El "esperpento" argumentativo de Roberto Hernández Montoya

Cuando la guerra ideológica no es a muerte, lo que llama RHM (Roberto Hernández Montoya) los "esperpentos", (sentencias que se apoyan o fundamentan solo con la fuerza del poder), son las únicas verdades válidas. Si no es para eliminar todo rastro ideológico del enemigo la Guerra se puede resolver en la etapa del amedrentamiento, y esto que hace Felipe González con sus acusaciones no es otra cosa. Sin embargo, a ellos no se los puede amedrentar de la misma manera, tienen el poder de los medios, carecen de escrúpulos y vergüenza.

De nuestro lado no debería haber tanta reacción ante esas calumnias infundadas. Cuando nos resentimos de ese poder, es porque en algún punto aspiraos a él. Es porque buscamos solo estar del otro lado del silogismo. Recuerdo que Roland Barthes dijo en algún sitio una cosa relacionada con eso. Decía algo así como que al poder solo lo vence una fuerza que tome una dirección sesgada, es decir, que cuando lo combatimos de frente, resentidos de sus métodos y fuerza, pero aplicando sus mismos métodos y fuerzas, solo lo fortalecemos, lo reproducimos en nosotros mismo. Si llegáramos a vencer al enemigo que lo ostenta con sus mismos métodos, el nuestro no sería diferente, sería del mismo talante.

El "esperpento" de Felipillo larga que Franco y Pinochet fueron más humanitarios que Maduro y no tiene que demostrarlo" dice Roberto Hernández. Y no tiene que demostrarlo porque en la industria mediática (interpretando sus palabras), son las maneras las que imponen la verdad. Se trata de mostrar las maneras del poder y los mecanismos del poder a la vez. No hay derecho a réplicas ni a pataleo «pendejo te dije ya y te la calas». Uno llama a esto "malandreo".

La única respuesta posible de parte del gobierno ante tal bravuconería sería ignorarla, aupar la práctica de hablar con la verdad y fortalecer una conducta opuesta al "malandreo". Es decir, mostrar con el ejemplo que somos claramente distintos en el manejo del discurso, de la información y de la verdad. Apoyándonos en la lógica de Barthes, si nuestras respuestas a nuestros contrarios es bravucona (es malandra), estamos fortaleciendo su misma lógica, con las "aplicaciones" fascistas que tiene el poder (del dinero) frente a quienes lo adversan.

Pero igual sería sí nosotros mismo hacemos acusaciones personales, usamos el chisme y la ofensa, como formas argumentativas. Es decir que si nos batimos en el mismo terreno lógico (y ético) del "esperpento", creo que ese estilo "argumentativo", por apelación a la fuerza, o ad crumenam, apelando a la riqueza, es válido, es la misma forma falaz de argumentar (y la misma ética). No pasará de ser una bravuconería, un insulto, eso de atacar a la persona y no a la idea.

No es posible que creamos que una acusación apoyada en la fuerza del poder mediático sea éticamente inferior que otra igualmente hincada con prejuicios, pero también con el apoyo del poder mediático. Desde los "medios" del gobierno se acusa de traidor, se acusa de Trotskistas (periodistas y otros en el gobierno creen que eso es un insulto), se acusa de que tal o cual está con la derecha; o de que tal dirigente tiene tal o cual inclinación sexual; si desde el gobierno se descalifica, apoyados en prejuicios y por la fuerza de saber que estos prejuicios son compartidos por las mayorías, no veo ningún conflicto ético, señor Roberto Hernández Montoya que Felipe González haga lo mismo –tampoco lo vería García Márquez, conociendo bien el caso- Además, creo que lo hace, porque no ve de este lado muchas razones, muchos argumentos, en nuestras maneras de juzgar, que no son otra cosa que ramplonas descalificaciones.

Cuánto tiempo hace que desde el gobierno no se aúpan los debates políticos, la confrontación de ideas usando argumentos y en un terreno de respeto. Hoy todo es un chiste, un chisme, una mueca, una morisqueta, un escozor; nada de hacer política de altura. Como si la literatura rindiera éticamente para todo.

Es cierto que Franco y Pinochet no son iguales a Maduro, pero, dele tiempo al tiempo de este gobierno. En una crisis más fuerte es posible que todo cambie, a saber: misiones, inversión social, ayudas internacionales, inclusive la misma constitución, de manera radical, y cambie así, de manera radical, nuestra frágil cordura. Lo que dice Barthes no es otra cosa que al poder no se lo vence desde el mismo poder. Tiene que ser desde otro poder distinto, radicalmente distinto, que lo niegue desde todo punto de vista, desde otra moral.

No es posible que nos ofendamos ahora porque Trump pueda restregarles a muchos el hecho de que tiene bastante dinero, y nosotros no. Y porque esa "razón" le otorgue el derecho de decir lo que le dé su gana. ¿Por qué ofenderse por eso, si es cierto? Es cierto, para aquellos que creen que el dinero otorga ese derecho. Y, si te ofendes por eso…. Es un problema de valores compartidos, no de valores confrontados. No es justo apelar a la frase de García Márquez, quién no conoció el "esperpento" de las prácticas periodísticas en muchos (periodistas, políticos e intelectuales), afines al gobierno revolucionario.

Si nuestros valores andan por un camino distinto al de estos dos "bravucones", al de la infamia servil de Felipe González y al del cinismo de Trump, deberíamos sentir algo, más bien piadoso, por esos dos mortales, y no ofendernos con falacias que nunca nos "tocarían moralmente"; porque "¡eso no es con nosotros!"; porque "¡no somos ni fascistas!, ni tampoco creemos en el poder del dinero"; porque "¡somos seres racionales!".

Si las los argumentos falaces fueran racionalmente lógicos sería muy difícil vencer los poderes constituidos (esos que gobiernan nuestros cuerpos y nuestras almas) racionalmente. Pero, los argumentos falaces no son racionales sino manipulaciones morales y psicológicas, que se apoyan en el poder económico, político, ideológico, que ostenta el enemigo.

Cuando la guerra ideológica es a muerte no se comparte nada, se respeta al enemigo pero igual está destinado a morir.

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Héctor Baíz

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