Ricardo Sánchez entre furia fascista y la inmadurez

Siendo muy joven, cuando solía ver las cosas en una sola dimensión y reaccionar destempladamente, proceder como muy coherente con ese instante temprano de la vida, pero cuando en veces uno cree saberlo todo, si algo no cuadraba en mi enfoque descuadrado, tuve oportunidad de leer, por indicación de un amigo que me llevaba algunos años, un trabajo anecdótico relacionado con la vida de Lenin. Unos dos o tres cuadros militantes del partido bolchevique, con frecuencia, reclamaban al líder ruso interviniese para destituir a un diputado de la Duma por aquel partido porque, según ellos, era un agente enemigo.

-“No poseemos pruebas contundentes que eso sea cierto. Es más, lo que dicen no parece convincente.”

Así les respondía Vladimir Ilich a aquellos celosos camaradas.

La última vez que a él acudieron por el mismo asunto, Ulianov les respondió de manera tajante y definitiva:

-“Mientras ese camarada lleve a la Duma nuestra posición y con la brillantez que lo hace, seguirá allí pese a los comentarios en su contra”.

Aquel trabajo estaba dirigido a contrarrestar a los sectarios y a quienes como yo, en ese entonces, veíamos las cosas por una sola cara y acostumbrábamos más a darle rienda suelta a lo visceral y nuestra rabia. Según la anécdota, el personaje cuestionado ante Lenin, resulto una de las grandes figuras de la “Revolución Rusa”.

Quienes me leen con frecuencia, saben bien de mi pertenencia al Psuv, pero también de actitud crítica frente al gobierno y la dirección del partido a diferentes niveles. Pero bueno es culantro pero no tanto. Es muestra de inmadurez y en algunos casos de mala fe, buscar siempre las cuatro patas al gato o ver en aquél de quien discrepamos, por asuntos aunque importantes, un sujeto sólo dispuesto a hacer cosas inadecuadas.

Este proceso se ha distanciado, por distintas razones, inherentes a errores de quienes le conducen, el peso cultural del sistema y hasta la enorme capacidad publicitaria de la derecha toda, de importantes sectores de la sociedad que deberían estar cerca de él. Ha habido errores políticos y tácticos tan graves que han facilitado que grupos y personas que deberían estar de este lado estén en la acera de enfrente. Recuerdo que un personaje de quien no hay ningún motivo para dudar, como el general Müller Rojas, renunció al Psuv, porque éste, según él, “era un nido de alacranes”. Sé, por experiencia, que por sectarismo y hasta mezquindad de algunos dirigentes se les negó la entrada al partido V República a figuras que ahora comparten militancia en la derecha con los primeros. Como sabemos de otros, tenidos como niños mimados, que terminaron huyendo “con la cabuya en la pata”.

Este escribidor, maestro de escuela, sempiterno inconforme y combatiente sin paga, nunca candidato a nada, se pasó la vida escuchando a miembros de esos grupos que formaban parte de la izquierda dispersa y ahora están en el gobierno, argumentos para refutarle los suyos, como aquel sistemático, “lo que pasa es que fuiste adeco”. Individuos que creían que el pensamiento científico y específicamente marxismo, racionalismo, objetividad y dialéctica, sólo se expresaban en sus discursos. “Fuiste adeco”, me enrostraban porque salí de AD a fundar el MIR, para ellos era una lápida merecida y una manera de descalificar nuestra opinión. Si no había argumentos cualquier barbaridad servía.

No estoy seguro si Ricardo Sánchez deba estar en las planchas del Psuv. Aunque según lo que he visto, tampoco es muy generosa la posición en la que le inscribirán; según pude percibir, iría de cuarto en el circuito. Posiblemente abunden candidatos para que muchos les consideren más apropiados para estar donde a él, la dirigencia del Psuv, le ha puesto. Es natural que alguna gente o camarada tenga preferencia por otros. Si esa inconformidad no se diese sería motivo para preocuparse. Como mortifica y preocupa que nadie se atreva a objetar ciertas candidatas (os) no escogidas (os) en las elecciones internas pero sí por la dirección nacional y sin aval alguno para entenderlas y menos aceptarlas.

