Heinz Dietrich ¿de cuál lado juega? ¡Este canta como ballena y es agorero!

Cuando era muy joven, militante adeco, solía recibir de los amigos de la JPCV, ante cualquier diferencia, la acusación de agente del imperialismo y hasta de la CIA. Era un lugar común y hasta una muletilla.

¡Miren qué vaina! Unos carajitos, que apenas empezábamos a poner atención sobre el destino nacional, eso sí, alentados por una excelente escuela, como lo fue el Liceo Antonio José de Sucre, de Cumaná, en medio de las dificultades de la dictadura pérezjimenista y luego el gobierno de Betancourt, con el cual estuvimos apenas unos meses, éramos nada y nada menos que agentes infiltrados por los gringos. Eso sí, sin paga, pistola ni grabadora y hasta buena gente, porque pese aquellas discusiones y adjetivaciones, seguíamos siendo amigos y enfrascados siempre en lo mismo.

De aquello me quedó la idea que acusaciones como esas, por expresar opiniones discrepantes no pasaban de ser un chiste, quizás en veces de mal gusto. Tanto es así que, cuando alguien dice eso de alguna otra persona, suelo reírme.

Hoy, al leer en aporrea el artículo de Heinz Dietrich, donde se atreve a vaticinar o mejor presagiar los resultados electorales del 6D, como intentando contribuir además que sean más contundentes contra el proceso bolivariano o lo que es lo mismo, sus deseos se hagan realidades, recordé aquellas escenas de mi juventud cumanesa, cuando uno, siendo adeco de izquierda, solía recibir la acusación arriba mencionada por hacer críticas al estalinismo o en general a la conducta del régimen soviético. Pero éramos unos carajitos incapaces de hacer cálculos o jugar posición adelantada.

Me reí, porque en aquella época, más de uno de nuestros amigos y paisanos, militantes del PCV, no hubiesen dudado en aplicarle aquel calificativo, pero esta vez, sin duda, con convicción y ánimo de estigmatizar, a Dietrich.

No hay duda, en muchas cosas de las que dice y sobre todo ha dicho antes, y uno supone de buena fe, el profesor mejicano-alemán, no sé exactamente cuál debe ser el orden, ha tenido razón. Los dirigentes bolivarianos, desde tiempos de Chávez, han incurrido en errores que ponen en peligro la continuidad del proceso y, sus actuales dirigentes, parecieran estar pocos propensos a escuchar a las multitudes, que no es lo mismo gritarle a ellas desde arriba para escuchar unos aplausos que se interpretan como de plena satisfacción, mientras la procesión marcha por dentro. Pero parece muy sospechoso que, estando los venezolanos en el umbral de una contienda electoral de extraordinaria trascendencia, alguien, desde la izquierda, se dedique a desestimular al votante que aunque a él no le guste, todavía espera, con fundamento, un cambio sustancial, no sólo entre el grupo dirigente sino en las políticas para hacer avanzar el proceso de cambio.

El reputado profesor, además de pintar un cuadro desastroso y descalificar a quienes equivocados o no están al frente del proceso bolivariano, que envuelve a grandes multitudes y agrupaciones de la izquierda, intenta orientar al elector hacia grupos que, si bien tienen también nuestra estima, no presentan candidaturas en todo el país ni significan una real posibilidad de conexión con las multitudes. Podría uno aceptar que cualquiera, hasta alguien de quien pudiera decirse que no tiene vela en este entierro, aunque injustamente me llamen chovinista, lo que sería lo mismo si se me ocurre como mis viejos amigos comunistas llamarle agente de la CIA, llame a votar en aquellos sitios donde eso es posible por candidatos discrepantes, pero revolucionarios y bajo la certeza de lograr arrastrar la mayoría de votos. Pero no es ese el caso de quien descalifica, condena de manera severa a todo el proceso bolivariano que representa el GPP y hace una declaración de fe revolucionaria, mandando a dispersar los votos.

Utiliza también el profesor de marras lo acontecido en Argentina, descalificando de paso también a los Kirchner, para fundamentar sus pronósticos, profecías y mejor o más exactamente, sus deseos, que la MUD arrase en este proceso electoral. Porque este servidor jamás calificaría a Dietrich como con nosotros lo hacían los viejos camaradas, porque ellos decían aquello como una muletilla, no porque de verdad lo creyesen. Y nuestra edad, la formación que alcanzamos, respeto por la gente, no nos permiten decirle eso a quien cuando habla, ataca feamente a Maduro, de quien con frecuencia discrepamos, al presidente Chávez y al movimiento bolivariano en su conjunto, lo hace acompañándose de un discurso paralelo contra el imperialismo. Si nosotros, pese lo anterior, aceptáramos se le aplique ese calificativo que hemos asociado a la adjetivación de los camaradas cumaneses, estaríamos llamándole farsante; eso sería muy grave y en veces difícil de probar.

Dietrich ha dicho cosas valederas contra el proceso bolivariano desde tiempo atrás; lo hace habitualmente en un lenguaje como lleno de resentimiento y uno, de viejo que ya somos, en veces comprende. Hay quienes creen tener, como solíamos decir en Cumaná, "a Dios agarrado por las barbas" y le molesta que no le hagan caso a sus advertencias. Pero lo que acaba de decir, más que por lo que dijo, las circunstancias ante las cuales las dijo e intentando fragmentar la votación, es a mi juicio de extrema gravedad y un muy buen servicio a la derecha y al imperialismo, aunque se adorne para no dejar esa sensación. Me perdonan si hago alusión al viejo lugar común francés del ladrón que grita ¡al ladrón, al ladrón!, mientras señala en dirección contraria a la que lleva.

Intenta hasta utilizar a Ana Elisa Osorio, cuando habiendo fijado la idea de votar por el proceso y con posterioridad reclamar un cambio a fondo de gente y de políticas, lo que a mi parecer es acertado, después de elogiar su gesto y lo que representa, la llama a votar por opciones inexistentes o, pese el valor moral que representan, no garantizan la unidad ni una victoria significativa.

Aun así, no diré lo que los viejos cámaradas decían de uno por cualquier crítica, gesto de libertad e inconformidad, pero sí que siendo él un intelectual de alto nivel, no creo que actúe de manera inocente.

Su canto podría uno llamarlo de sirena como lo hacían los marinos griegos, por la intención de atraer al hombre para llevarle a la perdición, pero más que por Manuel Rosales, por el resentimiento que emana de su canto, le llamaré canto de ballena.

 

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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