Por el bachaquero fondillú. El enredo este que tenemos con el socialismo

   Me decía no hace mucho, y es así, no hace mucho, apenas una hora, un muy reputado historiador y analista político, tanto que va y viene por gran parte del mundo dando conferencias en espacios y universidades de gran prestigio, sobre América Latina y casi obligatoriamente sobre Venezuela porque aquí vive, ha escrito y publicado unos cuantos libros, que en definitiva “nosotros no tenemos idea precisa de cómo debe ser el socialismo y menos acerca de la forma de construirle”.

          Me dijo eso, porque es la conclusión a que hemos llegado de tanto discutir sobre ese tema y revisar las experiencias por ambos conocidas. Por supuesto, él mucho más que yo, porque en definitiva sólo soy un “piche” profesor de Escuela Media, intentando pasar de infraganti al bando de la narrativa. El comentario político, es cierto que me atrae, quizás por aquello de “metío” en abundancia que, en buena medida, tenemos los venezolanos y sobre todo los orientales. Los caraqueños y otros nacionales, solían decir en mis tiempos de muchacho, que los cumaneses éramos por esencia “lisos” y eso significaba primordialmente “metiches”.

         Esa condición de metiche me lleva en veces a meterme en camisas de once varas, en las cuales entran sin holgura los teóricos, analistas como mi amigo, políticos nacidos con la “Rosa de los vientos” pegadas en las narices lo que no les salva de andar siempre perdidos en espacios donde todo pudiera estar marcado.

            Por eso, esta condición mía de “preñado de arrogancia”, aunque también de “buena fe”, me lleva a incurrir en el filibusterismo de intentar describir – esta es la palabra - el enredo que los venezolanos “manejamos entre manos” - pocas veces he creído usar buena la expresión – relacionado con el socialismo.

            Entre voceros del bando oficial, no es extraño oír que estamos “construyendo el socialismo” y se señala como muestra de ello acciones, políticas que en nada coliden con la esencia del sistema capitalista. Como una audaz y generosa de vivienda y una bondadosa de proteger a gran parte de la población con las pensiones de vejez y otras más. Políticas plausibles, extrañas en el marco de la América Latina y gran parte del mundo, pero que en ningún caso muestran que estemos cambiando las relaciones profundas y determinantes de la sociedad; ellas pudieran ser asimiladas por cualquier gobierno capitalista no neoliberal. Aunque esto no significa que en nuestro caso, todo el marco no demuestra una sana y valiente intención de trascender el capitalismo.

           Al presidente, quizás más cuidadoso, le he escuchado afirmar que “estamos en proceso de transición al socialismo”. Expresión no solamente diferente a la anterior sino que establece una relación más adecuada, comprensible y hasta creíble con las pruebas.

           En la calle, las multitudes, por lo confuso, a veces hasta irresponsable del discurso suelto entre ellas, la definitiva definición del partido de gobierno  como socialista, parecieran creer que esas políticas que mencionamos y otras muy buenas como lo soberano del manejo de la industria petrolera, el uso de la renta proveniente de esta primordialmente para la inversión social, hacen de la sociedad nuestra una socialista. Y esto, coincidimos mi amigo académico y yo, es bueno, pese la confusión.

            Pero como dijimos tiempo atrás que nos proponíamos marchar al socialismo, la derecha improductiva y “ariota” de privilegios, en buena percepción concibió aquello contrario a sus intereses. Pero ella es pequeñita, los grandes aprovechadores de la renta petrolera han sido pocos y se agrupan en familias. Entonces, había que sumar gente a su causa.

           Por eso, asociaron socialismo con comunismo, pero no con el sueño de Marx, aquel de “a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a sus capacidades”, que por bello muchos inteligentes le califican de utópico, sino con lo que llamaron el “socialismo real” de la post guerra. A privaciones, escasez y colas, por solo nombrar estas.

         De manera que han intentado desmontar el discurso por el socialismo con ese cuadro absolutamente ajeno a esa bella aspiración humana.

         El capitalismo tomó verdadero cuerpo en Europa, después de más de doscientos cincuenta años de comenzar a germinar, con la conquista, colonización y el genocidio de América y la Revolución Industrial.

        El socialismo es algo nuevo; no cosa del pasado como dicen sus oponentes. El asunto es que en su implementación hay un enredo, tanto que sus promotores se dividen y subdividen a velocidad supersónica.

        El enredo es tal, en el caso de Venezuela, que “teóricos”, digo yo no sé, como Toby Valderrama, parten de la idea que el presidente Chávez dejó todo listo para enrumbarnos al socialismo y Maduro en la sorpresa que se llevó botó los papeles. Por eso el primero de los nombrados usa habitualmente una frase que me produce, vamos a decir asombro para no meterme en vainas, “el socialismo se construye con más socialismo”. Obviamente parte de la idea que hay o hubo socialismo y la única forma de avanzar es apurarlo. Aunque es posible, qué sabe uno, crea que con Maduro, comenzamos a caminar como el cangrejo.

            Es decir, hay “chavistas”, creo que el Toby lo es, quienes piensan que si estamos en socialismo aunque sea chucuto y una multitud, como ya dije también así lo cree.

            La derecha dirigente, no lo cree. Ella sabe dónde estamos porque los capitales y los grandes beneficios son de ella. Está consciente que la crisis la provoca y el gobierno por diversos factores está atado para encararla. Al hablar de la “dirigente” lo hago de quienes en verdad tienen los rábanos por las hojas, los grandes propietarios y no amanuenses como el Chúo Valderrama y Ramos Allup, quienes de paso, tampoco aquello creen.

            Pero gran parte de la clase media, aunque me provoca decir casi toda ella, si lo cree; se lo dicen las “privaciones, la escasez y las colas”.

           -¡Esto es fin de mundo, comunismo puro!” dice la clase media “como la zarzamora, por los rincones”.

          -“Acaso no es eso lo que se veía en la URRSS”, afirman sin analizar el porqué de aquello.

          Tampoco analizan que los que ellos ven y sufren como nosotros, son los resultados de una economía netamente capitalista que se niega a producir porque prefiere importar, ganar con poco esfuerzo, desviar dólares hasta preferenciales que deberían invertir en mercancías, para venderlos en el mercado paralelo a la tasa que fije “Dólar To Day”; acaparar productos con fines especulativos y políticos vulgares,  generar inquietud, zozobra y pintar el cuadro que se inventaron y les conviene contra el socialismo. Aunque también es verdad, tal como adelantamos arriba, el gobierno tiene su buena responsabilidad porque hundido en sus contradicciones y hasta distracciones, no logra “pegar pie con bola”. Lo que nada tiene que ver con el socialismo, Marx, marxistas y hasta marxólogos como dijese Ludovico Silva.

         Por supuesto, habría que atender al reclamo proveniente de varios sectores, acerca de la necesidad de un discurso y proyecto que no haga de la clase media, importante para el cambio de la sociedad, una adversaria; no la lance a los brazos del enemigo.

         Por su parte, los bachaqueros están felices. Piensan que si esto es socialismo “pa´ lante con los faroles”. “¿Cuándo se había visto, bajo cuál gobierno, que uno haga dos o tres colas al día, lo que no significa esfuerzo alguno, nada de esa vaina de estar creando y produciendo, para ganar tres y cuatro veces o quizás más que profesionales bien calificados?” ¡Sí así llueve, nunca escampe!”. Por supuesto, ellos que han escuchado de lado y lado, unos hablan bien y otros mal, que esto es socialismo, no tienen empachos en gritar, cada vez que se meten su buena paca en los bolsillos:

        ¡Viva el socialismo!



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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