El general fuera del laberinto

“No es muy común ver a un soldado en estos espacios donde se debate la política del Estado, pero sus relaciones y los procesos humanos van transformando las realidades a través de los tiempos. Esto es solo atribuible a la política, lo que va colocando en el tablero del ajedrez estatal y no estatal los elementos que la definen”

General en jefe Vladimir Padrino López.
Sesión de la Asamblea Nacional: 05-07-14

En efecto, no es común ver a un soldado en los espacios donde se hace la política. La política con sus virtudes y defectos, y fuera del laberinto de los silencios en que suele moverse el hombre de uniforme. Una instancia instrumentalizada por poderes fácticos que la desnaturalizan; por compromisos innombrables y falacias como el apoliticismo, concepción que experimentó en Venezuela un duro revés. Ya que si algún logro puede exhibir con orgullo el proceso bolivariano es el retorno a la verdadera política que el Estado revolucionario asumió y a la sinceración de cada quien, personas e instituciones, en las tareas públicas. El general en jefe Wladimir Padrino López, comandante estratégico operacional, lo planteó por todo el cañón en el discurso que pronunció ante la Asamblea Nacional el pasado 5 de julio.

El hecho constituye un inequívoco signo de desarrollo institucional y cultural. Primero que nada, por la sinceridad con que se expresó el general en jefe, y, luego, por la claridad con que lo hizo. El suyo no fue un discurso de ocasión, aséptico, acartonado, en la tradición de una retórica castrense anacrónica. Y algo más que eso: encubridora de falsedades, de mitos, que sirvieron de pedestal a graves desviaciones y a la entrega de la Fuerza Armada a sectores sociales que la utilizaron para beneficio propio.

Lo que afirmó el comandante del CEO equivale a darle la vuelta al guante de una doctrina militar obsoleta, vencida por el tiempo y por nuevas realidades sociales. Ahora, luego del discurso, los detractores del jefe militar creen descalificarlo cuando hablan de su politización. Pero, precisamente, es en este aspecto donde reside la fortaleza del mensaje. Nada de tapujos. De eludir la realidad. Al contrario, expuso una posición recurriendo a la frontalidad como lo hiciera Hugo Chávez cuando insurgió en la política y sentó el precedente de la autenticidad. Nada de evasivas y de dualidad. Lo que permite abrir las puertas al debate y sincerar el papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y su relación con los cambios que se han operado en el país a partir de 1999.

Pero hay algo, si se quiere, más importante. Por primera vez un jefe militar activo le habla al país para expresar lo que siente, aquello a lo cual está éticamente obligado a decir; por lo que ha vivido en los cuarteles; por la nueva educación que se imparte en la institución y por el grado de avance logrado por el pueblo venezolano. Además, como nunca un vocero militar se había expresado con tanta vehemencia y sinceridad sobre valores sustanciales como la paz, al afirmar que el “Estado venezolano ha nacido, crecido y se ha desarrollado bajo la égida de la paz”; que la democracia, participativa y protagónica es instancia superior del desarrollo social y político de un pueblo; que el dialogo es la vía para el reencuentro de distintos sectores; o a expresar con nitidez respeto al Estado de Derecho y a la dignidad humana; así como ratificar la lealtad de la Fanb a la Constitución y el rechazo a la aventura golpista. El pueblo venezolano puede estar tranquilo por contar con jefes militares como Padrino López. Sus palabras equivalen a una suerte de contragolpe cívico-militar, asestado a quienes persisten en tramar la ruptura del orden constitucional y democrático.
 
Laberinto
 
A la oposición le va a costar mucho trabajo salir del foso en que se metió a raíz de la victoria electoral de Maduro sobre Capriles. Suele ocurrir con ese sector político que no sabe resolver las situaciones puntuales que se le plantean. Como carece de una política coherente y clara incurre en graves y reiterados bandazos. La derrota electoral del 14 de abril de 2013 pudo haberla administrado con responsabilidad, habilidad y sentido práctico, si hubiese reaccionado respetando las reglas de juego ante el revés, y controlado el odio que siempre la motoriza…

Pero hizo todo lo contrario. No supo leer lo sucedido y tomó, de nuevo, el atajo de la violencia, ignorando experiencias dolorosas como el 11 de abril de 2002. Si la MUD y Capriles hubieran asumido la victoria de Maduro de otra manera, es decir, con talante democrático, en el marco de la Constitución, le habrían evitado al pueblo venezolano la angustia que ha padecido durante esta etapa, las incontables víctimas y daños materiales a la propiedad pública y privada. Y por lo que respecta a la propia oposición, su fractura interna y haberse metido en un túnel sin salida…

Sin embargo, en la dura realidad que vive la oposición están apareciendo indicios de racionalidad. El deslinde entre la corriente dura y violenta y la dialogante y cívica, es un dato que el chavismo no debe subestimar. Está obligado a aceptar la interlocución. A tender puentes. Es su responsabilidad. Consistente en detectar las actitudes dispuestas a rechazar los cortejos de la violencia y a facilitar la superación de la funesta polarización…

El chavismo tiene que ser el primer interesado en la recomposición del cuadro político, sobre todo la erradicación de la violencia. Caminar siempre al borde del precipicio no conviene a ningún movimiento político, y menos al que tiene la responsabilidad de gobernar…

Si el presidente Maduro plantea una reestructuración de su gobierno, pienso que no se refiere solo al aspecto burocrático. A cambios de ministros y a movimientos puntuales en el tablero oficial. Ya que, precisamente, cualquier esfuerzo por cambiar el rostro de la acción gobernante pasa por la desburocratización de ésta y la reconexión con los ciudadanos. Los maquillajes en política tienen relativa importancia: lo que en realidad cuenta son las modificaciones de fondo. El desgaste que provoca la gestión oficial impone constantes rectificaciones que cuenten con amplio consenso. Maduro, como presidente, y el chavismo, como la fuerza política más importante del país, están obligados a reformular líneas de acción, a ampliar y hacer efectivas las alianzas, a ejecutar el Plan de la Patria con audacia…

Me preocupa lo que pasa en algunos organismos de seguridad y policiales. Proliferan las denuncias de familiares de personas detenidas que luego aparecen muertas. De prácticas de tortura inconcebibles, que se pensaba que habían sido erradicadas. ¿Quién o quiénes las reivindican e insertan de nuevo en el comportamiento policial? Relatos dramáticos como el de una actuación del Cicpc que detuvo y arrastró a dos buhoneros en Sabana Grande que después aparecieron muertos, y de un discapacitado, Juan Farías, que fue detenido y su cadáver apareció con 11 disparos. Lo mismo que numerosos casos en Miranda y otros estados. La lucha contra la delincuencia no puede ser excusa para violar los derechos humanos. La ruta de la represión se sabe dónde comienza -y con qué justificación-, pero no dónde termina. El Gobierno tiene la obligación de permanecer vigilante. De actuar con rapidez y decisión para impedir desbordamientos. Que después se convierten en oprobiosa rutina.

 



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José Vicente Rangel

Periodista, escritor, defensor de los derechos humanos

 jvrangelv@yahoo.es      @EspejoJVHOY

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