Hacer de tripas corazón

Primero lo primero, estimados lectores, ¿qué significa esta bendita expresión? Googleando encontré dos opciones un tanto razonables porque apuntan a situaciones diferentes: “Hacer de tripas corazón significa esforzarse en disimular el miedo o el sentimiento... Al que le falta corazón para estar tranquilo, hágalo de las tripas, que ascienden a la cavidad del pecho cuando se retienen los suspiros.” O esta otra, un tanto mejor: “Hacer de tripas corazón significa enfrentarse a una situación desagradable, a algo que no nos apetece nada hacer pero que no tenemos más remedio que hacer.”

Hace pocos día el Presidente Maduro utilizó la expresión: “Para pagar sueldos y salarios, quiero decirles a ustedes, confesarles, para pagar sueldos y salarios este año, y pensiones, estoy haciendo de tripas corazón”, dijo Maduro en las afueras del Palacio de Miraflores, frente a la marcha con la que los simpatizantes del Gran Polo Patriótico (GPP/PSUV) conmemoraron el 24 aniversario del 4 de Febrero de 1992.

Mejor escena imposible. Un 4 de febrero y en Miraflores, en el fondo el rostro risueño de Chávez y, frente al Presidente, los chavistas de base nuevamente convocados a defender a la revolución en “la eterna coyuntura de crisis”. Pero han transcurrido 24 años desde aquel febrero de1992, lleno de historias y frases ya míticas. Ese preciso día nos convocan a hacer de tripas corazón. Se ve, se oye y se vive pero parece una ficción. ¿Cómo llegamos hasta aquí? Intentemos una “narrativa que explique el asunto”.

La burocracia chavista tiene sus hijos ilustres, aquellos que se dedican a pensar en la “estrategia revolucionaria”, una ristra de cerebros grises encargados de evitar lo que sucedió: nos quedamos sin fondos públicos para cumplir con las obligaciones que todo gobierno debe atender, comenzando con los sueldos de la burocracia que no vio… Esa agrupación de cerebros los llamamos ahora “think tank” o laboratorio de ideas, es decir, es una institución o grupo de expertos de naturaleza investigadora cuya función es la reflexión intelectual sobre asuntos de política social, estrategia política, economía, militar, tecnología o cultura.

Pero el cinismo en el país es pavoroso, incluso de los expertos, veamos una pequeña muestra: “Como vaya viniendo, vamos viendo. Eudomar Santos, el planificador”. En este caso, un exministro de Planificación se justifica frente al país confesando su impericia y su derrota por los rostros invisibles de quienes tomaron las verdaderas decisiones en política económica. Giordani se refiere a un personaje de una novela de RCTV, “Por estas calles”, de la década de los 80. Novela que reflejó la crisis política y social del puntofijismo, escrita por Ibsen Martínez. Tamaña confesión dejaría una inmensa estela de pesquisas, pero en Venezuela no pasa nada, una entrevista más y una impúdica confesión que suena a diálogo de novela televisiva.

De esta manera completamos la escena: 24 años de falta de previsión y planificación que ahora nos tienen metidos en la más grave crisis económica del país, en medio de un colapso sin precedentes, con un país entero volcado a pelear su pedacito de torta en medio de un bachaquerismo que ya se hizo cultural y un modo de sobrevivir, legitimado y permitido.

Me gustaría ver el verdadero rostro de Chávez, quien fue muy amigo de las matemáticas. 650.000 millones de dólares se invirtieron en el país en una agenda social incontrolada y salvaje, si creemos que Giordani habla con algún grado de veracidad. Pero, el mismo personaje señala que tal vez entre “250.000 y 300.000 millones” se evaporaron en el colador del sistema financiero venezolano. Es decir, se fugaron del país en medio de la complicidad oficial y rodeado de un silencio legitimador. Y no pasó nada y no pasa nada. Es la fiesta del rentismo petrolero venezolano que se puso la máscara del socialismo del siglo xxi y convirtió a la revolución en un fraude frente a las ilusiones de los invisibilizados eternos, el pueblo.

En este contexto se entiende la frase del Presidente Maduro, hacer de tripas corazón para asumir ese legado nauseabundo de un país empobrecido y quebrado, después de una década de inmensos recursos financieros que nos volvieron ciegos, sordos y mudos frente al derroche que se veía a diario. Tiene razón el Presidente Maduro, da asco asistir a recoger los restos de la comida que nos dejaron en la mesa, la de peor calidad y menor cantidad. Pero, ¿hasta cuándo las tripas serán corazones y pasarán a ser brazos, puños y acciones que subleven la paz en un país dolido y sin esperanza? En lo personal no lo sé y tampoco deseo que empiecen a actuar los corazones cuyos límites no se pueden precisar, como lo vivimos hace 24 años, en un febrero ya mítico.


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Nelson Suárez

Docente/Investigador Independiente (Literaratura, Ciencia, Tecnología y Sociedad)

 suarez.nelson2@gmail.com

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