Estadísticas del Progreso Socialista venezolano

A estas alturas, con 3 tres lustros de ensayo socialista bolivariano, se estima que un porcentaje de 17-18 de la población actual se halla comiendo hasta 3 y más comidas diarias; esto incluye a los indigentes y “niños de la calle”[1], pordioseros varios, vikingos y afines quienes durante la IV República y los primeros años de esta V R. formaban parte integral de los deplorables paisajes   de las principales capitales del país.

La Misión del adulto mayor alivia la carga familiar de sus familiares y la demanda de esos también crece en paralelo. Los pensionados y jubilados cobran con religiosidad inaudita. La madre soltera que dejó de ser una carga familiar;:
 
La vivienda libre de alquileres asfixiantes potencia en sí misma la demanda de sus habitantes, y todo ello es un acelerador  de la demanda de ese porcentaje de personas que ahora comen, se visten mejor, defecan, etc., habitan inmuebles propios y hasta están clonando aquellos consumos superfluos que caracterizan a los proletarios aburguesados.

Ahora bien, comer diariamente supone un consumo familiar elástico, una demanda nacional integral, con la única limitación del ingreso familiar y los precios del mercado. Obviamente, ese consumo estimula e incrementa la demanda y viabiliza la posibilidad de nuevos ingresos familiares. La chama, por ejemplo, que carecía de ropa decente para presentarse en alguna empresa ahora podría hacerlo; podría ir la escuela debidamente calzada; la demanda por concepto de educación se suma a la cesta básica.

Los trabajadores que no están incluidos en esta nueva demanda se ven también beneficiados indirectamente; son muchos los comercios establecidos y comerciantes informales que ahora ven mejorados sus ingresos y sus demandas personales de bienes de consumo familiar, independientemente del desorden comercial coyuntural que ellos supongan.

La variable precios se halla afectada por ese incremento de la demanda frente a una oferta estacionaria que por razones políticas y por su propia inexperiencia productiva no puede crecer. Hemos heredado un empresario rentista (omitimos el calificativo de “parasitario” porque resulta redundante), y como tal, no sabe adecuarse a las nuevas circunstancias del mercado, pretende seguir siendo importador y empresario fabril como pantalla para recibir divisas y otros beneficios del Estado. El saqueo de las divisas de CADIVI tiene como causa ese mismo parasitismo e impotencia. Esto significa que cuando el Estado opte por socializar muchas de las empresas privadas no estaría entorpeciendo la producción de ellas porque sencillamente siempre han sido deficientes, salvedad hecha de las más tradicionales empresas de vieja raigambre mantuana: tenerías, jabonerías de tercera calidad, destiladoras de aguardientes, ganadería,  telares hoy en franca decadencia o abandono por razones políticas. Esta razón política sirve de antiestímulo a la producción y en consecuencia la demanda nueva de aquellos venezolanos que ahora comen y demandan otros bienes sobrepuja a diario la oferta que está causando tantos desajustes en la relación ingreso-gastos familiares.

Súmese a ese desequilibrio oferta-demanda  doméstica la política del acaparamiento privado que él  estimula en el libre mercado; súmesele también el llamado “bachaqueo”, el contrabando de extracción, a la creciente y diaria demanda de ese consumo integral de casi 5MM de  nuevas bocas a quienes debe satisfacérseles  una demanda nueva para ellas, y la demanda derivada de  empresarios y trabajadores del comercio involucrado, y también la demanda de esa otra parte de la población trabajadora que se ha visto favorecida con la mejora económica de quienes ahora comen y antes no lo hacían.

Por el contrario, esa demanda incrementada por el gobierno con su política de una mejor distribución de la Renta Petrolera en favor del empoderamiento de las masas correspondientes al porcentaje de demandantes señalado, no se está moviendo al ritmo de aquella porque los precios suben precisamente para que el propio mercado consiga su equilibrio. Todo esto ocurre sólo con libre comercio, y esta libertad no ha sido afectada por el actual socialismo, salvo algunas empresas privadas y tierras ociosas aisladas, pero la empresa privada no está respondiendo a ella, sino todo lo contrario; se está aprovechando de esta sobredemanda inusual para intensificar su parasitismo comercial y su guerra contra la presente Administración, contra la presente V República.

De estas estadísticas debemos hablar porque sirven para comprender que no se trata de fallas gubernamentales, sino de reacciones económicas de un empresario privado que no sólo perdió el poder político que mantuvo durante centurias, sino que comprensiblemente ve incierto su futuro ante el progreso que viene alcanzado la sociedad venezolana ahora con una masa de trabajadores mejor remunerados y rumbo a la eliminación de la pobreza nacional.

 


[1] Es innegable hasta para los cegatos que ya desaparecieron de las calles venezolanas, y los pertenecientes a la pobreza extrema están siendo atendidos aceleradamente.



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Manuel C. Martínez


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