Mi amigo Picure

Fuimos vecinos. Eso que llamamos destino nos reservó en un barrio de Catia la cuna existencial en la que, cada uno a su manera, aprendimos mucho de la vida.
Nunca supe con exactitud por qué fue ese y no otro, el remoquete que lo marcó callejones arriba y abajo.


"Porque es muy feo", le escuché decir una vez a alguien, conjetura que ni me fue ni me vino. Las exigencia diarias y constantes en nuestros barrios son tan demandantes que no se va a poner uno a indagar sobre las partidas de nacimiento de los sobrenombres aunque, y no es secreto para nadie, siempre hay alguien con el dote de asignar el apodo exacto y alguien con las cualidades para ser objeto de recibirlo, cosa que además se celebra sin ofensa alguna.


Me salvó una vez de una cayapa ideológica. En una discusión política en la esquina que solíamos ocupar, al lado de la casa de Ligia, a algún jodedor se le ocurrió decir "ese es un burguesito", afirmación que en una zona con clara definición de clasismo representaba mayúsculo riesgo.


De la cayapa ideológica vendría, segurísimo, la cayapa moral y posiblemente la otra, la que en el pellejo duele mucho cuando apenas se tiene alrededor de 11 años de edad.
No sé de dónde salió Picure (él tendría unos 15) ¡y tampoco me interesó! para con estampa de "Robin Jud" caraqueño poner las cosas en orden con una advertencia que heló las amenazas brotadas en el absurdo momento: "No se metan con ese chamo. El que se meta con ese chamo va a llevar coñazo".


De ahí en adelante, en él todo fue como había sido: solicitado por vecinos que necesitaban subir arena, bloques y cabillas adquiridas para mejorar sus viviendas (una vez lo vi con dos sacos de cemento lomo arriba) o las bolsas de comida; jugando ajiley, tomando ron o en un contrapunto de insultos con alguno de su ring.


Creo que su nombre es Luis y como me dijo Neo Abache cuando lo recordamos estos días, este Picure es un buen ejemplo de los aportes que se pueden dar al colectivo en medio del combate entre los valores y los antivalores.

Cuarenta y cuatro años después le digo: Gracias Picure. Te debo una.


¡Chávez vive…la lucha sigue!



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Ildegar Gil

Comunicador social

 ildegargil@gmail.com

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