4 de febrero, ¿Inicio de un sueño frustrado?

Cuando el Comandante Chávez asumió la responsabilidad de aquella insurrección Venezuela y el mundo entraban en una nueva era, el sueño milenario de la humanidad por su redención despertaba de su letargo de San Pedro Alejandrino, de Dos Ríos, de la Quebrada del Yuro, de La Moneda.

El país se asombró con un hombre capaz de reconocer sus derrotas, de decir la verdad y sobre esa actitud echar al viento la esperanza de otro mundo diferente a la hipocresía capitalista. El volcán que hizo posible la independencia volvía a rugir y su llamarada a calentar los corazones de los humildes.

Ese día se abrieron las puertas del sueño, aquel hombre nuevo que vino de las sabanas de Paéz, Zamora y Maisanta empezó a caminar, a crecer, y tras él los humildes, confiados en su líder. Mucho fue lo aprendido en estos más de diez años: no confiar en el capitalismo ni tantico así; no hay tercera vía, sólo dos sistemas, uno, el capitalismo, el del odio, el de la extinción, el otro, el Socialismo, el del amor, el del futuro viable; sólo el pueblo organizado puede ser dueño de su destino, la multitud no puede superar al sistema capitalista, sólo puede crear tumulto que es capturable.

Aquel hombre, grande en su amor a los pobres de la tierra, con la ingenuidad del pueblerino y la inteligencia del campesino, tuvo el tino de estudiar con la humildad del que quiere aprender en los libros y en la vida, de no menospreciar nada; no despreció ningún conocimiento, toda opinión tuvo oídos receptivos. Se nutrió de la sabiduría y el conocimiento de Perez Arcay, de Müller, de Alí Rodríguez, de Giordani, Fidel fue su Maestro; leyó de todo, desde Simón Rodríguez hasta Néstor Kohan; también de los humildes a los que oía con atención, de los curas amigos a los que les agradecía las luces de los Cristianos Primitivos. Aprendió de los errores, de los que cometió y de los que vio cometer. Aquel hombre, grande en su amor, pudo construir el camino hacia el sueño de los próceres, supo unir a Cristo con Marx, a Bolívar con Fabricio.

Cuando estuvo seguro del camino necesario, cuando comprendió el sendero, entonces lo volcó en un ambicioso Plan, que con sus objetivos históricos se libraba del oportunismo, de la táctica como objetivo y dotaba a la lucha de estrategia, de alas robustas para emprender el vuelo alto de los que transforman al mundo y vencen la mediocridad de los imitadores.

Y aquel hombre, grande en su amor, fue asesinado por el odio, como Sucre, el Che, Simón, Torrijos, Sacco y Vanzetti, Martí, Luther King, Sandino, Fabricio, Zamora... Cristo. El crimen vino para sofocar al volcán.

Después, poco a poco, la oscuridad fue empujando la luz a las catacumbas, la infamia se vistió de chavismo y aquella serpiente entregó el sueño, lo convirtió en corrupción de las almas, en sarcasmo. Los demonios de ayer devinieron en santos de hoy, lo edificado se derrumbó, aparecieron nuevas metas, ahora bufas, aéreas, que cubrían el reptar de la serpiente que envolvía con su vaho la voluntad de los humildes que sin Chávez no tenían capitán. El timón fue entregado a los enemigos de Chávez, la monarquía regresó. El caballo blanco de Bolívar regresó, asqueado, a la sabana, allá espera un nuevo despertar.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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