La larga marcha hacia la sociedad comunal

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“¿Quién soy?” es la pregunta básica a partir de la cual se constituyen una persona o un pueblo. Pero la vía hacia el conocimiento es transmutar la cuestión en “¿Quiénes somos?”  Nadie es por sí solo. Nuestro ser se forma y se transforma en la relación con los otros.  Nuestras interrogantes sólo encuentran respuesta cuando inquirimos quiénes fuimos y quiénes queremos ser. Para tal indagación la memoria y la Historia son instrumentos inapreciables, pero sujetos a distorsiones, trampas, reinvenciones. Una parte de nuestro pasado  se ha perdido y otra  se ha falsificado. Reconstituir en forma verídica lo que aconteció es el primer paso de una expedición hacia la plenitud individual y colectiva.  Sí,  el primer paso de la larga marcha hacia el futuro es el recorrido de lo que fue.

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¿Quiénes fuimos? El lugar común nos responderá que somos una causa perdida,  un pueblo egoísta, individualista y sin perseverancia, al que es ilusorio pensar comprometido en proyectos comunitarios o socialistas. Los viajes forman porque son imagen de la vida, que vale la pena en la medida en que es incesante descubrimiento.  De la mano de Iraida Vargas y Mario Sanoja verificamos  que desde el más remoto poblamiento de lo que hoy es Venezuela, hace más de 14.000 años, nuestros antepasados vivieron en sociedades comunitarias, solidarias e igualitarias, y que apenas en algunas de ellas comenzaba a insinuarse alguna estratificación social. Comprendemos así el origen de las prácticas de solidaridad rasa que todavía hoy constituyen nuestra manera de ser como nación. Ese pasado vive en nosotros. No sólo los componentes fundamentales de nuestra dieta, el maíz, la yuca, el ñame, siguen siendo las especies americanas que cultivaron los pobladores originarios: la mayoría de nuestras ciudades tuvieron su origen en poblaciones indígenas y estas localidades determinaron la configuración de nuestro espacio territorial. Es un verdadero placer irnos enriqueciendo en el decurso de este libro con la plétora de datos y de hechos que en alguna forma nos constituyen. De esta travesía por nuestro pasado salimos, como el Viejo Marino de Coleridge, más maduros y más sabios.

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¿Quiénes nos han dicho que somos? Acompañando a Iraida  y  Mario  comprobamos que desde hace medio milenio ese pueblo ha sido sometido a un genocidio moral por invasores o explotadores que han acumulado sobre él las más perversas descalificaciones. De la mano de los autores, que nos ofrecen documentos irrefutables, vemos que sin embargo esa población vilipendiada ha sido la mano de obra de la producción material,  creadora de una cultura multiforme y vigorosa,  protagonista decisiva de todas las transformaciones significativas en nuestras estructuras sociales y económicas y en nuestras superestructuras políticas y culturales.

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¿Cómo corregir la visión distorsionada? El lugar común postula que no se puede cambiar el pasado. De hecho, es lo que hace constantemente cada nueva clase explotadora cuando reescribe a su gusto y según sus intereses lo que aconteció. También lo deben hacer las revoluciones, al investigar, reconstruir y revalorizar la verdad liberadora. Iraida y Mario ponen en nuestras manos los instrumentos para reconstruir una historia veraz y para convertirla en instrumento de nuestra propia transformación.  Y enfatizan una vez más la necesidad del trabajo en el campo cultural, las vías para lograr una cultura cada vez más consustanciada con lo que somos y por consiguiente con  lo que deseamos ser.

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¿Quiénes seremos? La ausencia de proyecto es la muerte moral. El paseo se convierte en marcha cuando se perfila un objetivo. Nuestras metas nos definen. El cometido de imaginar detalladamente el futuro socialista intimidó al propio Marx, quien evitó las fantasías del utopismo y postuló que los trabajadores, llegado el momento, sabrían crear el nuevo orden y las instituciones adecuadas a él. Pero la praxis es el ahora. No basta querer el socialismo, hay que saber cuándo, cuál y cómo. El cuándo es el momento que vivimos, el cuál es el que determinen nuestras fuerzas y condiciones reales. Para discernir nuestro cómo, Vargas y Sanoja compendian, organizan y armonizan las vías propuestas a través de conceptos tales como soberanía popular, participación, comunas, sociedad comunitaria. En este libro está el plan de la Revolución posible y necesaria. Aguafiestas imperdonable es quien cuenta las películas y quien intenta en un prólogo agotar o resumir la riqueza de un trabajo medular como el que tiene el lector en sus manos. Que el recorrido de sus líneas, plenas de conocimiento y compromiso se transforme en  marcha cada vez más acelerada hacia nuestra plenitud colectiva.



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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com

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