El valor de la fama

No busques la Fama, ella te encuentra… O te ignora, te deja fuera de la memoria de los pueblos.

La Fama y el Éxito.

La fama la hacen los pueblos y su memoria. El éxito se fabrica. Fama y éxito se contraponen, son opuestos. El Éxito estimula emociones y las mismas emociones lo conservan en el tiempo. Es falso, es fabricado y manipulado por el poder. El éxito dura lo que dura en el tiempo el dominio de poder que lo sostuvo.

No es así la Fama. La Fama es memoria. La fama es memoria y es una heredad. De la Fama se nutren los pueblos. Lo único que hizo grande a los héroes de Troya fue la Fama de sus descendencias y la de sus enemigos. No hay héroe que lo sea sin haber vencido la Fama de su contendor, de su enemigo. Vencer a un pendejo no da Fama. Solo la Fama da Fama.

La fama de Bolívar lo hizo imborrable de la memoria de los pueblos por vencer la Fama del heroísmo y la furia del ejército español. Ni siquiera pudo con ella el poder de sus enemigos. Quedó en sus obras, en sus cartas, escrita es sus memorias, recordada sus anécdotas, en la memoria de sus amigos, de sus fieles, en el recuerdo de sus costumbres, en el rigor de su carácter, de su fuerza. Venció la mezquindad de sus enemigos, que es bastante.

La fama de Jesús, el Cristo, es tan o más poderosa que la de Bolívar ahora. A Bolívar lo tenemos cerca, pero muy cerca de nuestra historia contemporánea, a pesar del largo silencio al cual fueron sometidas sus hazañas militares e intelectuales. Pero de las gestas de Jesús hace más de 2000 años y su fama está intacta. La de Aquiles, la de Alejandro, la del cacique Guaicaipuro. La Fama del Negro primero. Pero también la Fama de Francisco de Asís y la del Quijote.

Es la Fama una cualidad de los grandes hombres y la sella el valor de sus actos y su carácter. Su terquedad, el tamaño de sus empresas, el sentido de sacrificio que tiene siempre como sello, su carácter humano.

La Fama de los hombres se la debemos a aquellos que retaron al capricho animal y la furia divina, a la inmortalidad de los Dioses. A Sísifo y a Ulises, al desafío humano a lo imposible, a los imponderables.

Sin embargo es común pensar que nuestros contemporáneos están negados de la fama. Porque los conocimos, porque hablamos una vez con ellos, porque creemos que sus cualidades pueden ser las mismas nuestras. Por eso es común creer que el éxito de un contemporáneo, de un igual, de un compañero de estudios, le otorga la gracia inmortal de la fama. Que el éxito es sinónimo de Fama. Y no es así, el éxito es un logro inmediato o mediato. La Fama significa vencer al destino, es un logro que rebasa a lo personal por haberse fundido la vida misma con los propósitos que la alentaron. La Fama es ejemplo de humanidad por ser ejemplo de constancia, de tenacidad.

El éxito es fabricado, es de gusto social. Se compra y se vende. No dura. Es tan breve como la moda, como la demanda y a oferta. El éxito mata, devalúa la acción humana, mientras la fama otorga la inmortalidad más poderosa, es decir, la inmortalidad humana. Es la envidia de los dioses.

El éxito es tan efímero que los dioses lo toman como bagatelas mortales. Mientras que le temen a la Fama de Ulises, a la inmortalidad humana de Ulises (es decir, la misma de Jesús, de Bolívar, del Che, de Fidel, de Chávez…). Aquellos que ahora han quedado atrapados por el éxito, encantados por Circe, convertidos en cochinos, esclavos de sus encantamientos, encantados por la Fama son incapaces de alcanzarla, se despertarán desnudos y solos en medio de una isla desierta. Morirán sin fama ni gloria. Por cobardes, por no creer, por débiles, por flojitos de carácter y espíritu.

Cómo reconocer la Fama en nuestros contemporáneos…

Solo reconozca la voz de los pueblos que ya pasaron y que hemos heredado en voces nuevas. Un pueblo que no pierde la memoria de sus maestros, de sus padres morales, ha cuidado de alguna manera la Fama de sus héroes, hasta la pueden avivar y heredarla a sus descendencias. Así reconocimos a Bolívar en Chávez y le otorgamos Fama en herencia.

En cambio el éxito es nuestro pan de cada día. Lo vemos a diario en las redes sociales, en el chisme, en la envidia, en la fascinación, en la adulancia. Pero el éxito de muchos de nuestros políticos y dirigentes, de nuestros gobernantes ahora está destinado a desvanecerse, como el algodón de azúcar en la boca. El éxito, como fue dicho ya, se crea, se inventa, se provoca. El éxito es un engaño, es el fabuloso traje invisible del Rey desnudo.

La Fama de Chávez

...Mientras que la Fama de Chávez crece. Está más documentada que la de Bolívar, que es bastante decir. Chávez no fue un discurso, Chávez fue ¡todos los discursos! Fue su faena de exponerse sin complejos, de exponer su vida, sus aciertos, sus errores y contradicciones, sus correcciones y avances, sin vergüenza. Chávez es su verdad expuesta, La Verdad. A Chávez lo recuerdo como el campeón de la honestidad, del hombre desnudo de parapetos, incapaz de disimular. El maestro de la comunicación verdadera. Su propio asesor de imagen. Su propio director. El dueño de sus actos expuestos en público, como sus cuadros. Carácter.

¡Claro que su Fama lo trascenderá! De Chávez han escrito los malos y los buenos. En 14 años pudo hacer de su vida mortal un ejemplo inmortal, y uno lo sabe, muchos lo saben conmigo. Y si uno lo sabe lo saben muchos, no somos especiales. Ver la Fama en Chávez es, de cierta manera, un logro extraordinario estimulado a conciencia por él mismo, como si hubiera sospechado el ritual burocrático, burgués, hipócrita, para querer detener, de congelar su espíritu en una estatua de bronce, en una momia, como lo hicieron con Lenin. A pesar de que lo quieren tirar definitivamente al sótano de los peroles viejos, Chávez está y estará ahí en su Fama. Su Fama es real.

Y los "otros", lo sospechan, por eso se suicidan políticamente buscando el éxito con algunos clientes importantes. Es como ganarse un Kino millonario, y luego no querer pensar, hasta morir por los excesos de satisfacer el enorme hueco de sus fantasías. … de calmar las insatisfacciones heredadas de su bonita y acogedora familia, las insatisfacciones de ser solterones de la revolución.



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Héctor Baíz

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