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Fronteras, la falsedad del voto electoral

Es una rutina parca, todo queda en la intimidad. Los sentimientos existen y los compañeros comparten la misma conversación. La memoria urbana se convierte en un andamiaje, es urgente regresar a los tiempos idos. Lo que sucede son señales inminentes de que estamos perdiendo el vínculo con la vida e iniciamos el preludio de lo agonizante. Necesitamos con urgencia regresar al tiempo de antes en las polleras, ya ignoramos el desarrollo de la ciudad, sí existe una obra construyéndose.

La única vez en vernos en las colas de los tres supermercados, según cédula de identidad y captahuellas. Allí empecé a conocerla y descubrir que intercambiar un producto es fundamental o llevarlo en buseta hasta la línea fronteriza. Es una lucha que hace girar el reloj y, desde esa perspectiva nos engullimos a ser egoístas, descuidando las pequeñas cosas, como compartimos, festejamos, agradecemos, incluso amamos en el pasado.

Celebrar el amor y la amistad en el mercado es tarea de todos los días para las personas de tercera edad, como adulta. Debemos ir muy temprano para comprar algo de la cesta básica, cerca quedan tres mercal y dos Pdval, las mismas personas y comercializadores arrasan con todo, al otro día, deben estar en la línea fronteriza para pasar a Colombia por trochas y el río, no votan en Venezuela, pero el gobierno bolivariano les da casa bien equipada y lo peor, residencias o apartamentos en la Misión Vivienda, una verdadera ganga.

La panadería, tienda de ropa, el restaurante chino y otros pequeños locales comerciales festejan por la facturación del día en el Central Madeirense del Municipio Rafael Urdaneta, esto, se debe celebrar, son cuatro horas de colas a seis para adquirir papel toilette, aceite, solo dos por persona. Allí, quedan los recuerdos de cada mañana y los corazones se alejan ante la expectativa de la fecha de nuestra cédula de identidad.

Amemos la habitual algarabía, vamos a eternizar nuestra memoria colectiva y no torpedeemos los proyectos comunitarios, cuidado, no convirtamos la Democracia Socialista en una alcantarilla de insoportables olores. Como sociedad, tenemos que reorientar el rumbo. En estas colas no hay olvido, las expresiones del pueblo resultan muy negativas hacia el gobierno bolivariano, existe un descontento general.

En medio de éste creciente deterioro del campo político, el gran ausente, sigue siendo por supuesto, el debate prográmatico. Los candidatos a las elecciones públicas, están más enfrascados en el poder que en la voluntad del pueblo.

Los apretones de mano no bastan. La política no puede entenderse sin diálogo o discusión, sin confrontación de ideas. Los debates son para fortalecer la democracia y una cultura de paz.

Ante el festival de los partidos políticos, debe prevalecer la ética e ideología de cada candidato. El poder se debe entender y tiene que ir en un solo sentido, el voto libre, como la nitidez de una campaña electoral victoriosa. El voto, tiene su importancia y debe dibujar la corrupción política en algunos sectores de éste país, más en el eje fronterizo.

Las finanzas públicas, es parte esencial de la construcción democrática, el pacto fiscal debe ser certero entre gobierno y comunidad, se debe eliminar el gasto improductivo y otorgar espacios hacia algunas políticas para que avancemos en victorias electorales. La competitividad es la expresión del liderazgo.

En las colas, todos quieren tomar sus productos e irse de agache para no ganarse el camarón de una ex comunión de ganar la oposición, por esto, estoy en contra de los productos regulados, en las colas solo se habla mal del presidente Nicolás Maduro Moros, según argumentan por el descontento social, las regalías a colombianos y extranjeros, a la vez la situación fronteriza y el cobro de vacunas en zonas urbanas de las principales ciudades de nuestra patria.

Se habla también de los apagones y la afectación de la calidad de vida y daños económicos a grupos familiares.

En el país, nadie quiere perdonar. A lo largo de la historia, nos llevan a adaptarnos a un ritmo artificial para complacer a los demás. Lo imperativo es revitalizar nuestra humanidad, lograr los grandes cambios sociales y estimular el trabajo con amor.

Lo fundamental es el individuo, sin individuo no hay colectivo.

Las fronteras fueron creadas para delimitar el lugar de cada Estado y, no para que grupos insurrectos mantengan su dominio sobre ellas. Allí residen unas riadas de ciudadanos que buscan utópicamente un futuro, tras esas fronteras mortales.

Las fronteras, jamás generan dividendos electorales y hacia Colombia, estamos fracasados en cualquier política implementada para beneficiar a un colectivo, solo regalamos y entregamos cédulas, una nacionalidad pérdida que solo sirve para los usuarios del comercio informal. En Bogotá, no les agrada la gente floja, al igual que en La Habana, todos debemos producir para alimentarnos, luego es lo electoral.



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Emiro Vera Suárez


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