Parece demasiado inmaduro, pese la juventud de quien lo sostenga, decir que Sánchez no debería ser candidato porque un tiempo atrás estuvo entre quienes promovían las guarimbas o “manitas blancas”. Es lo mismo que decía la vieja izquierda, de esa que ahora, estando o no en el gobierno, quiere seguir siendo juez de todo el mundo, incluso formada por quienes habían salido del MIR, formaban parte de grupo por división de ese partido, de nosotros, quienes sí estuvimos en AD. Lo más jocoso es que esa apreciación y hasta descalificación, pretendían sustentarla en el pensamiento revolucionario. Hasta un viejo carcamal, egoísta, reaccionario y cizañero como Rómulo Betancourt, le escuché decir una vez que a nadie se le debía tapiar por su pasado. No es de revolucionarios, combatientes por la verdad, descalificar a nadie por lo que hizo en el pasado, ignorando lo que hizo recientemente y hace ahora. Eso, justamente, es el proceder de los fascistas.

Hay un joven diputado, creo que por el Estado Sucre, donde nací, de apellido Núñez, que está en la Asamblea Nacional por los votos de la oposición. Un buen día, desconozco las intimidades, optó por incorporarse a las fuerzas del chavismo y ayudó a formar la mayoría necesaria para que el presidente Maduro pudiese tener derecho a aprobar leyes habilitantes. Al margen que uno pueda pensar si eso resultó eficaz o no, de lo que se trata es que ese joven aportó al proceso revolucionario ese importante respaldo en un momento estelar. No es fácil dar ese paso, menos en el instante que él lo hizo. Tampoco abundan quienes, en la Venezuela de ahora, se atreven a tomar decisiones como esa.

Ricardo Sánchez, asumió el rol de diputado principal en sustitución de María Corina Machado por las razones que todos conocemos. Haberlo asumido no era cualquier cosa; no por lo que personal o individualmente pudiera significar el personaje, que en nuestra evaluación no es gran cosa, sino por lo político, contenido de clase y de relaciones de la sustituida a nivel nacional e internacional. Después de ese momento, aunque antes dio algunos avisos, Sánchez comenzó a desplazarse hasta llegar a la posición que ahora tiene. Para avalarlo, adelantándome a quienes pudieran pensar como aquellos que acudían a Lenin, en nuestro cuento del principio, me pliego a los argumentos del gran líder bolchevique.

Para los revolucionarios, con todas nuestras dudas, inconformidades, discrepancias y hasta frustraciones, los gestos de Núñez y Sánchez merecen un aplauso y ellos, como políticos jóvenes, son dignos de nuestro reconocimiento y aprecio. La historia se encargará de escribir lo que ahora no es posible.

En concreto, es aceptable, tolerable y justo que cualquiera de nosotros se muestre inconforme con la candidatura que se nos antoje y, por el contrario, partidario de otra. Está muy bien. Pero es malo, censurable, anti histórico, mezquino y sectario, expresarse de mala fe, con odio y rechazo a alguien que, una vez nos fue adverso, pero ahora quiere pegar su hombro al nuestro.

Con Ricardo Sánchez debemos comportarnos solidarios; nos tiende la mano y no cabe otra respuesta que tenderla abierta la nuestra. Mientras los fascistas intentarán caerle encima, nosotros por inmaduros, a quien busca, espera apoyo y dispuesta está a brindarnos el suyo, no podemos tirarle las puertas en las narices o manifestarle un sentimiento malsano sin justificación.

Ese proceder huraño, tribal o forma de pensar primitivo y mezquino, no es tampoco propio de la vieja izquierda, al contrario, en esencia le es extraño, es más de algunas especies que en ella se anidan, a las que es necesario hacerles un exorcismo.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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