El Bolívar de Cartagena y Jamaica

Simón Bolívar: El Hombre

El Manifiesto de Cartagena y La Carta de Jamaica revelan en Bolívar un hombre complejo: el idealista, el mantuano seguro de su herencia y de su estatus, el bien educado y profundo pensador a quién gustaba hacer sus cosas a su manera, un visionario y sin duda un revolucionario.

Me propongo escribir de un Simón Bolívar de piel y musculos, de sudor y lagrimas, sin el tono hierático y épico de la religión secular en la que, desde Guzmán Blanco, todos somos una especie de acólitos, es decir, quiero comprender la dimensión venezolana de quién fue el Libertador de cinco naciones. En este sentido, y apuntando mas a la esencia de la aproximación que pretendo y no a su mera forma hablaré en lo adelante de "Simón" para referirme a Simón José Antonio de la Santisima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco.

El Simón del Manifiesto de Cartagena (1812-1813).

Para la época del Manifiesto de Cartagena tenemos a un Simón actuando por su propia cuenta, cónsono con su capacidad de trabajador solitario pero permanentemente buscador de la gloria, un hombre joven, atado a un tremendo propósito. Su carácter independiente, autónomo en que sus detractores quisieron ver la obsesión de un egoista, se hace expreso en este documento donde, ese 15 de diciembre de 1812, después de la caída de la Primera República explica con detalle y precisión sus creencias acerca de las causas de la caída.

Debe observarse, que si bien es su primer documento público, es solo su fama posterior como "El Libertador" lo que hace a este escrito tan bien conocido en la posteridad.

Sorprende, si se ve en retrospectiva como aquel joven podía intuir el papel que tendría en la liberación de América y en como aquellas letras llegarían a ser verdaderamente relevantes.

La historia del Manifiesto se inicia cuando unos meses después de llegar a Cartagena, luego de la derrota de la Primera República en 1812, Simón acepta una comisión en el Ejército de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, de la cual mas tarde se valdría para pedir el permiso necesario que le llevaría a la gigantesca empresa de la Campaña Admirable.

En el Manifiesto inicia su exposición genial y el verbo de juicio intachable de un racionalista que se extendió a lo largo de su vida, explicando las causas que precipitaron la caída de aquella Primera República en Venezuela, de donde sale con un pasaporte expedido por Monteverde luego de colaborar en la detención de Miranda como traidor de la causa independentista.

Si bien en lo individual Simón era especialmente sincero, duro y salpicarte como pudiera ser, se muestra abiertamente perspicaz, formal y acertado en sus predicciones sobre lo que habría de venir para el Nuevo Mundo. Un análisis de las causas que encuentra el futuro gran hombre para la caída de la Primera República en Venezuela son:

  1. El uso de un sistema federal de gobierno, el cual Simón consideraba demasiado débil para tiempos de guerra y, en el futuro, inadecuado para nuestra realidad histórica.

  2. Mala administración de la hacienda pública por parte del nuevo gobierno repúblicano.

  3. El Terremoto de Caracas de 1812, el cual empeoró la situación económica y política.

  4. La imposibilidad de establecer un ejército permanente debido a la intransigencia de la población.

  5. La influyente oposición de la Iglesia Católica, la cual clandestinamente promovió una visión anti republicana.

Ahora bien, ¿cuál era el contexto donde Simón hace esta carta intitulada "Memorias dirigidas a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño!?, donde no deja de llamar la atención la autodenominación de "caraqueño", transluciendo esa fijación por Caracas, de donde ha huido y ha sido terriblemente injusto con Miranda. Huida que Carlos Marx en su fatídico y sesgado artículo sobre El Libertador se atreve a llamar "cobarde".

No puedos sino intuir que detrás de ese término "caraqueño", hay un intento de hacerse observador desde un ángulo distinto al común de los "americanos" ó a los habitantes del nuevo mundo, ¿por qué un caraqueño? impredecible y desconcertante, Simón ama a Caracas y en la cúspide de su gloria la disminuirá y hará de lado al otorgarle a Santa Fé de Bogotá el rango de ciudad capital de su Gran Colombia.

Ser un caraqueño de la modesta Capitanía General de Venezuela, equivaldría a llamarse "provinciano" frente al público de un virreinato como el de la Nueva Granada.

