Notas sobre el valor y la importancia de pensar la revolución

Con total independencia del escaso o nulo valor que muchos camaradas y compatriotas en general le otorgan al acto de pensar el sentido de la vida, en especial, de negarle cualquier clase de reconocimiento a las cavilaciones o desvelos intelectivos, oportunos y excitantes, que podamos producir sobre aquel manantial de asuntos incrustados en la figura de la revolución (sea del signo que fuere), sostenemos que las reflexiones, consideraciones, inquirías, interpelaciones y desarrollos cognitivos a favor de tal empresa continúan adquiriendo, a la luz de nuestros días y factualidades (en pleno destape), meritorio valor e importancia.

Sabemos e intuimos (en parte) el alto desprecio que muchos compañeros de ruta manifiestan contra aquello que genéricamente llamamos pensar y, más aún, de la abulia y desdén que les causa el hecho necesario de pensar o, mejor aún, de re-pensar  a la revolución bolivariana declaradamente en curso.

Estamos “algo” informados de las sospechas que les ocasionamos a esta extensa legión de compañeros cuando procuramos hacer reparos intelectivos bien sea al concepto de transformación  legitimada gubernativamente o a cualquiera de los tantos programas y políticas públicas visiblemente expuestas, bien sea por el Gobierno Nacional o cualquiera de esos otros tantos estacionados regional, municipal o comunalmente.

El single que inmediatamente presentaremos, recogido en una reunión eventual de camaradas a la cual gustosamente tuve la ocasión de asistir, por lo demás constantemente replicado en muchos lugares y “no lugares de nuestra diáspora nacional e internacional, sintetiza (en buena medida) esa desenfrenada pasión que le asiste a mucha gente (“nuestra”) por el vernáculo acto de no pensar, afirmando con ello –por rebote- un duro convencimiento sobre un cierto mundo, realidad y problemas que, según éstos y éstas, ya han sido suficientemente escrutados intelectualmente, a saber:

Mire compañero, le digo la verdad: ya todo está pensado. La revolución ya está pensada. El problema que tenemos los revolucionarios es que necesitamos llevarla a la práctica, el poner en práctica todo lo que nos dijo el Comandante y lo que está en esos libros que él tanto nombraba. ¿Para qué  vamos a complicar más la revolución con esa pensadera de pendejadas?

 

Obviamente que aquello que sale de las mentalidades sensibilidades y cuerpos que al momento están sumamente convencidos respecto al hecho que ya todo lo sustantivo y vinculante a la revolución está pensado y resguardado en personas y libros determinados, no puede ser otra cosa que una profunda pasión y deseos de entrega por una figura (intelectual) demasiado recortada que igual llaman abiertamente “práctica”, “ir a la práctica”, “poner en práctica”.

Para tales “practicantes” de revolución, toda acción o persona que quiera insistir en la pregunta, la duda, la disertación, el desacuerdo o la sospecha sobre lo que está dicho en la boca y los libros “sagrados” de la revolución, sin duda alguna que les luce abiertamente como “un estorbo”, un “distractor” o, a lo sumo, un camuflado contra-revolucionario, sobre quien o cuales hay rápidamente que “salirles al paso”.

Por lo demás, hoy día estamos (también) ya algo informados sobre los modos, formas, y procedimientos desplegados por  las derechas e izquierdas realmente existentes en nuestras historias patrias contemporáneas, cercanas o lejanas, para con esos extraños cuerpos y mentalidades que resisten “tomar” el fármaco completo de la revolución oficialmente legislada, presuntamente ya dicha.

Con la disculpa por delante a los cuerpos, mentalidades y sensibilidades convictas y confesas en la idea según la cual ya la revolución y su acometida (su labrado)  están suficientemente in-formados en ciertas personas y textos, hemos de preguntarles y a la vez preguntarnos a nosotros mismos:

¿En verdad está, al menos medianamente, expuesta en nuestro país la idea del Socialismo del siglo XXI? ¿Qué traduce y comporta para unos y otros el Socialismo del Siglo XXI en la Venezuela por venir? ¿Más empresas en manos del Estado?, ¿Más políticas públicas en clave de Misiones? ¿Más respeto o irrespeto al libro de la Constitución y en consecuencia expropiamos ya, o a mediano plazo, todo aquello que sea de tenor privado?

¿Pensamos en verdad al Socialismo del Siglo XXI como la coexistencia de varios modos de producción materiales, sociales, culturales, educativos, intelectivos e ideológicos o todo bajo una suerte de modo de producción material e intelectual único y unívoco? ¿Traduce el Socialismo del Siglo XXI más democracia en democracia o democracia exclusivamente obrera y comunal? Más Estado o menos Estado en Venezuela?

¿En verdad hemos de asumir el concepto de Poder Popular y de organización social que hasta ahora ha dicho e impuesto la revolución por la vía del Estado? ¿No podríamos nosotros junto a otros, con independencia del Estado, diseñar y ejercitar otras formas de Poder Popular? ¿Han de seguir los Consejos Comunales rindiendo cuentas, solicitando permisos y recursos, cuál pordioseros, al Estado venezolano o nos podemos inventar y diseñar “una” de Poder Popular a imagen y semejanza de lo que a los efectos considere “el pueblo”?

A este ligero compacto de preguntas le habremos de añadir esas otras tantas que (seguramente) habitan y están a punto de estallar en ese otro que ahora se atreve a generar un paréntesis a su vocación pragmática por la  revolución y comenzar a interrogarse e interrogar-nos de los mil modo posibles.

Querido lector: Cual es su duda, pregunta o “dibujo” personal sobre lo que traduce o habría de traducir el Socialismo del Siglo XXI en Venezuela? ¿Está usted bastante conforme con lo dicho hasta ahora sobre lo que Es o debería resultar el Socialismo del Siglo XXI en nuestro país?

Cual fuere su valiosa respuesta, he de decirle que ya usted ha incursionado, aun cuando sea fugazmente, en el bello, jodido y necesario acto de pensar, el cual lejos de agraviar a la revolución le vuelve más nutricia y robusta o, ¿Acaso considera usted que no?

Docente/investigador universitario.

edbalaguera@gmail.com



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Edgar Balaguera

Antropólogo, Sociólogo, Magister en Ciencias Políticas, Doctor en Ciencias para el Desarrollo. Docente.

 edbalaguera@gmail.com

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