Proceso digestivo del bachaqueo marcha sobre ruedas

Claro, debo advertir, es deber y obligación, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Aunque, aun siendo así, para decirlo grandilocuentemente, como gustaba hacerlo a un viejo amigo y maestro, estamos ante una "trascendente contradicción dialéctica".

Es la tercera vez que Gregorio, en el día de hoy hace cola. Comenzó a las seis en punto de la mañana, cuando le llamaron, desde donde siempre lo hacen, para advertirle que se apostara en la puerta del Abasto Las Mercedes, porque a las 8 a.m., en punto, ni un minuto menos ni más, llegaría el camión a llevar la parte de la mercancía que la gerencia del negocio pidió hace más de una semana. Lo del bachaqueo tampoco es mantequilla, dice Gregorio, "hay que levantarse temprano, arrear a la gente, hacer una colita aquí, luego los trámites que aquí se narran, para estar luego en otra cola".

Le advirtieron que se llevara su gente, pues Gregorio no trabaja sólo, tiene una patota de unas treinta personas que controla y moviliza con la eficacia y disciplina de un comandante de tropa. Cuando se apostó con los suyos, a las puertas del negocio, la gerencia supo que le llegaría la mercancía que llevaba días esperando. Eso sí, desconocía qué le llegaría y cuál de sus tantos proveedores le había despachado para ese día. Por eso, sin recato, ni duda alguna, se acercó a Gregorio y le preguntó al respecto.

-"Señor, ¿Qué me han enviado y quién?"

Gregorio se sintió importante y percibió que su prestigio entre los suyos ascendía; eso, sólo eso, le permitiría convencerlos que su margen de ganancia en el negocio debía ser mayor. Esa es la ventaja que aporta tener la información. En todo caso, eso no sería problema, porque ellos sin él, que tenía los hilos en la mano, donde aparecerían las cosas en unos cuantos sitios, le daba la ventaja. Que los suyos supiesen que él sabía lo que la gerencia del negocio desconocía, era para él, no un simple motivo de orgullo, sino para aspirar a ganar más en ese asunto del bachaqueo. De su patota de treinta bachaqueros, solo declaraba quince a la mafia bachaquera mayor, que le financiaba y los restantes tributaban exclusivamente para él.

Hacía cola, aunque bien pudiera no hacerla, sino vigilar desde fuera, cerca de donde se apostaba la lujosa camioneta enviada por sus "padrinos" a recoger la mercancía, para ganarse un adicional, debe acumular rápido, pues uno de aquellos "padrinos" le ofreció en venta una camioneta como de las que allí esté parada esperando la mercancía, por cuatro millones y medio de bolívares de esos que indebidamente siguen llamando fuertes y le dio un plazo de quince días para cerrar el negocio.

Para llegar a jefe alto por algo se empieza. Para que el negocio del bachaqueo se agrande y deje de serlo, de manera que el bachaquero, como Gregorio, llegue a empresario, aunque sea del bachaqueo, porque sus amigos dicen que tiene un bachaco en la cabeza, requiere tener, entre otras cosas una de esas camionetas, para cargar pero también para impresionar.

La segunda cola la hizo a partir de las dos de la tarde en otro negocio, donde la gerencia también le conoce. En este, en el cual "manda" un chino, pese y todo, también se entera de los detalles y pormenores de lo que habrá de llegarle por Gregorio. Este pues es como la Guácara. Cantó Luis Mariano Rivera que la guácara, un pequeño caracol, sale para anunciar la lluvia. Para muchos comerciantes de Barcelona y Puerto La Cruz, la mayoría de ellos nada santos, Gregorio es el aviso qué algo va a llegar ahora. Es más, si le preguntas te dirá en detalle todo. La hora de salida del camión, de dónde, cuando llega y qué y cuánto trae. Gregorio es pues la guácara que anuncia a comerciantes lo que habrá de llegarles y cuándo. Por supuesto, eso no lo puede evitar Gregorio, a los treinta suyos, sin que él lo sepa a ciencia cierta, tampoco le importa, también se llevan su gente. Por eso, donde él se planta al poco tiempo hay una cola descomunal.

A las cuatro de la tarde, hoy, Gregorio inicia su tercera cola. Ya sabe que el camión llegará en una hora a la hiperfarmacia con papel higiénico, pañales desechables, leche en polvo y muchas otras cosas que la gente busca como loca. La gerencia allí tampoco sabe los detalles y por eso sale a preguntarle al joven que encabeza la cola.

Allí cerca está la camioneta que se llevará la mercancía que, sus quince declarados colaboradores al "sistema", le entregarán a él. Pues su contacto, el de la camioneta, muy parecida a la que piensa comprar, quien no es más que un agente de los de más arriba, los que informan y aportan el dinero, no tiene ningún contacto con "los suyos". Es asunto de seguridad.

Cuando la camioneta parta con su carga hacia el centro de acopio, Gregorio se ocupará de arreglarse con los otros quince. Una forma es recibir la mercancía, pagar a cada uno su comisión por hacer una cola nada incómoda, pues para eso llegan de primeros, gracias a la información que maneja; otra es que estos se lleven la mercancía y le paguen a él por haberles suministrado la información y garantizarles un puesto temprano en la cola que ya es larga, tanto que de los de la mitad hacia el final, no conseguirán lo que allí llegaron buscando.

Rafael maneja la camioneta bella y costosa, como la que Gregorio quiere comprar. No es suya, es de su jefe quien tiene unas cuantas. Esta que carga tiene la finalidad de recoger la mercancía que Gregorio y otros jefes de columnas bachaqueras, compran a precio subsidiado, gracias a la información que los jefes de arriba obtienen a tiempo y justo en los sitios donde ella se genera.

Rafael no llama a ningún jefe de columna o patota bachaquera, ese no es su trabajo. A él le ordenan ir a los sitios donde los jefes de aquella están apostados antes que los camiones lleguen; esos jefes están advertidos desde arriba que él estará allí, descrito con el más mínimo detalle. Es más, los jefes de patotas como Gregorio le conocen, pues de él reciben el financiamiento para sus adquisiciones. Recibe la mercancía bachaqueada y entrega a los tipos como Gregorio el valor acordado.

El negocio marcha sobre ruedas, tanto que la mercancía llega en camiones, Gregorio trabaja duro para comprar su camioneta y en camionetas se la llevan a los sitios de acaparamiento, de donde aquella saldrá sobre ruedas a los informales que venden en la calle a precios especulativos a quienes se joden trabajando con un salario cautivo, sin ruedas en los tobillos, pero sus expendedores y especuladores sueñan con comprar una camioneta grande y reluciente.

Mientras tanto, aquellos que pudiéramos llamar como Alí Primera los "bachacos fondillúos, los de un poco más arriba, los mismos que sumistran la información y financiamiento a Rafael y Gregorio, sin trabajar, acumulan bastante y gracias a eso tienen sus camionetas que hasta compran con dólares que uno no consigue, pues los baratos, también parecieran seguir el mismo camino o proceso digestivo del bachaqueo de alimentos y productos esenciales y subsidiados.

Y a todas estas, se preguntará el lector: ¿La policía y otras autoridades que hacen? Bien. Todas andan sobre ruedas.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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