Dice Simón, en el primer párrafo de la carta, en modo vocativo: "Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas....". Es aquí un escapado, pero también un Cóndor, amaba a su Caracas con pasión. Se dice que por su empeño en liberarla en 1818, trastocó toda aquella infeliz campaña, como también le sucedió en Ocumare cuando emprendió la misma empresa en 1820.

Simón es un extraño en el caos del antiguo virreinato donde casi cada ciudad y pueblo tiene diferentes gobiernos y lealtades. El grupo independiente mas importante era el de las llamadas "Provincias Unidas de la Nueva Granada", constituída por un nexo poco firme entre las provincias de Antioquia, Cartagena, Nieva, Pamplona y Tunja. Cartagena por cierto era el miembro menos firme en su relación con la unión, y Simón es solo uno de varios de los oficiales venezolanos a quienes le fue ofrecida una comisión, incluyendo a José Féliz Rivas y Antonio Nicolás Briceño.

El ejército de Cartagena estaba comandado por el francés Pierre Labatut, quién lo enviaría al pueblo de Barrancas en el rio Magadalena, donde le esperaban setenta hombres a su mando.

El caraqueño Simón, que amaba el paraje de Caracas como a su gente, sus tradiciones, que se veía a sí mismo como un lugareño cercado por las montañas del Ávila, que usó toda la vida caraqueñismos en su hablar cotidiano, y cuya salida del terruño había sólo para el ceslestial mundo europeo, se encuentra ahora solo, valiéndose por sí mismo, en un puesto subordinado a otro coronel y con una disposión pecuniaria seguramente mas reducida que en alguna otra de sus anteriores circunstancias.

La aventura patriótica había significado el exilio, ahora era sólo "el caraqueño", en una posición ínfima respecto a lo que le deparaba el porvenir, pero ya para el momento sentía poseer una visión más allá de quiénes le rodeaban, y una convición de su superioridad que le llevaba a granjearse los desafectos de su jefe Labatut, quién por no querer tener cerca al subordinado, ni a otros de los oficiales venezolanos, los dejó hacer lejos, lo que vió Bolívar como una oportunidad.

Pierre Labatut pudo haber sido un practicante de la piratería en el Mar Caribe antes de la guerra de independencia, siendo lo que en su época podría llamarse "un aventurero", y que al venir Miranda para dirigir la asonada venezolana a favor de la independencia fue aceptado dentro de la oficialidad extranjera del Precursor.

Al caer la Primera República, Labatut se dirigió a Caratagena, pero ambos por sendas distintas y sin tener que ver el uno con el otro. Tal vez el francés sabía del fracaso del futuro libertador en Puerto Cabello, tal vez era uno de los que conocía u opinaba que la orden de Miranda de trasladar a los prisioneros españoles de Puerto Cabello, y de la cual Simón hizo caso omiso, fue la causa de que estos mismos prisioneros se sublevaran y tomaran el importante fuerte condenando así las esperanzas de victoria del movimiento.

Labatut había sido designado por Rodríguez Torices comandante en jefe de los ejércitos de Cartagena con cuarteles de concentración en Barranquilla. La caída de esta ciudad era un requisito previopara la reconquista española, en virtud de su ubicación a mitad de camino entre Santa Marta y Catagena.

La antipatía entre los dos hombres comenzó en el mismo momento en que Simón se presentó a sus órdenes, diciéndole en tono enérgico y en francés ¡a la orden mi Comandante!, gesto que desdeñó Labatut, un hombre de pocas maneras cabellerescas.

Hago este largo paréntesis, para redescubrir el "ecosistema" de mandos y subordinación que rodeaban a Simón en el mundo de Cartagena. La abierta hostilidad del odioso coronel Labatut, al mando para el momento y con apoyo total del comandante en jefe. Aquí Simón hará gala del espíritu inquieto, ese mismo del cual afirman sus biógrafos que no aceptaba el apoltronamiento ni para firmar. De acuerdo a estudios grafológicos, muchos de sus escritos fueron firmados de pie, y se dice que ni las mas largas y exhaustivas jornadas erán capaz de doblegarlo, al punto que entre sus hombres se le llamaba a modo de chanza "culo de hierro".

