Los que sembraban están muertos

Ramón, un buen amigo trujillano, no pela vacación para irse a Trujillo a compartir con sus familiares. Con detalles me contó lo del reciente viaje a Cuicas, una población privilegiada en clima, gentes, y naturaleza; allá, en las montañas andinas. Esta vez vino triste, considera que no es lo mismo, que aunque sigue la producción de café, esta ha disminuido drásticamente. Las motosierras han hecho potreros donde antes hubo vegetación tupida. Los jóvenes ya no están interesados en la tierra, los viejos ya no pueden y los que fueron agricultores de toda una vida hoy yacen en el cementerio local. Los otros se fueron hace mucho tiempo y regresan, como yo (me dijo) a ver la gente por un rato y a recordar. Es una añoranza. ¡Qué tragedia, los que sembraban están muertos!

Desde que comenzó el desmontaje de la agricultura venezolana este drama es muy parecido en los pisos medios y altos andinos, en los llanos, en el pie de monte, a los cuatro costados de la Patria. Con el desmontaje de la agricultura y la progresividad del avance rentista, no desapareció solamente el uso encantador de la tierra para producir alimentos, se desmontó toda una cultura de laboreo, de días que comenzaban muy temprano, en la fresca, y de la cual, toda la familia estaba pendiente. No se trató solo de la reducción de la superficie sembrada por habitante, es también la pérdida del hábito a laborar la tierra. Repito, se desmontó una cultura. Los jóvenes campesinos andan en otra cosa. Han sido asediados por el mal uso de la tecnología y de la televisión, cuando se dispone. Siempre ven que el autobús que pasó cerca de su caserío ha podido ser el que les iba llevar a una de las grandes ciudades venezolanas.

En los años que llevamos en revolución estos temas se pasan por debajo de la mesa. Nadie quiere discutir que hacer para retomar desde lo profundo, que es lo humano, la expansión de la agricultura como forma de vida. Hemos sido amplios en inventiva, pero hasta la presente ninguna ha dado resultados. Con la excepción de la gran perspectiva de la agricultura comunal, lo demás ha fallado ¿sabemos por qué? No hay teoría sobre esto, pero si especulaciones con algo de sentido práctico. Toda actividad humana que sirva para satisfacer más allá de las necesidades individuales debe ayudar a construir mejores condiciones de vida, como dijo Lula y replicó Chávez: Vida digna en el campo. En estas inventivas, la peor compañía fue el juego de palabras "bajar los recursos" que significó partir la torta en pedacitos, sin sembrar un perejil.

Humildemente, hemos propuesto que se diseñe un plan de vuelta al campo, con mejores condiciones de vida, sin malaria, sin mal de Chagas, sin parasitosis de los niños; con escuelas, con centros de salud, con sistemas de almacenamiento y distribución de las cosechas. Sin intermediación despiadada que se roba el esfuerzo de los que siembran. Sin sicarios ni paramilitares. Que no se diga por aquí pasaron unos que quisieron hacer de la agricultura parte de la vida digna y se fueron porque los que propugnan el modelo rentista no quieren saber nada de agricultura, más que malgastar los reales en proyectos que no dan pie con bola, para reforzar el fracaso. Dispersos en el país, todavía hay ejemplos de la vida digna en el campo. Pequeñas comunidades donde el cochina que parió veinte cerditos y todos se destetaron es el tema de conversación del mes, antes que calarse a Ramos Allup descoordinado hablando paja loca y al Presidente Maduro reinventado la rueda de la economía.

Con la nueva gestión militarista de la agricultura, hay que orar mucho para que el argumento de la autoridad no se imponga frente a la autoridad del argumento. En la agricultura hay muchas verdades, pensamientos, conocimientos, tecnologías y realidades que no obedecen a lo imperioso del mandato. Tenemos que convencer al país de la agricultura como parte de los remedios para superar el rentismo. Salvo que algún día del futuro se aparezca otro Ramón como el trujillano que nos repita: ¡Qué tragedia, los que sembraban están muertos!



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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