A Maduro: “El peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas”. Don Quijote


Al presidente Maduro, “¡Dios le proteja y bendiga!”, como solían decir las anteriores generaciones, no sólo por desearle bienestar a alguien, sino como una manera de elogiar, a quien bien le gusta hablar, largo y tendido.

-“Ese carajito es un pico de plata. ¡Dios le guarde y le favorezca!”. Era una forma de elogiar y desear lo mejor a aquel admirado muchacho. Claro, se referían a quienes hablaban bien, con certeza y gracia; no por lo extendido, se solía decir aquello.

“¡Qué coñito más fastidioso, habla más que un perico o un radio loco!” Se decía de quienes mucho hablaban, de poco o nada que interesase a los escuchas.

A un viejo y querido amigo nuestro, de los contertulios de la plaza 19 de abril, ahora Andrés Eloy Blanco de Cumaná, le llamábamos “Peladilla”, porque cuando arrancaba a hablar no había quien tuviese paciencia para escucharle. Generalmente le dejaban solo o con alguno que por algún motivo “se lo calaba”.

Maduro es un tipo admirable, por lo menos a mí eso me parece. Pese que tiene una vaina oculta contra el casabe, que es como si la tuviese contra mí o uno de los míos, que en momentos de mayor rabia o ira saca a flote, se muestra optimista por demás. Y eso es bueno. Le hace falta.

-“Me sabe a casabe”, suele decir, mientras habla y gesticula con inocultable violencia, refiriéndose a quienes lo adversan.

-“Me sabe a pan” suelo responder para mis adentros cada vez que, desde mi juventud, allá en Caracas, escuchaba esa retaliadora, cruel, colonialista y hasta racista frase que denigra de uno de los alimentos y valores de los que deberíamos enorgullecernos; más siendo autóctono, herencia de los pueblos primigenios.

Pero aun así le admiro por esa disposición a hablar tan largo, aunque el público dé muestras de cansancio, de esos sueños que le hacen vivir en un país distinto y esa convicción suya que logra lo que se propone, aunque uno eso dude. Por ejemplo, habla de exportar ahora a través de “Lácteos los Andes”, productos que aquí nadie encuentra, pese buscamos como al eslabón perdido. Como también espera, en breve, con la participación de FARMA exportar medicinas desde un país donde hasta las aspirinas desaparecieron.

Sus largos discursos sobre historia, en los cuales tanto se afana que hasta a Pedro Calzadilla, profesor de Historia de la UCV, quien fuese su Ministro de Cultura, en un acto en el fortín de Juan Griego, Margarita, le quita la palabra abruptamente para hablar él, de lo que el antes mencionado hacía, parecieran estar destinados a insuflar espíritu patriótico a los venezolanos y hasta hacerles olvidar asuntos pedestres como el comer, de los cuales ni se acuerda o quiere uno se olvide. ¡Y qué bueno sería uno pudiese olvidarse de eso y seguir campante como “Juancito”! ¡Qué revolución tan original, piadosa y hasta guachafitera!

Este idealismo suyo es admirable. Esa capacidad para no percibir el sabor del casabe y sí del pan, hablan de su admirable disposición a subliminal todo lo que sea necesario; como para hacer sacrificios sin medida. Lo malo es que Maduro que, con razón tan mal habla del rentismo, se contradice al ponderar a la harina de trigo, que debemos importar, cuando denigra del casabe y de la yuca pues con esta aquel elaboran.

El dramaturgo alemán Bethold Brecht, si mal no recuerdo, en la ópera de los “Tres centavos” dijo, “lo primero es el comer, la moral viene después”. Es esa, una disposición primaria del ser vivo; de aquel en el nivel inferior de la escala; es asunto de la simple subsistencia. Pero quien no está en ese nivel, como el humano, suele subliminal apetencias, deseos y hasta necesidades por algo más elevado. Por eso mismo, no todos los hombres, se dejan atrapar por las tentaciones. Pero quien procure olvidar el comer, como Ghandi, algo habrá de consumir o deponer esa actitud, en algún momento, para no perecer.

El Quijote, quien también habló del asunto dijo una frase impactante, que tiene que ver con lo que ahora sucede y nos hacen dudar sobre nuestro destino, aunque viniendo de uno pareciera pedestre, por aquello de “amor con hambre no dura”, palabras más menos hablo Quijano:

-“El peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas”.

Y uno, llegado aquí piensa que para muestra que hablar largo y tendido no siempre es una fastidiosa cosa, Don Quijote hablaba sin cesar, “hasta por los codos”, como se dice en mi pueblo.

Es esa condición de idealista del presidente Maduro, creo yo, aunado al deseo de superar una crisis como olvidándola o restándole importancia, lo que le incita a recrearse en la historia y de repente, se detiene, calla, hace un largo rato de silencio, suspira hondo dice con excitante convicción:

-“Estamos venciendo”.

Uno, que está en el centro del campo de batalla, tratando que el mísero salario alcance, sufre los efectos constantes del bombardeo y ataque de infantería, con las manos sobre la cabeza, al oírle, mira a los lados y no percibe el avance o que la furia enemiga cese, ni siquiera amaine.

Mientras él, de nuevo tomando la palabra, tantas como las veces al día que uno debe salir a ver que logra conseguir para aplacar los ladridos de las tripas de la familia entera, habla en veces con parsimonia y agradable sonrisa, otra como un dios tronante, de la gesta independentista al viejo y romántico estilo de Eduardo Blanco en “Venezuela Heroica” y cuando llega a Ayacucho y pone los pies en los tiempos que corren, repite con voz pausada:

-“Estamos venciendo”.

Corro al abasto y los huevos, que antes que él empezase a hablar estaban en 2 mil 800 bolívares, treparon a 3 mil.

Yo, quizás por ser de una generación muy anterior a la del presidente, haber repetido tanto a Brecht en esa pequeña frase antes citada, la correspondiente al Quijote y al poeta margariteño, de antes del “nacimiento” de Gustavo Pereira, llamado Luis Castro, quien dijo “Ya comí, la moral está en el techo”, al escuchar aquello, que “estamos venciendo”, me rasco la cabeza y dudo, pues no logro percibir que estemos en lo que dijo Maduro. ¿Será que estamos en otro mundo o dormidos?

“Gregorio Samsa, al despertar, una mañana, tras un sueño tranquilo…….”


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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