Lo cómodo de gobernar con los capitalistas. Lo incómodo de tener que planificarlo todo

Es muy cómodo dejar la economía en manos de los capitalistas, y que el mercado y sus técnicos decidan.

La sociedad occidental ha sido hasta ahora gobernada por los valores de la burguesía. Son muchos siglos, años, meses y días, viviendo, muriendo y domados por ellos. Por eso, cuando relajamos el carácter y abandonamos la lucha del cambio socialista los valores burgueses son nuestros valores, se reinstalan en nuestra conciencia "por defecto". Nos resulta fácil volver a aceptar la obediencia ciega y la indisciplina que estimula la sociedad burguesa. Lo único que pone en tensión al universo burgués es ese carácter revolucionario socialista que lo niega en su totalidad. Por eso, cuando se relaja este último la tensión hala al individuo hacia tras, de solo salto volvemos al punto de partida.

Lo mismo pasa cuando se ignora el camino hacia el socialismo. En estas condiciones de ignorancia cualquier intento de cambio es nulo, porque conocer la ruta hacia el socialismo es al mismo tiempo comprender el sentido y la mecánica de la sociedad que se quiere sustituir él, la mecánica de la sociedad burguesa. Y esto solo se logra a través del conocimiento teórico, en combinación con las prácticas políticas. …El camino hacia el socialismo es el del conocimiento. Conocimiento es conciencia, que en nuestro caso es conocimiento y conciencia del deber social. Conciencia del deber social es compromiso revolucionario. Y compromiso revolucionario es disciplina y constancia. Todo eso en conjunto hace al carácter revolucionario socialista.

Por eso decimos que, si se relaja ese carácter y se afloja toda la tensión de la lucha, la fuerza nos devuelve hacia el lado más consolidado, a lo que siempre fuimos: flojos, ignorantes, cómodos, irresponsables y egoístas. En estas condiciones es imposible hacer una revolución socialista. Sin concebir la sociedad que queremos en una teoría firme y en los nuevos valores que la fundamentan, terminaremos creyendo que podemos cambiar las cosas con la misma flojera de antes, ignorantes, con comodidad. Que solo habría que llamar a unos cuantos técnicos para que lo hagan por nosotros (por ejemplo, en Venezuela, a un Pérez Abad, a un Merentes…). ¿Y cuándo se ha visto a zamuro cuidando carroña?, dicen por ahí.

Es muy difícil que un capitalista se ponga al capitalismo. Que el mercado capitalista (lo que resulta una redundancia, decir "marcado capitalista") sustituya al mercado capitalista. Es imposible hacer la revolución con las "armas melladas del capitalismo", dice el Che.

Para un gobierno sin carácter (un gobierno reformista, conformista) resulta fácil gobernar con los capitalistas. Es una buena manera de poder "sostenerse" en el tiempo y en el "puesto", mediante el populismo y la demagogia, engañando a la población con el cuento de que se está haciendo una revolución socialista pero actuando de forma inversa.

Los antecedentes teóricos y políticos de la revolución bolivariana están en Bolívar, Zamora, en Marx, en Lenin, Trotsky, Gramsci. Para entender mejor la naturaleza del reformismo, leamos a Rosa Luxemburgo. Pero el sustrato científico económico está en Marx, y en marxistas como el Che Guevara. Y en todas las experiencias teóricas acumuladas de las revoluciones socialistas, incluyendo al mismo Chávez... Necesariamente hay que estudiar para entender para dónde vamos y cómo planificar bien nuestro futuro.

Difícil y humano es planificar la sociedad que queremos para satisfacer las necesidades básicas de toda la sociedad.

Planificación es la base del Estado socialista. No hay manera de desarrollar una sociedad nueva, igualitaria y de justicia, sin planificarla; sobre un sistema de valores humanistas y sobre una base teórica y práctica. La propiedad social, que es esencial en el socialismo, se debe planificar bien. Escolarizar a la población joven, educar y reeducar a nuestros maestros y profesores, es planificación. Producir lo suficiente para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad es planificación. Administrar los recursos y las riquezas es planificación. Saber qué se necesita y que no para racionalizar la producción, es planificación. Administrar el tiempo de ocio y de trabajo, es planificación. Desarrollar un sistema de salud, sanitario y de recreación de dimensiones social requiere de planificación. Ahorrar recursos energéticos; desarrollar fuentes de energías eficientes y limpias; conservar el ambiente; desarrollar nuevas tecnologías, nuevas profesiones o carreras el estudio, y humanizar las existentes; crear nuevas universidades, es planificación. Fundar nuevas escuelas; preparar maestros, médicos, enfermeras, técnicos, rescatistas, bomberos, ingenieros, científicos. Todo esto depende de la planificación. No dejar nada a la improvisación es planificación.

Prever el futuro, es planificación. Planificación es formar un ejército en el pueblo, del pueblo y para la defensa de la soberanía del pueblo. Formar escuelas para la defensa de los principios socialistas, para la defensa del territorio nacional. Establecer una doctrina para las relaciones internacionales, es planificación. Una política comunicacional, una política cultural, es planificación. Y que todo esto responda a un sistema de principios políticos y éticos fundamentados en la igualdad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, necesariamente debe ser producto de la planificación. Que no quede nada expuesto a la improvisación.

La planificación central es el reto del socialismo, crear un sistema presupuestario centralizado de planificación, como lo pensó el Che Guevara, es un reto del socialismo. Y es lo contrario, en sus dimensiones de aplicación y en todo sentido, al capitalismo. A la inversa, el capitalismo es dejar hacer al que más tiene, al poderoso, al más abusador, al más apoyado, al más despiadado. En el capitalismo él mismo se planifica sus ganancias. Planifica el control de las personas, las manipulas; planifica las necesidades de consumo y las manipula. Planifica como dominar a las personas, a los países, sus recursos, a los mercados. La planificación en los Estados capitalistas generalmente la hacen las mismas corporaciones y mafias, porque a su vez los controlan o son la misma cosa. En la economía, la producción capitalista es esencialmente anárquica. La estimula la ganancia, la codicia, la necesidad controlarlo todo y tener dominio sobre los recursos naturales, los mercados, las gentes y los países. Y en una escala menor, la competencia comercial nacional e internacional también es anárquica.

Como el espíritu pequeñoburgués domina aún a nuestra sociedad, todo lo que quede fuera de una planificación exhaustiva, será gobernado (primeramente) por instintos primarios, básicos con vocación capitalista, los mismos instintos que la burguesía ha sublimado siempre en sus costumbres refinadas y pulcras (los mismos instintos despiadados de codicia y dominación; los mismos prejuicios excluyentes y racista; el mismo egoísmo mezquino).

No hay manera de abandonar la planificación en el socialismo, si de verdad queremos llevar a cabo una revolución socialista. Y para eso se necesitan dirigentes que sean políticos estudiosos, investigadores insaciables; ¡paciencia, constancia, trabajo!; trabajadores intelectuales, que no se los vea tanto declarando en televisión y dando discursos, como que se sienta en la calle el efecto de su faena política.

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Héctor Baiz

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