Nótese que las dificultades de aquel tiempo cercano al Manifiesto, son las que impulsan en Simón el desarrollo de una actividad febril que termina yendo desde las orillas del rio Magdalena a liberar varias poblaciones como Tenerife, El Guamal, El Banco, Tamalameque y Puerto Real de Ocaña; logrando derrotar a diversas guerrillas realistas que operaban en la zona, para finalmente ocupar Ocaña. Vistas tales victorias, el coronel Manuel Del Castillo, comandante general de Pamplona, solicitó su ayuda para detener a los realistas que amenazaban con entrar desde Venezuela.

Para ello, el entonces coronel Simón tuvo que pedir autorización al gobierno de Cartagena para intervenir en territorio del gobierno de Las Provincias Unidas. Cuando se la dieron, llegó hasta la frontera con Venezuela mediante la Batalla de Cúcuta, acción en la que atacó el 28 de febrero de 1813 a las fuerzas españolas, obteniendo los méritos suficientes para que el Congreso y el Gobierno le nombrarán ciudadano de La Unión y le concedieran el rango de General de Brigada a cargo de la División de Cúcuta, todo ello en apenas un año.

Esta campaña, de la que poco se habla en nuestra Venezuela, y en la que Simón tomó poseción del rio Magdalena, ese grande y gigantesco curso de aguas tan olvidado, era en su tiempo la única ruta de acceso al interior de la Nueva Granada, por lo que derrotar a los realistas en ésa importante y única vía de llegar a Bogotá fué considerado un enorme triunfo.

Así, podemos ver, al leer el Manifiesto de Cartagena, la visión clave y organizada del guerrero que fué incapaz de permanecer quieto en aquél pequeño puesto de Barrancas, sobre el rio Magdalena, donde fue destinado y desde dónde, a través de un poder trasnformacional único, pudo emprender la Campaña Admirable.

En esta última, apicaría el principio militar desarrollado en el Magdalena, una idea muy interesante, basada en la rapidez, la sorpresa, la ofensiva y el partir con las fuerzas disponibles para aumentarlas lo largo de su marcha con gente de la región y los recursos que fuera obteniéndo de su accionar militar y del apoyo del pueblo a la causa. Algo que hoy en día nos parecería hasta natural, pero que para la época fue innovador, ya que usualmente se perdía valioso tiempo esperando por refuerzos.

Me pregunto como investigadora ¿quién era el Simón del Manifiesto?, y veo que no lo comprenderíamos plenamente desde la perspectiva de la Batalla de Boyacá ó la de Carabobo. El Simón del Manifiesto tenemos que descubrirlo en Barrancas, donde se posesiona del cargo un 21 de diciembre de 1812, para solo en dos días después, el 23 de diciembre de 1812 tomara el Puerto de Tenerife.

Este movimiento audaz, impulsivo y exitosos lo hace sin informarle a su jefe militar, el inefable coronel Labatut, quién posteriormente lo denunciaría por desobediencia.

Tenerifie se encuentra a 58 kilómetros de Barrancas aguas arriba, lo que a las canoas les tomó veinte horas de camino, es decir un día y medio de navegación para los éstandares de la época. Ello representa, que de los dos días que le tomó atacar a Tenerife invirtió día y medio en llegar y solo medio día para preparar el ataque.

Si trascendemos el romanticismo y la épica, encontraremos que la única forma de justificar que Simón tomara posesión el 21 y saliera la madrugada del 22 con todos los pertrechos y el plan listo es porque, según dicen los historiadores, Torices habría dado la orden de preparación y enviado a Simón con órdenes secretas sin decir nada a Labatut, razón por la cual ante la denuncia de insubordinación que hace éste último, Torices la ignorara.

Este si es el Simón que se mostraba como un gentil hombre en toda regla y también oportunista y manipulador, impulsivo y despiadado, o como dicen Dodocay-Holstein y otros de sus detractores: un vanidoso capaz de una fantasía colindante con el delirio. Lo cierto es que el Simón del Manifiesto no es un hombre que quiera esperar, en este momento de su juventud estaba mas frenético que en los tiempos de la Convención de Ocaña, mas de una década después, cuando Perú de Lacroix nos pinta un cuadro de Bolívar de entonces diciéndonos: "la actividad de espíritu y cuerpo mantiene al Libertador en continúa agitación...". "Quién lo viera y observara en cierto momento creería ver a un loco.

