Esta crisis debemos verla como una extraordinaria oportunidad de profundizar nuestro proceso revolucionario

Negar la tragedia histórica que representa la ausencia del líder de nuestra Revolución Bolivariana, sería una completa estupidez, y debemos reiterar que nuestro proceso revolucionario aún no termina de trascender a una nueva etapa, aún sin Chávez, y todavía muchos no se reponen a su pérdida.

Si nos aproximamos a un concepto de crisis, pues podemos entenderla como una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución; especialmente, la crisis de una estructura. Los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad, pues si no serían meras reacciones automáticas como las físico-químicas. Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución.

Las crisis pueden designar un cambio traumático en la vida o salud de una persona o una situación social inestable y peligrosa en lo político, económico, militar, etc. También puede ser la definición de un hecho medioambiental de gran escala, especialmente los que implican un cambio abrupto. De una manera menos propia, se refieren con el nombre de crisis las emergencias o las épocas de dificultades de la crisis.

Esto lo resalto, porque vaya lo que hemos tenido que atravesar en año y medio de este proceso sin Hugo Chávez. El primer peligro, el de las oleadas desestabilizadoras y fascistas que han querido dar al traste con nuestra Revolución Bolivariana, y el constante asedio y la conspiración permanente, más contra el Gobierno de Nicolás Maduro, contra la Patria de Bolívar y Hugo Chávez.

El segundo peligro es sobre el rumbo como tal que sigue la Revolución. Algunos han señalado que la misma ha entrado en la vía de la Reforma, de la socialdemocracia, de hacer concesiones al enemigo de clase. A eso hay que sumarle un conjunto de decisiones que se toman desde el Alto Gobierno, pero que en la percepción de la gente, y en buena medida así lo creo yo, falta mayor contundencia, mano de hierro, y un verdadero seguimiento a esas decisiones. Por otro lado, también una mayor moralización en las filas que respaldan la Revolución, para acompañar las ejecutorias del Gobierno Bolivariano, además de que aún muchos no se reponen, como señalábamos en párrafos anteriores, a la pérdida del líder, más la decepción en la ejecución e implementación de políticas públicas.

Pero, a todos estos elementos que pretenden sintetizar el momento que vive el país, hay que agregarle el agravamiento de las dificultades con la reducción en un 35% de los ingresos de nuestro país, producto de la caída de los precios del petróleo, por las explotaciones de petróleo de esquistos y lutitas, a través del fracking y super fracking implementado en los Estados Unidos. Afrontando el problema de un inexistente aparato productivo, ni público ni privado que satisfaga las necesidades de nuestro pueblo, más algunos maulas que se dicen llamar empresarios, que incursionan en política y que, conociendo los problemas estructurales de nuestro modelo económico, que aún siguen siendo rentístico petrolero, y empiezan a acaparar y especular con los productos, para originar desgaste y malestar contra la Revolución Bolivariana, es algo que no podemos pasar por debajo de la mesa, y señalarlo con todas sus letras, como una verdadera crisis en nuestro país bajo un motor económico.

Por ello, cuando en algunas de sus intervenciones públicas, el Primer Mandatario Nacional, Nicolás Maduro, ha señalado que debemos trabajar mucho más, en el esfuerzo de una verdadera diversificación de la economía de nuestro país, en aras de contar con un modelo productivo socialista que satisfaga las necesidades de nuestra gente no es juego. Sin duda, esa transformación, en la que se tocaran muchos intereses, serán compleja, y no exenta de episodios y momentos verdaderamente duros para nuestro país, pero necesario si verdaderamente queremos convertir a Venezuela en una Potencia de nuestro continente.

Es sorprendente como muchos países han afrontado conflictos bélicos, han afrontado terribles tragedias naturales, políticas, y sin contar con los recursos con los que si cuenta Venezuela, han sabido salir adelante, a punta de trabajo, de voluntad, de pundonor y de mucho coraje.

Debemos trascender en nuestro país la cultura de que papá Estado nos lo dé todo, de que hayan verdaderos empresarios que inviertan de su bolsillo, más que de las divisas generadas por el petróleo, y de verdad desarrollen un verdadero aparato productivo, y no esta especie de economía de puertos, donde estos señores solamente piden las divisas para traer productos elaborados en otros países. Así no se levanta un país.

¿Acaso olvidamos lo que nos tocó afrontar en diciembre de 2002 y comienzos de 2003? Nos olvidamos de las kilométricas colas para echar gasolina? ¿Del saboteo en el gas para paralizar por la fuerza a nuestras empresas básicas de Guayana? ¿De la carestía de productos? ¿De que nos quitaron el beisbol? ¿De quien fue la culpa, de Chávez, de Maduro? Lo cierto del caso es que, fue una coyuntura muy difícil, pero la superamos, y en esta oportunidad, sin negar que ahora no tenemos el Gigante Chávez, pero si todos hacemos lo que nos corresponde hacer, también superaremos este difícil trance.

No podemos olvidar que han sido 16 años de conspiración permanente contra nuestro pueblo. Y que solamente van mutando y van cambiando las metodologías y alguno que otro actor, pero entendiendo lo que debemos hacer, con mucha entrega, con mucha conciencia, con mucha inteligencia de nuestro cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado, y de la mano de nuestro pueblo, sabremos salir adelante.

En próximos artículos, y en virtud del debate y de correos recibidos, nos referiremos acerca de la conspiración contra la Revolución, pero desde el lente de la derecha endógena, de algunos actores que tenemos dentro, y que al igual que el 11 de abril de 2002, son aliados de la derecha abiertamente identificada, para derrocar a la Revolución Bolivariana.

¡Bolívar y Chávez viven, y sus luchas y la Patria que nos legaron siguen!

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Independencia y Patria Socialista!

¡Viviremos y Venceremos!



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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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