La revolución socialista

Las victorias históricas, en el momento cumbre de una lucha de clase, generalmente utilizan la forma de una revolución verdadera que en el caso de la historia privada capitalista, la integra y la encabeza la clase obrera que despoja a la burguesía de su sacrosanta propiedad sobre los capitales industriales y financieros, los grandes medios de producción, tierra y todos los oropeles de su vanidad filistea.

Despojada la burguesía de la propiedad, donde fundamenta su libertad en detrimento de la esclavitud, la pobreza y la miseria de 99 de las centésimas partes de la sociedad, pierde con ella también el poder.

Se acaban los gobiernos, que como comités de administración de los asuntos del Estado, no son otra cosa, que los guardianes de los intereses de la burguesía nacional y trasnacional. La clase obrera dirige su Estado a través del gobierno de su vanguardia, el partido de la clase, el de nuevo tipo, el único partido de la clase obrera, con identidad y desarrollo de su conciencia proletaria.

Las revoluciones que no son verdaderas terminan fortaleciendo a la historia privada capitalista, y a su oprobioso modo de producción, que además de ser el fundamento de la explotación, las guerras, el terrorismo, el exterminio, las penurias, las hambrunas que sufre la humanidad hoy, y la implosión del equilibrio del medio ambiente, comporta también un modo de vivir, de pensar, de odiar y de amar.

La familia de la clase obrera, ha sido cimentada por la ideología burguesa, en egoísmos de diversos pelajes, desamores e indiferencias frente a la dolorosa realidad social que lacera al proletariado mundial. De esta manera la juventud nuestra esta intervenida por la ideología capitalista. Los sifrinos no son más que "jóvenes" anestesiados por los morbos del parasitismo pequeñoburgués que lo inhabilita para participar en las luchas de nuestra independencia; un ejército que el imperialismo utiliza, en guarimbas, como votantes en las contiendas electorales o como representantes del Niní, es decir aquellos que enseñan a los otros el sin compromiso ante la realidad; son los que ni siquiera están inscritos en el Registro electoral; realizan un gran trabajo en contra de si mismos, siempre a favor del capitalismo. Los jóvenes nuestros son aquellos que quieren ser obreros o trabajadores de la historia socialista.

El joven Marx bien pronto se enroló en el círculo de los hegelianos de izquierda; ejerciendo la crítica y auto crítica fue develando el carácter burgués de aquel grupo de intelectuales que se convertiría en el cimento de la futura Escuela de Fráncfort; comenzaba nuestro joven a ser un revolucionario en el sentido histórico.

El imperialismo no cesa en su campaña sucia para desprestigiar a las revoluciones socialistas en cualquier parte del mundo. ¿Cuánto ha bregado el oprobioso imperialismo para acabar con la Revolución Cubana? No ha podido ni podrá; esta es una Revolución verdadera que enfrentó al capitalismo, y lo derrotó, y lo sigue derrotando en el desarrollo de la edificación del socialismo científico; solamente una revolución así, pudo atravesar el anchuroso mar con un contingente de 400 mil, combatientes para sellar definitivamente la independencia de Angola, y de una buena parte del continente africano. Más de 20.000 obreros, trabajadores, combatientes cayeron heroicamente para defender África, y en esa gesta, le infringieron la más humillante de todas las derrotas que haya sufrido el imperialismo.

El sueño del Che de varios Vietnam en el suelo suramericano, no está cancelado. El Imperialismo y las miserias de su modo de producción capitalista, ha traído el hambre de vuelta. La Paz frente al guerrerismo imperialista; pero no es posible la paz sin la definitiva independencia de los pueblos que luchan por su liberación.

 



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Eduardo Mármol


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