Así como se sabe que su voz era chillona y nada solemne, también se tiene la certeza de que no causaba una buena "pinta". Símón era excesivamente nervioso e impaciente, todo el tiempo estaba moviéndose. Daba la impresión de no prestar demasiada atención al interlocutor.

Sin embargo, adoptaba una postura enormemente solemne en las situaciones oficiales, como en un mensaje dirigido al Congreso de la Nueva Granada, un poco después del Manifiesto donde dice en este tono trascendente: "Tengo la satisfacción de participar a Usted que habiendo sido encargado por el gobierno del Estado de Caratagena de pacificar los lugares que ocupaban los enemigos en el sur de la provincia de Santa Marta, desde la Villa de Tenerife hasta la ciudad de Ocaña, he logrado poner en libertad la navegación del Magdalena". Documento que explica su actuación y dá a entender su posible convenio con el Presidente del Estado de Cartagena, previan a su viaje a Barrancas, como también revela cual era su "personalidad oficial" en el tiempo que escribió el Manifiesto de Cartagena.

Busco descifrar quien era el Simón del Manifiesto, ése que desata el fuego de su verbo para convencer el Congreso Neogranadino de invadir a Venezuela, un hombre distinto al que atraviesa mas tarde los Andes y triunfa en el Alto Perú, y aquél que al final lo abandona todo para irse al exterior, momento en que se le atraviesa la muerte.

Estudiando a la genialidad de Simón durante su pequeña estadía en Cartagena, donde con lo diáfano de su pensamiento, su verbo exaltado y su visión estratégica estuvo en capacidad de convencer a los políticos de su conveniencia de su plan militar, logrando que el Presidente Torices lo respaldara en sus aspiraciones. En tal sentido, podríamos hablar del Simón de Cartagena como el germen inicial que aúna la idea del éxito político con el triunfo militar.

El Simón de la Carta de Jamaica, 1815.

El Simón que arriba a Jamaica en 1815 es otro hombre, ya ha realizado la Campaña Admirable, entró por Maracaibo, cruzó los Andes, fue proclamado Libertador en Mérida y luego en Caracas, sufrió la derrota en manos de Boves, vuelto a Cartagena derrotado, sus antiguos seguidores desechan la idea de seguirlo y ahora está en su segundo exilio, pero es un hombre diferente.

Ya ha oteado el futuro, como Cóndor ha saboreado la gloria, ya no es el mismo de Catagena, ha escuchado las multitudes vociferar su nombre, es parte del inconsciente colectivo del pueblo llano que lo pudo ver como un Dios, es el hombre que llegó a Mucuchies y provocó arranques de violenta espiritualidad ahora terrenamente convertida en causa, bajó a posesionarse del hombre sencillo del páramo que se fue a conversar en el patio con su mujer y los hijos, se trasladó al lugar de reunión del ayuntamiento y explotó en la decisión de irse y dejar el sembradío para seguir aquel hombre maravilloso hacia la lejana Caracas. ¿Cómo sería el momento en que aquellos seres nunca salidos de las montañas venezolanas dejaron de ver a sus espaldas el pueblo que los había visto nacer y vivir y al cual nunca regresarían? Pongo el ejemplo de uno sólo de estos pueblos y la leyenda que aún puede verse en sus monumentos cuando uno visita su plaza y allí aparece el testimonio: de aquí salió una mañana un perro, 14 hombres....

Simón en su exilio vuelve su mente no ya en lo caraqueño, ya tiene en la cabeza el concepto de Venezuela, la que lo acompañó, la que siendo diferente entre regiones, también era igual, por eso dice: "En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos, y sus desvastaciones tales, que casi la han reducido a su absoluta indilgencia y una soledad espantosa; no obstante, que era uno de los mas bellos países de cuanto hacían orgullo de América. Sus tiranos gobiernan un desierto; y sólo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una existencia: algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan. Lo mas importante de los hombre han perecido por no ser esclavos, y los que viven, combaten con furor en los campos y en los pueblos internos....".

La Carta de Jamaica es la pieza donde Simón va a demostrar su influencia de los enciclopedistas franceses, va a hablar de un gobierno democrático, del equilibrio de los poderes y de estatuir leyes generales a favor de la libertad civil de imprenta. Allí expresará su deseo de que América sea la nación "mas grande del mundo por su libertad y por su gloria".

