Mi palabra

Los 60 años del niño Huguito

 

"La palabra progreso no tiene ningún

 sentido mientras haya niños infelices."

Albert Einstein

Una amable lectora me hizo llegar un correo, donde me hace algunos comentarios y sugerencias, motivada por algunos artículos, donde hago referencia a los problemas  de los niños en el mundo. Me confesó vivir la misma inquietud, porque sencillamente se encuentra remando en un mar embravecido con infinidades de problemas, donde los más perjudicados son los infantes. Esa sensibilidad era el nervio motor del comandante eterno Hugo Chávez, quien fue un “niño” hasta la muerte; vivió contando todos sus pasos en su amado pueblo natal: Sabaneta, totalmente transformado en los últimos años. Con solo recordar sus vivencias nos hacía retroceder al pasado de un pueblo tranquilo y cordial, donde la mayoría de sus habitantes, cuando escuchan hablar del “arañero”, se sienten orgullosos de haber nacido en esa tierra llanera, al cual ayudo a salir del anonimato, como un volcán en plena erupción.

Ningún presidente en este país, había tenido  tanto contacto con los niños, como la tuvo Hugo Chávez Frías; ellos se identificaban con el mandatario, como los pájaros con el amanecer; se alegraban cuando lo veían; retribuyéndole ese cariño con mucha emoción, dejando escapar todas sus inquietudes infantiles, como si estuviera jugando metras, volando un papagayo o pedaleando una rustica bicicleta en su querida tierra, uno de los medios de transporte de esa época. Toda su etapa infantil florecía, cargada de momentos inolvidables, siempre resaltaba haber tenido tres mamás: Elena, la que lo parió; la abuela Rosa Inés, quien lo ayudó a criar y Sara Moreno, una mujer llegada de la noche a la mañana al pueblo, quien también formó parte de su firme y recta  crianza.

Esa vida infantil llena de hermosos recuerdos, siempre andaba rondando en la mente de un hombre, que nació para quedarse sembrado en la historia de nuestra patria, al lado de grandes héroes de nuestra independencia. Nadie en esta tierra, por mucha mezquindad concentrada en su cerebro, puede negar haber dejado escapar una carcajada, al ver la risa franca, sincera, y contagiosa de un mandatario con grandes responsabilidades, pero nunca apartó de su mente el buen humor; reía en cualquier sitio con una naturalidad, propia del llanero, que no pierde ninguna oportunidad para jugarle una chanza a sus semejantes.

La etapa de niño del hijo fiel de Sabaneta: Huguito, prácticamente despejó el camino de un hombre, nacido para hacer historia en un país golpeado por las injusticias, a pesar de haber librado la guerra de independencia, rompiendo para siempre con el yugo español. La enseñanza en el hogar de tres mujeres- orientadoras inseparables- lo marcaron para siempre; todo esto se fue complementando con la educación académica, y con especial atención la formación militar, templándole  la consciencia, para abrirle la dulce mirada, puesta en un nuevo amanecer, tratando de buscar la verdadera felicidad al mayor número de niños, marginados y en muchos casos tirados al abandono, como cualquier juguete sin valor.

La sinceridad  del comandante fue tan grande, como su visión para deslindar a los niños de una lucha  política, muy ajena a su formación; muchas veces fueron utilizados, como escudos humanos  en refriegas muy encendidas; a raíz de esa situación bastante preocupante, en cierta ocasión lanzo una expresión, muy clara y precisa a manera de reflexión para muchas personas ofuscados por las derrotas: “Todos los niños que me consiga a mi paso, aunque sean los hijos de mis más duros adversarios, también yo los considero mis hijos, porque ellos son inocentes de las pasiones que a nosotros nos impulsan”. Es imposible conseguir tanta nobleza en un mandatario atacado por todos los flancos, desde el mismo momento de asumir la presidencia; todavía muchos irracionales siguen disparando hacia la memoria de un auténtico demócrata,  siempre dispuesto al entendimiento con sus adversarios.

Por eso Hugo Chávez, como autentico defensor de la paz y la amistad, seguirá vivo en el corazón de mujeres y hombres,  agradecidos por llevarlos a pisar un salón de clase, para salir de la mayor pobreza del cualquier ser humano en el camino de la vida, como es la ignorancia. Seguirá palpitando en la mente de millares de jóvenes, conscientes de haber aprendido a transitar por los senderos de la libertad, una de las grandes conquistas de cualquier pensante, pero también seguirá iluminando a los verdaderos amantes de la paz, uno de los grandes anhelos de la humanidad; un clamor en el todo mundo, empezando por el máximo jefe de la iglesia católica: el papa Francisco, un vocero incansable por la tranquilidad de los de los pueblos, con quien coincidió en la lucha por librar a la iglesia de tantos vicios y escándalos, donde precisamente los niños, son los más  vulnerables por falsos predicadores, que nunca han puesto en práctica un pensamiento de Karl Memninger, destacado Psiquiatra Estadounidense: “Todo lo que se les dé a los niños, los niños le darán a la sociedad”



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Narciso Torrealba


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