Por el mundo, mis universidades

A los 16 años estaba por el mundo, ganándome el pan, trabajaba de “aprendiz” en una empresa de metalmecánica, por una calle, “no me acuerdo donde”, de la Pastora.

Fluía de nuevo la vida, rápida y densa, el ancho torrente de las impresiones aportaba cada día al alma algo nuevo, que maravillaba inquietada, que ofendía y obligaba a pensar.
El rico en el Señor no piensa tan siquiera
ni que el Juicio Final a todos nos espera,
el pobre no es su amigo ni su hermano,
sólo tiene un afán: mucho oro reunir,
¡que en tizones del infierno se le ha de convertir!

¡Da pena y risa recordar cuántas dolorosas humillaciones, cuántos agravios y zozobras me proporcionó aquella pasión mía de la lectura, surgida tan de repente! Sobre la cuestión de saber en qué medida la acción política de la clase obrera pude ser necesaria o útil al advenimiento de la Revolución Social. Los libros, ¿la felicidad dependía de tan poca cosa? La Revolución Francesa; el Manifiesto del Partido Comunista; las Notas Biográficas de los Congresos Obreros Internacionales del siglo XIX; de la Historia del socialismo; de La Revolución de Octubre; la Literatura Socialista y Comunista. Los libros de la política.

Temeroso de que la “vieja” ama de la pensión donde vivía, los quemase en el horno, procuraba apartarlos de mi pensamiento; empecé a tomar prestados unos pequeños libritos, de diversos pensamientos. ¿Los que suscriben, hombres de progreso y libertad? Que la humanidad está llamada a marchar por el camino de un continuo progreso, bajo el imperio de la ley moral universal, el desenvolviendo libre y armónico de sus facultades y al cumplimiento de su misión en Venezuela.

El juego, la oposición, la dialéctica entre un partido moderado y un partido progresista son tan esenciales para el crecimiento como el socialismo, Ni el progreso social ni le socialismo serán jamás subproductos de la invención técnica, aun cuando ésta les abra, como en la actualidad, inmensas perspectivas. La política, es decir, el matrimonio vivo de derecha-izquierda, es hoy, más que nunca, fuente irremplazable de fecundidad.

La interpretación de los éxitos exteriores sugiere que la condición fundamental del resurgimiento, para una sociedad industrial, constituye un alto grado de integración de la Comuna social. Una especie de pacificación, o al menos una inexistencia de guerra civil, que permita la fuerte adhesión del pueblo a las necesidades del cambio. Esto se manifiesta particularmente en lo que atañe a:
El precio fijado a la seguridad individual y a la seguridad social, frente a las transformaciones tecnológicas. La particular importancia, admitida ahora por todos, del papel director del Estado. La toma de conciencia colectiva, encarnada en una voluntad común, e incluso popular, de crear un modelo original.

Hay que tener en cuenta el conjunto de estos elementos esenciales, si queremos evitar en Venezuela la propagación de fenómenos tales como los que han dado lugar a la creación de los partidos socialistas. Para evitar cuanto podría provocar la rebelión, legitima, de grupos sociales víctimas del cambio, hay que apoyarse en valores y en fuerzas políticas que preserven la originalidad de Venezuela y sean, al mismo tiempo, las más aptas para promover la adaptación al crecimiento.

Si la izquierda, al margen de sus reflejos actuales de temor y de crispación ante la aceleración del progreso, vuelve a descubrir los valores tradicionales a los que debió su vocación, puede liberar en Venezuela, una energía nueva tan considerable que los factores del drama se verán totalmente modificados. De este despertar puede venir la salvación.
La izquierda lleva dentro de sí una contradicción que constituye su valor y es, al propio tiempo, causa de sus dolencias. Mientras la derecha sigue los relieves de la Historia y sus líneas de pendiente, la izquierda se encuentra, por naturaleza, dividida entre la oposición y la responsabilidad. Tiene obligación de rechazar la sociedad tal cual es, pero no puede negarla. Debe levantar utopías, sacar de éstas el valor necesario para remontar obstáculos al parecer invencibles, fijar hitos lejanos que la orienten en su actuación diaria, tomar distancias con respecto a un presente que no la satisface. Sin embargo, es preciso que tenga en cuenta este presente.

Antaño, la perspectiva de una revolución lo simplificaba todo, Lenin podía desinteresarse del proceso de industrialización y de liberación del Imperio de los zares porque contaba con abolirlo y remplazarlo por un orden completamente distinto. Los bolcheviques sólo estaban “en este mundo” para denunciarlo, disolverlo y destruirlo.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Viviremos y Venceremos!


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Manuel Taibo


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