La carta, originalmente a Henry Cullen, somo se sabe, buscaba el apoyo de los ingleses a la independencia, y como decía John Lynch tuvo que elaborar su propia teoría de la liberación nacional, que fue no un copia de la Ilustración sino una contribución a ella. Se dice que fue una carta profética y que por primera vez se sitúo a la Nueva Granada como lo que debería ser el epicentro de la lucha independentista. En la primera parte exponde las razones que justificaron a los patriotas americanos emprender la obra de la emancipación, luego pasa a llamar a Europa para que coopere con el esfuerzo de la independencia y finalmente reflexiona sobre la necesidad de la unión de los pueblos de América.

Me pegunto una vez mas, por el contexto, por el hombre de Jamaica y que lo diferenciaba del joven que tres años atras estaba en un puesto solitario del Magdalena.

En Kingston vivirá entre mayo y diciembre de 1815, pretende imbuirse en lo inglés, problablemente hizo un esfuerzo por expresarse comúnmente en este idioma, la versión en inglés de la Carta de Jamaica fué durante mucho tiempo la única conocida, hasta revelarse recientemente la aparición en Ecuador del manuscrito original, refiriéndose a Cullen como "Un caballero de esta isla", aún cuando la versión inglesa lo tituló "A friend", refiriéndose a un corresponsal inglés residenciado en Falmouth, cerca de Montego Bay, en la costa del norte de Jamaica.

No tenía dinero para pagarse una habitación a la altura de un gentleman, así que se aloja en una desprestigiada pensión de barrio y comparte las necesidades con otros venezolanos en la misma situación. Afortunadamente, consigue a un amigo inglés, Hyslop, quién lo auxilia con préstamos para poder vivir.

Fue en ese infortunado lugar de destierro donde su negrito Piíto, a quién criaba desde los diez años y que ahora tenía 19, intentó matarlo en su hamaca creyendo que Simón estaba dormido, dando muerte a Amestoy, antiguo proveedor del ejército. Con la confesión de Pío antes de ser ahorcado, se supo que un español había hecho el encargo, posiblemente enviado por las autoridades españolas de Venezuela.

Simón y su Sombra

Yo me pregunto, que pudo haber pensado Simón de los últimos tres años de su vida sobre aquel joven que fué. Ese "arar en el mar", pudo estar inspirado en su retrospectiva de como fue arrastrado por la pasión de un sueño revolucionario.

Simón es al final de su vida un escéptico: "vea señor la felicidad no se hizo para mi", la vida en esos momentos está llena de amargura y frustración". Al hacer un balance de su obra comprobó que lo mas importante quedó sin hacer, en tanto lo hecho se desintegraba.

Luego de su renuncia ante el Congreso Constituyente de Colombia, no es casualidad que vaya a Cartagena con el pretexto de esperar un buque que lo llevaría a Europa. ¿no sería acaso a regresar al mismo lugar de donde comenzó todo 18 años atrás?, Es acaso también una coincidencia que pusiera como alternativa de destino a Jamaica?.

Allí en Caratagena recibe la noticia de la muerte de Sucre y es allí en Cartagena donde se resigna a su final aceptando la invitación del español realista Joaquin de Mier a su finca para descansar. De alguna forma Simón nació y murió en Cartagena de Indias.

El hombre que recorrió cerca de 90 mil kilómetros a caballo, a mula o a pie, algo así como darle dos veces y media la vuelta al mundo, de algún modo terminó su incansable vida en el mismo lugar de la primera de sus amantes conocidas en el nuevo mundo (Lesnais y Du Villard lo habían sido en Europa), la francesa Anne Letoit, de diecisiete años, tímida, rubia y "la mayor atracción del pueblo" según el historiador Liébano Aguirre. Tal vez volvió Simón a aquellos cinco días que compartieron en Salamina y luego en Tenerife, donde dió su primer gran golpe militar y desde el lugar del cual soñó la Campaña Admirable.

Es el mismo Simón que había adquirido los hábitos que mantendría por el resto de su vida: el gusto por el nado, el empaparse de colonia, el amor por las arepas y las ensaladas, la aficción a los perros, el baño diario aún en las peores circunstancias. El mismo Simón que días antes de su muerte diría "quién estuviera en San Mateo comiéndose un sancocho de carne gorda".

 

*La autora es: Industriólogo, Esp.en Negociación y Res. de Conflictos

bustillosmarianela@gmail.com

 



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