Base de operaciones

**** Ni en su propio aparato de guerra, el Imperio logra la homogenización que aspira imponerle a la humanidad.

Para despecho de quienes piensan en ese mundo uniforme, cohesionado por una idea salvadora, muy contrario al humanismo -propiciador del ascenso del hombre- ni siquiera los militares pretorianos que custodian el Imperio actúan al unísono. La inevitable curva normal, que coloca la conducta de los miembros de los grupos humanos en un continuo entre extremos atípicos, minoritarios, y una mayoría que sigue la inercia que impone la integración de uso –que encuentra en las circunstancias presentes suficiente seguridad para su existencia- esta ausente en esa corporación que ejecuta “las guerra púnicas” lanzadas desde Washington. No se trata de los cientos de desertores que hoy se refugian en Canadá, como lo hicieron ayer, cuando la guerra de Vietnam. Se trata del selecto grupo conformado por los generales, a cuyo cargo está la dirección operacional de esos actos bélicos. En este conjunto, la semana pasada, los medios informaron de un fuerte disenso que antagoniza la posición extrema de quienes piensan, siguiendo el fundamentalismo neoliberal de Donald Rumsfeld, que es la hora de emplear el enorme poder yanqui para imponer a la fuerza lo que se considera el fin de la historia: la plena vigencia del capitalismo como concepto redentor. El despliegue informativo difundió las declaraciones dadas a CNN por el general John Batiste, hasta hace poco comandante de una División del Ejército en Irak, en las cuales pedía la renuncia de l Secretario de Defensa. Expresaba su disconformidad con la política de “intimidación” imperante en el ámbito militar. Una molestia que las informaciones extendieron a otros líderes militares, el Gral. (Infantería Marina) Gerogy Newbold, él del Ejército Paul Easton y, el Almirante Zeams Anthony.
Esta polémica no es nueva, ni en el seno del estamento militar gringo, ni en el ámbito militar a escala global. Es el enfrentamiento entre el soldado profesional, con una mentalidad racional, y el guerrero primitivo de conducta instintiva. Es la confrontación en el medio castrense de quienes ven las instituciones de guerra como un instrumento de la política, y aquellos que las consideran como un fin en si mismas, para garantizar la supervivencia de los pueblos, dentro de una concepción etnocentrista. Un enfrentamiento envuelto en el debate político que opone la idea del imperio, con su aspiración de homogeneizar la humanidad, a la de la república, con su reconocimiento al pluralismo y de la posibilidad de conciliar las diferencias. Los primeros consideran el uso de la fuerza como “la última razón”, en el marco de los procesos de acomodación entre grupos y naciones con intereses diferenciados. Los últimos, la consideran, en un marco darviniano, como la razón de su existencia.. Por ello este grupo de oficiales representa el profesionalismo militar estadounidense, frente a la barbarie impuesta por los mercaderes de la guerra. Los mismos que aquí, desde el Frente Institucional Militar, pretenden controlar el poder con la violencia.


* alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas*


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