Carta Democrática Interamericana

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, activó hoy la aplicación de la Carta Democrática Interamericana contra la República Bolivariana de Venezuela. Es, a nuestro entender, una acción tardía en el marco del golpe inédito que se le viene aplicando al gobierno revolucionario después del violento zarpazo que se le propinó al Comandante Hugo Chávez en el 2002. Han pasado desde entonces, 14 años. Una eternidad en comparación con la veloz acción que tomó el mismo organismo en 1962, cuando excluyó a Cuba del sistema interamericano a petición, en aquella oportunidad, de Colombia y por la misma causa; por llevar adelante en su territorio y en ejercicio libérrimo de su soberanía, un proceso político, económico, social y cultural con independencia de la política exterior los ee.uu.

La historia que siguió la conocemos. Aquella celada complementaba el bloqueo que ya desde el mismo momento del triunfo de la revolución cubana, empezó a activar el imperio y su cortejo mundial. Bloqueo y exclusión que arribaron a este milenio con sus 56 años de inconmensurables sacrificios, pero llenos de paradigmas de dignidad que prueban en la práctica, que se puede vivir fuera de la OEA. Es muy posible que la patria de Bolívar corra con la misma suerte. Está en pleno desarrollo un bloqueo financiero y un boicot económico que pretende destruir todo el aparato productivo y comercial de la república pudriendo el alma de la nación. Ahora pretenden conseguir con este adefesio jurídico internacional, el aislamiento político y diplomático de la Revolución Bolivariana y la posterior invisibilización del chavismo hasta su total extirpación.

¿Democrática?

Obviemos, por ahora, todo lo irregular que ha sido el proceso que derivó en la invocación de la carta, mas lleno de deseos que de condiciones objetivas, y que engrosa un expediente que se ha venido consustanciando para su debida contrademanda, como bien procede, hablando de instituciones y estados democráticos, respetuosos de los debidos procesos; para dedicarnos a descarnar una sutil contradicción incubada en su seno.

Le preguntamos a Almagro ¿A qué democracia invoca cuando pela por la carta? ¿A la representativa? o ¿A la participativa y protagónica? Inevitable la aclaratoria porque una superó, un rato largo, a la otra, sobre todo en materia de disfrute y protección de los derechos humanos.

Si bien hemos entendido, la carta democrática puede ser activada a través de tres iniciativas. Una de ellas la tiene el Secretario General de la organización cuando ha ocurrido la alteración del orden constitucional en un estado miembro y en consecuencia se ve afectado el orden democrático del mismo, lo cual dispara los mecanismos para que su Consejo Permanente sesione y la aplique, con sus respectivas consecuencias.

En esta oportunidad, El Secretario, fundamenta su accionar en las denuncias formuladas por uno de los cinco poderes que conforman el estado bolivariano: La Asamblea Nacional. He aquí la primera inconsistencia a la que se enfrenta el drama de Almagro a la luz de la reciprocidad, de la paridad y el trato de igualdad que resume en sí, todo sistema de justicia. La democracia representativa no valora ni contiene en su estructura, los dos poderes adicionales que ensanchan a la democracia participativa y protagónica instalada por el chavismo en la República Bolivariana de Venezuela, y esto no se convertiría más que un estorbo jurídico, producto del febril Socialismo del Siglo 21 caribeño, sino fuese precisamente uno de esos poderes el que según la denuncia, impide el ejercicio pleno de la democracia en el país demandado.

Pero, para darle chance al pataleo de Almagro, supongamos que ese poder electoral es un invento más del buen salvaje que fue Chávez para distraer a los circunspectos representantes y dueños de la verdadera democracia instalados en la OEA. Vayámonos entonces al meollo de la cuestión. No es esa quimera convertida en Poder Electoral el real problema, es lo que ésta impide que se realice: ¡El Referéndum Revocatorio!

Bueno, aquí si es verdad que Almagro se detiene y no logra entender cómo es que va a pedir aplicar sanciones a un país por supuestamente impedir la realización de una opción democrática contemplada en su constitución, que el marco jurídico de la organización en la que trabaja, llámese: Organización de colonias norteamericanas, no reconoce.

No obstante, Almagro atraviesa ese pasillo obscuro del confesionario, y como buen mafioso, al salir de la iglesia, después de haber rezado algún padrenuestro, siente estar en paz con su ideología. Libre en Washington. Pero jamás se atrevería a vivir en un país en donde exista la opción de revocar a los servidores públicos electos por votación popular, una vez cumplida la mitad de su ejercicio administrativo, y mucho menos se sometería a un proceso en lo personal, de esta naturaleza. En la dimensión de la cracia en la que se desenvuelve no cabe el pueblo, "¡Me corto una bola si eso no es así!" diría mi sabio y querido suegro Eleazar.

El chavismo es emancipación cultural



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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

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