Con la frontera cerrada recuerdo a los Páez de hoy

De la película Libertador interpretada por Edgar Ramírez, me quedó grabada una escena donde Bolívar y Santander debaten en torno a la separación entre Venezuela y Nueva Granada. Ante un puñado de expectantes jinetes y apelando no sólo a su convicción de patriota integracionista sino también a la lógica natural, el héroe caraqueño sentencia con enérgico aplomo: "Esto no es una frontera. Esto es un río", haciendo trizas la tesis separatista de la oligarquía de entonces.

Haciendo uso de mi derecho a la imaginación, por estos días se me antoja especular que aquella discusión del siglo 19 se dio justo en el punto que hoy atraviesa el puente internacional bautizado con el nombre del genio de América. De igual manera se me hace inevitable, triste y dolorosamente inevitable, anclar en mis recuerdos a José Antonio Páez, uno de los responsables históricos de que ambas naciones sean eso: dos naciones en lugar de una como lo fueron hasta 1830 cuando el llanero capituló ante sus amos para fulminar el ideal bolivariano de la Gran Colombia.

Hoy, cuando respondiendo a las circunstancias violentas accionadas por el paramilitarismo, Nicolás Maduro decide interrumpir el paso hacia el borde venezolano y viendo las fotos del puente que apenas mide 314 metros, la amargura nos hace un nudo en la garganta. ¡Bolívar siempre tuvo razón! Eso no es una frontera. Hoy, menos. Hay casas de lado y lado. Hay gente de lado y lado. Existe la misma historia de lado y lado. Sólo tres cuadras las "distancian". Bien puede un vecino de "acá" decir que va a casa de su compadre a jugar dominó "allá" o viceversa, y todo ¡en un momentico! porque ciertamente allí lo que hay es un río que en lugar de fraccionar, lo que hace es bañar de frescor las dos orillas.

Debemos trabajar para que la decisión presidencial obtenga los resultados buscados, pero qué lindo y qué hermoso hubiese sido que ninguna pesadilla paecista hubiese puñaleado los sueños unionistas de nuestro principal Comandante. A 185 años de la componenda que transformó los ríos en fronteras, debemos estar vigilantes para que los Santander y los Páez que persisten en los pitiyanquis de hoy no aniquilen nuestras esperanzas.



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Ildegar Gil

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