La piñata es Venezuela

Más de 30 millones de venezolanos, no sienten remordimiento de reventarle el alma a nuestra hermosísima Venezuela, con la furia de todos los cartuchos de sangre fría, que disparamos bien duro y por todo el centro, en cada bendito rincón del tricolor patrio.

Seguimos vapuleándola a plena luz del Sol, mediante la agresiva confrontación política, la crisis económica, la descomposición social y el boicot cultural, que amenazan con romper la espada de Bolívar y derrumbar la utopía del Libertador.

¿A quién no le tocó aporrear una cargadita piñata con un palo o garrote en una divertida fiesta infantil? Dicen que si no participaste en una piñata cuando fuiste niño, simplemente NO tuviste infancia. Desde hace más de un siglo, las piñatas constituyen en gran parte de Iberoamérica, el eje central de la diversión que acompaña a las fiestas infantiles de cumpleaños, a las festividades navideñas en diciembre, al recordado Día del Niño en el mes de julio, y a cualquier otra fecha especial en la que los pequeñines de la casa, sean los protagonistas del jolgorio, de la parranda y del sano entretenimiento entre familiares, amigos y vecinos.

Sin embargo, del supuesto “sano entretenimiento” que atesoran las famosas piñatas en la geografía criolla, surge la primera interrogante en el artículo presentado: ¿Realmente las piñatas representan un juego lúdico para la recreación de los niños bolivarianos? Lo preguntamos, porque a veces lo que consideramos tradicional, común y apto de realizar en una actividad social, no necesariamente refleja el espíritu genuino, popular y sacro de las personas que ponen en práctica esa actividad social.

Nos seguimos preguntando ¿Es moral y éticamente correcto el uso de piñatas en las fiestas infantiles? Parece que entre tantos colores, papelillos y sorpresas que decoran las asombrosas piñatas, existe una verdad oculta que por décadas se ha intentado borrar del firmamento racional de la colectividad.

De generación en generación, las familias venezolanas no cuestionan en absoluto la gracia salvadora que brota de las piñatas, exaltando la idiosincrasia que enaltece a sus pueblos, y rememorando las historias aparentemente positivas, que llenaron de sonrisas a los invaluables recuerdos del ayer.

Por desgracia, la contradictoria línea emocional de esa afirmación, nos obliga a demostrar que reventar una piñata NO es el inofensivo juego de niños teorizado por la Humanidad. De allí, que a continuación explicaremos las 5 grandes razones holísticas, que comprueban el grave peligro que simbolizan las piñatas para mantener la salud mental de la infancia.

Primer motivo: Las piñatas agudizan el comportamiento agresivo.

Aunque parezca una sana costumbre al momento de celebrar los cumpleaños infantiles, no hay duda que las piñatas manifiestan el comportamiento agresivo de las personas, quienes intentan esconder ese cohibido estado emocional, en una agradable fiesta junto a los seres queridos. Como sabemos, las piñatas exteriorizan la violencia reprimida de padres e hijos, siendo una forma de extrapolar los correazos, las nalgadas, las golpizas, los insultos, los empujones y las vejaciones, que recibieron por los sangrientos puños cerrados de sus progenitores.

Las piñatas promueven la violencia desde edades tempranas, pues los niños se comportan como animales en celo desesperados por atrapar, golpear y matar a la indefensa presa, lo que predispone el resentimiento, el desquite, la venganza y el ensañamiento en contra de los demás, que tarde o temprano, se pagará en casos de Bullying o acoso escolar en los colegios, en violencia doméstica cuando los muchachos lleguen a la etapa de la adultez, y en graves trastornos de personalidad que los afectará en el entorno social que albergan.

Segundo motivo: Las piñatas generan grandes daños psicológicos.

Los niños llegan a desarrollar temores al vendarles sus ojos, para que no puedan atinarle a la colosal piñata. No solo se proyecta la inseguridad, sino también la angustia y la desesperación, que los afecta anímica y espiritualmente en su proceso de crecimiento físico e intelectual.

De hecho, es frecuente que se sientan presionados y humillados al ser objetos de escarnio público, debido a la histeria colectiva ocasionada por la infinidad de gritos, cánticos, aplausos y silbidos que reciben descontroladamente, para que terminen de romperle la mandíbula a la inquieta piñata.

Por eso, es usual apreciar que los niños lloren, se sobresalten o se muestren ariscos después de efectuar el acto de la piñata, y lo peor, es que sus papás son tan poco receptivos, que jamás hablan con el niño en la propia fiesta o tras llegar al hogar, para monitorear sus sentimientos y resolver el posible daño psicológico adquirido.

Tercer motivo: Las piñatas enferman a los niños.

Vemos que el desmesurado comportamiento agresivo que denotan los niños frente a la inocente piñata, es lamentablemente premiado por los padres, quienes descargan en el suelo una gran cantidad de golosinas y frituras, como recompensa para los muchachos por haber tumbado la piñata, que colgaba en las alturas de la decadente barbarie humana. Vale aclarar que esos caramelos, refrescos y chucherías, van poco a poco enfermando a los niños, ya que generan adicción a la diabética azúcar, provocan caries en los arcillosos dientes, e incrementan los problemas gástricos en el ulcerado estómago.

Además, es muy chocante visualizar el salvajismo de los niños, que inician una acalorada lucha cuerpo a cuerpo en los cimientos del piso, buscando mendigar y agarrar el mayor número de golosinas posibles, lo que produce envidia, enemistad y rencores entre los combatientes infantes. El chiste es cazar todo lo que se pueda cazar en Tinaquillo, justificando el fin por el medio para conseguirlo, y así no quedar con las manos vacías frente a los codiciosos ojos de sus padres, siendo un triste mensaje decodificado lleno de egoísmo, ya que ninguno de esos niños se atreverá a compartir el tesoro obtenido con el resto del batallón.

