Quinto malo

Temor a Che

Hace ocho años, en el Collado del Cóndor, uno de los puntos más altos de la cordillera andina, en Mérida fui testigo de la inauguración de una estela erigida en homenaje a Ernesto Guevara de la Serna, aquel joven estudiante de medicina que, junto a Alberto Granado, ascendió en un brioso corcel, muy parecido al Rocinante de Quijote, sólo que de dos ruedas y movido por gasolina, buscando saber más acerca de aquella penosa enfermedad conocida como "mal de Hansen" o lepra, que diezmaba poblaciones pobres de Nuestramérica.

Un par de días después, esa estela fue acribillada a balazos, como si sus ejecutores quisieran asesinar, una vez más, a Che. Lo asesinaron en Bolivia. Atrapado por una emboscada cobarde, en la Quebrada de Yuro, el guerrillero heroico cae herido y es trasladado sangrante a la escuelita de La Higuera, donde sería fusilado por un sargento borracho que la historia de los pueblos amorosos borró de toda memoria en venganza.

El argentino Guevara de La Serna, estudiaba medicina y soñaba vencer molinos atrevidos que se burlaban de los miserabilizados humanos, víctimas del capitalismo. Su compañero de sueños, Alberto Granado, también argentino, le sobrevivió hecho Sancho y jamás dejó de soñar, tampoco.

El médico, con el tiempo, se haría alfabetizador, zafrista voluntario, economista pragmático y guerrillero. Antes, vencería en Sierra Maestra, para dar paso a la primera revolución socialista nuestroamericana, al lado de Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, entre otros. Generoso y valiente, Che sería ejemplo de solidaridad y ética, convencido de que "todo verdadero revolucionario está movido por profundos sentimientos de amor". ¡Toda una vida dedicada a la sanación de una humanidad patologizada por el cáncer del capitalismo! El fusil por bisturí y la convicción de que se podría extirpar el mal fundamental creando por el mundo "dos, tres, muchos vietnams".

El acto aludido al comienzo de esta nota, simbólico, quiso reivindicar la memoria del ser comprometido, humanista y solidario que pateó semidescalzo y asmático, las montañas y campos del mundo erosionado de egoísmo y capital, con la esperanza de volverlos fértiles y fructificados para la libertad.

Pero a Che, como a todos los grandes, como a todos los altos de su estatura, la sanguinaria canalla imperialista no se cansará de asediarlos, emboscarlos, asesinarlos. Le tienen miedo a Che. Por eso, no les resulta suficiente el cobarde borracho uniformado disparando contra su humanidad. Y por eso embriagan a nuevos sargentuchos, serviles al imperio, que sigan disparando contra su memoria y los símbolos que le recuerden. Es el temor a Che. El temor a la conciencia de los pueblos, a su rebeldía y a su definitiva libertad.


 



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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