Treinta días para resucitar el Pacto de Punto Fijo

Estamos en presencia de una fina operación estabilizadora del capitalismo, en la fase final de la yugulación del Chavismo, del magnicidio de la posibilidad socialista. Dos son las opciones que están en juego: la resurrección del pacto de punto fijo y la salida militar; ambas se complementan. Veamos.

Las elecciones burguesas son mecanismo propicio para adormecer a los pueblos, han funcionado muy bien en todo el planeta. La burguesía las usa como primera carta para estabilizar su dominación, y más aún cuando se trata de una transición desde la posibilidad socialista. Las elecciones se pueden definir como un circo que distrae las luchas principales de la política verdadera, aquella que pone en juego un cambio de sistema. Son un divertimento que deja la ilusión de que la masa escoge a sus gobernantes, cuando en realidad asiste ciega a un espectáculo donde todos los candidatos son iguales, actores de una misma obra: la dominación capitalista.

Con la desaparición de Chávez, un duro golpe a la Revolución, la socialdemocracia, la derecha interna, tomó el control del proceso revolucionario y comenzó una operación de desmontaje del camino socialista. A veces, lo hace de manera descarada, allí están las declaraciones de voceros del gobierno que defienden la tesis de la "necesidad de la burguesía, de los capitalistas", para construir el Socialismo; allí está el "plan temir" proponiendo pragmatismo; allí están la falsificación del Plan de la Patria, el cierre de programas radiales críticos, la salida de altos personeros del gobierno de Chávez, el estímulo al capitalismo, su participación en la Faja del Orinoco, su engorde con los dólares. Está claro que para este gobierno el Socialismo es sólo una fórmula electoral, que su verdadera esencia es la lógica del capital.

La restauración del capitalismo hace, produce, una turbulencia, un desajuste económico y espiritual: el "bachaqueo", la alta inflación, la inseguridad, el desabastecimiento son consecuencias de las trabas que a la restauración del capitalismo pone la exigencia política de mantener un aroma socialista, que en realidad es populismo rentista en un escenario de escasez. El gobierno socialdemócrata está agotado, no da cuenta de las exigencias políticas de la economía. Esa es la contradicción en que se mueve el país, un híbrido capital-populismo con discurso socialistoide.

La necesidad hoy es la adecuación de la restauración capitalista a su expresión política. Allí se debaten dos posibilidades:

Una, restaurar un pacto de punto fijo, volver a antes del 4 de Febrero. Esta posibilidad tiene su último chance en los próximos treinta días, en estas elecciones se decide si el pacto de punto fijo funciona para estos momentos. No importan los resultados electorales, lo que le importa al sistema es que esos resultados se acepten, que las fracciones en pugna el día 7 amanezcan en Miraflores inaugurando un nuevo pacto; se estará consagrando así una nueva era capitalista, y el réquiem del Socialismo.

Esta posibilidad tiene dificultades: una, que las elecciones, opio de los pueblos, no consigan domeñar a los humildes. La crisis económica impulsará motines, el nuevo pacto tiene necesariamente que reprimir, el operativo olp se descubrirá como un mecanismo represivo, el calificativo de delincuente se extenderá a amplios sectores de la sociedad, y no conseguirá el neo pacto de punto fijo estabilizar la dominación capitalista.

La otra posibilidad refiere a los grupos derechistas que acechan con la tesis de no perder tiempo, de ir rápidamente a una dictadura que limpie cualquier veleidad chavista, una gran represión que permita un ajuste drástico, y solo luego restituir el pacto que será visto como una liberación. De esta manera se repetirá el ciclo que azota a la América: dictaduras-democracias burguesas, las dos caras de la misma dominación; ciclo que dicho sea de paso, Chávez quebró.

El circo electoral está bien montado, las amenazas de los gringos, los forcejeos de los europeos, las denuncias de leopoldo son piruetas del mismo espectáculo, en treinta días se decidirá cual será el resultado de este inevitable desenlace.

No obstante, el trópico sigue siendo mágico, aquí ocurren milagros políticos. Chávez puede regresar así como regresó Bolívar, y entonces un nuevo actor aparecerá en el teatro donde los capitalistas se creían únicos, la crisis tendrá otra posibilidad: el Chavismo, el Socialismo no se entregará, no sucumbirá en el opio de la socialdemocracia, el ciclo que se rompió el 4 de Febrero no se restaurará.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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