Cuarto motivo: Las piñatas representan un despilfarro monetario.

Es un malgaste de dinero para la familia, pues generalmente compran las piñatas en tiendas de festejos, o las mandan a fabricar con diseños personalizados, lo cual aparte de representar un elevado costo económico, tanto en su confección como en su posterior relleno con golosinas, nunca dejan un recuerdo positivo ni en la psique ni en los bolsillos de los padres.

Aunque las piñatas son muy bonitas por fuera, el único recuerdo fotográfico que dejan para la posteridad, es la mezcla negativa de destrucción, rabia y odio desmedido en el corazón del cumpleañero y de sus invitados. Esa nefasta situación se intensifica, gracias a los antivalores encarnados por los personajes transculturizados que suelen emplearse para diseñar las piñatas, abarcando a los belicistas Capitán América, Hulk o Spiderman, pasando por la tonta Tinker Bell, Hello Kitty o Dora La Exploradora, y llegando hasta el manicomio de Cars, Dragon Ball, Winnie the Pooh, Ben 10, Frozen, Los Padrinos Mágicos y Max Steel.

Toda una oda a la banalidad rastrera de la corporación Disney, Pixar, DreamWorks, y de los hiperactivos personajes manga y del animé asiático, que castigan con fuerza al discernir de la infancia latinoamericana.

Quinto motivo: Las piñatas alejan a los hijos de sus padres.

Seamos sinceros, en las fiestas de cumpleaños TODO es cuestión de apariencias sociales, que se retribuye con la lista de amigos, familiares, vecinos y colegas invitados a tal celebración. Existe mucha superficialidad al fingir conductas, actitudes e intereses que distan mucho de la realidad emocional que gravita en ese instante. Es lógico creer que los niños no se sientan queridos por romper una piñata, por reír con el payaso, o por comer una torta.

Ya que por el contrario, ellos se sienten presionados a fingir emociones que se convertirán a futuro, en la hipocresía y en el cinismo muy bien aleccionado por culpa de sus magistrales padres. De hecho, los padres tampoco disfrutan esas celebraciones, ya que viven atareados pretendiendo que todo salga a la perfección, y NO se preocupan en disfrutar verdaderamente ese inolvidable acontecimiento con su hijo.

El motivo de celebrar un cumpleaños, es para pasar tiempo de calidad con el hijo, sin necesidad de amistades, regalos y piñatas. Es mejor un abrazo sincero sin el flash de una cámara fotográfica. Un beso sincero sin que el rostro quede marcado de labial rojo, y vociferar un TE QUIERO directo a los ojos del niño, sin temor a mostrar debilidad frente a los acompañantes.

Es cuestión de agraciar la dicha de tener un niño, que pueda crecer dentro de un ambiente sano, donde se atreva a dar amor y a recibir amor. Es frecuente que los padres le rindan pleitesía al bebé, durante los nueve meses del inmaculado embarazo. Pero después del divino alumbramiento, vemos que los sueños, las ilusiones y la paz que santificaba al niño, se convierte en un vendaval de gritos que incluye “Cállate la jeta”, “Deja de joder”, “Eres una ladilla”, “Te voy a dar una buena tunda”, “Vete a la mierda”, y demás resquebrajos de sinceridad materna y paterna.

Conclusiones

Sin darnos cuenta, la cargadita piñata festiva transforma a los inocentes niños en máquinas egoístas, vengativas y frívolas, que seguirán llevando esa maldita tradición capitalista de generación en generación. Nunca les preguntamos si realmente quieren participar en la piñata, si realmente desean que les recubran los ojos, o si realmente quieren experimentar un atroz comportamiento violento. Los padres piensan que todo es “normal”, sin imaginarse el anormal daño psicológico que representa esa endemoniado ritual iberoamericano.

Te pregunto lo siguiente: ¿Qué opinas del trinomio Bullying, Corridas de Toros y Piñatas? ¿Qué opinas del trinomio Delincuencia, Corrupción y Piñatas? ¿Qué opinas del trinomio Malandro, Guarimbero y Piñatas? ¿Te parecen asociaciones lógicas o ilógicas?

Los papás nunca cuestionan los gratos momentos que vivieron en su niñez, para no reconocer lo ingrato que fueron sus padres al exponerlos a esas escaramuzas. La piñata NO es un juego infantil. Es una aberración social que destruye la salud mental de los jóvenes, y los predispone a ser agresivos por naturaleza.

Solo te pedimos que lo pienses por un instante. Sabemos que es difícil rechazar las costumbres que recibimos de nuestros ancestros, pero también debemos aplicar el pensamiento crítico, para recoger lo positivo del oasis y desechar lo negativo de la vida. Si de verdad quieres lo mejor para tu hijo, entonces olvídate por completo de organizar fiestas con piñatas.

Ojalá y aprendiéramos a respetar el interior de una mágica piñata, que supera los 900 mil kilómetros cuadrados de amor revolucionario. Sería muy valioso que usted y yo respetáramos sus legendarios recursos naturales, su indomable biodiversidad, sus aguerridos símbolos patrios, y su gran soberanía territorial.

No olvidemos que los niños de la calle viven en las calles venezolanas. No viven en Miami, en Panamá o en Aruba. Ellos están viéndote comer como un cerdo en la cajita feliz de McDonald's, están viéndote inflar el castillo inflable desde la soledad de la injusticia, y están viéndote frente al espejo justo detrás de mis palabras. Hoy es un buen día para que seamos más empáticos con los desamparados, mucho más pacifistas con el prójimo, y muchísimo más tolerantes con todos y cada uno de los venezolanos.

 



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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