurada al socialismo, por una autopista sin huecos, pese que la carretera de Caracas a Oriente de estos tan inundada estaba que, en veces parecían uno sólo; por eso y más, pocos estaban del lado del entonces gobernador; en un teorizar simplista apoyamos a Aristóbulo porque pese a que "Pérez Abad es de aquí, parece buena gente pero representa al capital". Dijimos en ese entonces, hace casi 5 años, exactamente lo mismo que dicen ahora quienes no han estado de acuerdo que Pérez Abad esté en el cargo que ahora ocupa. "Un Estado y gobierno socialista, en una sociedad en transición, no puede tener de jefe de la economía a un representante del capital". Ese discurso no manido, sino rayado, sacado de un sueño soñado, entre sueños de los cuales uno al despertar ni se acuerda, se repite ahora, pasando por alto que más que en marcha hacia el socialismo, parecemos un barco a la deriva desde donde todavía, para fortuna nuestra, se ven las costas y soñamos, bregamos, por arribar a alguna de ellas tirando el lastre y hasta las tripas.

En esta guerra económica, que la hacen en buena medida quienes interés tienen en ella, no hemos podido encontrar un contramaestre que haya logrado siquiera éxitos parciales al enfrentarse al enemigo. Puro "bate quebrao" han pasado por el manejo global de los asuntos económicos. Los planes de Meléndez, los cientos o miles de convenios firmados hasta con la Conchinchina, de nada han servido, Es más, uno no sabe ni para qué sirven. Quienes hacen la guerra o quieren moler al gobierno, por lo menos en materia económica, aparecen casi invictos. Lo malo de estas persistentes calamidades es que no las sufren los gobernantes, que bueno si así fuese, pues en gran parte es su culpa, sino los venezolanos que vivimos de un salario anclado.

La mayoría de esos funcionarios suelen tener credenciales de revolucionarios académicos o hijos de la clase obrera pero que nunca han estado en los talleres donde se bate el cobre. Pero tampoco es suficiente credencial haber salido del grupo que sufre los avatares de la rapacidad capitalista, sino es indispensable haber aprendido, no a resolver los problemas, lo que sería demasiado pedir, sino cómo asociarse para el mismo fin.

Quienes hacen la guerra económica han venido marchando de victoria en victoria, arrollan sin dificultad cuanta barrera se le ponga en el camino, porque hasta logran que, muchos de los que detrás de ellas hallen, se incorporen a sus huestes. El dólar paralelo, que después comenzó a llamarse "To Day", desde los tiempos de Giordani, el gobierno ofrecía lo "metería en cintura o le doblaría la muñeca" y siempre sucedió al revés.

Un buen día, no hace mucho, eso fue en diciembre, el entonces vicepresidente Arreaza, con esa cara de muchacho buena gente pero inocentón, informó que "previo acuerdo con los productores, a quienes se les otorgaría unos incentivos y subsidios, a partir de este momento el cartón de huevos costaría Bs. 420.oo"; el mismo que para ese momento se adquiría un poco menos de Bs. 700.oo. Ese sólo anuncio fue suficiente para alcanzara el precio de 1.100.oo bolívares. Y no se quedó allí sino que siguió subiendo. Nadie nunca supo quiénes fueron esos empresarios que engañaron a Arreaza. Pero fue una pelea de conejo contra tigre.

Unos dos o tres meses atrás, el gobierno por intermedio de ese organismo que debiera ocuparse de contener el alza de los precios y no de poner unos a su libre albedrío, como dándole orden a empresarios y expendedores que los suban quedándose él indiferente, puso precio al café de Bs. 694.oo el kilo. ¿Dónde hallar eso? En ninguna parte. La verdad es que se halla pero un poco más de Bs. 3.000.oo. ¿Y el organismo que hace? ¡Nada! Quizás si el "regulador" se hubiese callado habría hecho mejor obra.

Ahora Pérez Abad anuncia nuevos precios. Empieza por el pollo en Bs. 850.oo el kilo y vuelve con lo de los huevos que les pone a Bs. 800.oo el cartón. Según él, entrevistado por José Vicente, ese acuerdo se logró con casi el 95 % del empresariado nacional, salvo las cúpulas de Fedecámaras y la gente de Polar. Eso fue hace semana y media. Acabo de llegar del mercado, insistiré en decir que hago el mercado de mi casa, no me cuentan nada de esto, y he constatado que kilo de pollo entero, con piel, sin despresar, cuesta entre Bs. 1.800.oo y 2.200.oo. Mientras que el cartón de huevo Bs. 3.000.oo. Algo descomunal si le comparamos con lo que fijó Pérez Abad, "previo acuerdo con el empresariado", del sector, supone uno.

¿Con quién se reúne Pérez Abad? ¿Con los mismos truhanes que se reunió Arreaza? ¿Acaso Pérez Abad miente o simplemente quienes con el acuerdan le toman el pelo? ¿O nos toman a todos de hazmereir, aparte de esquilmarnos? ¿Es así el futuro que nos espera? ¿En quién creer?

Como ya no sueño, por lo menos que de esta coyuntura pueda salir nada distinto a un estado de cosas que nos haga vivir con normalidad, como poder comprar la comida con el poco salario, conseguir las medicinas, tomar café y darle gracias a la vida, creo que Pérez Abad, por su condición empresarial, de hombre entrenado en la vida del trabajo, pudiera poner las cosas en orden, sólo eso; es decir, como ya dije, nos garantice una vida normal. Pero por lo que veo sigue sucediendo lo de antes, donde pareciera que el gobierno miente o quienes distribuyen los alimentos y toda clase de mercancías para nada le respetan, tanto que según nos informan, fingen asumir acuerdos que no piensan respetar, lo que pudiera llamarse guerra económica pero también falta de autoridad y respeto. Pero el gobierno calla y los precios reflejan lo contario de lo anunciado. Que por cierto, el anuncio es unilateral. Mientras, por ejemplo, los empresarios avícolas dicen a los pequeños expendedores que ellos no pueden suministrarle sus productos de conformidad con los precios anunciados por el gobierno. ¿Entonces, Pérez Abab miente? ¿Quién nos aclara este embrollo? ¿Quién le pone el cascabel al gato?

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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