Perfil de un revolucionario

Venezuela Patria de héroes y traidores
“Estando en el poder, la gran dificultad es
mantener la línea de conducta…”.

CHE GUEVARA

En otro artículo anterior hablé de lo difícil que resulta ser un buen presidente de un país, como Venezuela. Me puse en los zapatos del nuestro Presidente Nicolás Maduro y manifesté lo que no haría, estando en su lugar. Recibí mensajes, a través de mi correo electrónico, a favor y en contra de mis señalamientos. Siempre sucede así, en un país polarizado. Es la Venezuela que tenemos en estos momentos, y a ella debemos volcar todo nuestro agradecimiento por haber nacido en la tierra que la conforma. Este es un gran país. Con recursos humanos de talla libertaria a través de nuestra historia de Independencia. Ha sido cuna de hombres y mujeres de verdadero valor revolucionario. Pero también lo ha sido de traidores. Antes y ahora. En este otro trabajo hablo del perfil de un verdadero revolucionario.

Las lecciones del Che Guevara

Hace poco, en un café, un amigo me preguntó cómo creía yo que debía ser un revolucionario. “¿Tienes el perfil de lo que debería ser un revolucionario a carta cabal?”. Les juro que me agarró fuera de base. Más o menos le di una respuesta que no lo convenció, como no me convenció a mi mismo. Por eso cuando llegué a mi casa, comencé a investigar. Y llegué a Ernesto “Che” Guevara. Él el tenía la respuesta que no pude darle a mi amigo.

Dijo Eduardo Galeano, en un artículo que escribió hace muchos años: “El miércoles por la noche el Che Guevara se las arregló para responder a mil preguntas: un enjambre de periodistas lo acribilló sin piedad, y el Che tuvo ocasión de demostrar su habilidad política… No solo eso; también tuvo que soportar impertinencias, estupideces: se las ingenió para tomar el toro por los cuernos cuando era preciso hacerlo, ejercitó su ironía a costa de más de un periodista. Un hombre con acento inglés dijo: “Yo soy periodista británico, ¿estamos en guerra o no estamos?

“No parece británico”, le respondió el Che.

Mientras que otro periodista, narra Galeano, le manifestó lo siguiente: “Para vestir mi artículo con una nota de color, quiero preguntarle: cómo trabaja usted, toma, fuma, y si le gustan la mujeres”.

“No tomo. Fumo. Dejaría de ser hombre si no me gustaran las mujeres; dejaría de ser revolucionario si por esa u otra razón, no cumpliera hasta el fin mis deberes revolucionarios. Trabajo 16 horas diarias; duermo 6 horas diarios, cuando puedo, y de lo contrario, menos”. Y agregó el mítico guerrillero:

“Considero que tengo una misión que cumplir en el mundo, en aras de la cual debo sacrificar todo, los placeres corrientes, el hogar, la seguridad personal y quizás la propia vida. Éste es mi compromiso, del cual no puedo desligarme hasta el fin de mi vida”.

Ahora sí había encontrado el perfil de un guerrillero. Cuando vuelva a encontrarme con mi amigo, le tendrá una contundente respuesta. El Che demostró que no era fácil ser guerrillero, o combatiente, por una causa justa. El camino estaba plegado de obstáculos y sacrificios, y uno de ellos (el más importante) se encontraba anidado dentro de nosotros mismos. A ese demonio hay que vencerlo para mantenerse parado, como un milenario roble. Hay muchas lecciones que aprender del Che Guevara, pero con esa basta y sobra. ¡Volveré!

Puerto Ordaz, 5 de marzo de 2015
 



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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