La crítica y la autocrítica en la unidad y la batalla, nos hará invencibles

El presidente Nicolás Maduro, ha demostrado una vez más su condición de líder y de hombre inteligente. Así como fue capaz de reaccionar contra señales de confusión y división en torno a su liderazgo, generadas a raíz de la carta de Giordani y llamó fuertemente a la lealtad y a la unidad en torno a su jefatura, cosa correcta como principio estabilizador para la paz del país, tal como lo practicó su maestro y tutor, nuestro comandante eterno; así mismo, ha reaccionado con una respuesta acertada una vez que se han disipado dichas señales, llamando a pasar la página y extendiendo su mano para la reconciliación y el abrazo, cosa igualmente correcta para reunificar las fuerzas propias puestas en tensión.

Confieso que no sé si el camarada Giordani y quienes le dieron su solidaridad, tienen o no razón en lo que han expuesto. Eso lo aclarará el debate y el desarrollo de los acontecimientos. Igualmente, confieso que algunas de las reacciones discursivas contra el ex ministro de planificación en las movilizaciones de las UBCH, me parecieron terriblemente demagógicas y muy condenatorias. Ahora bien, debemos aprender que nuestra revolución, como todas las que se han dado en el mundo, transita entre dos tentaciones: por un lado, el ultrademocratismo individualista y egocentrista, que privilegia la subjetividad y deviene irresponsable ante el contexto y las amenazas del enemigo; y del otro, el autoritarismo colectivista y demagógico, que privilegia la amenaza objetiva para erigirse en juez negador de la conciencia crítica y preservar sus propios privilegios. Si el primero es disolvente; el segundo es embrutecedor.

No nos queda otra sino reconocer que la conciencia crítica es el principal valor de uso que posee el ser humano para enfrentarse a la realidad social del mundo. Pero, de nada me vale si solo la uso para mi propio ego. Los revolucionarios verdaderos no le tememos a la conciencia crítica porque sencillamente somos el resultado y la encarnación de ella. La crítica es condición natural y esencial del revolucionario socialista. A partir de mi conciencia crítica y el respeto que ella se merece, puedo asumir a plenitud la disciplina y la lealtad que reclama el pueblo y la revolución y dar mi vida, si es necesario.

Por otro lado, la masa del pueblo venezolano que apoya el proceso bolivariano y al presidente Nicolás Maduro, no es ni puede ser considerada ni tratada como una masa sin conciencia y simplemente agradecida de las bondades del gobierno, como una masa caudillista y manipulable en sus sentimientos y su devoción hacia el comandante eterno. No, el deber de la dirigencia revolucionaria es contribuir con el fortalecimiento de la educación del pueblo, especialmente de su conciencia crítica.

Creo que, de ahora en adelante, lo trascendente es que esta experiencia haya servido para que quede definitivamente establecido dentro de nuestra revolución el principio de que “Solo la crítica y la autocrítica bien fundamentada y ejercida en la unidad y la batalla permanente, nos hará invencibles”. Esto no es un simple enunciado; es la gran enseñanza que nos dejó Chávez. Recordemos que su primer ejemplo de autocrítica extraordinaria y sabia fue el “Por ahora, no pudimos…” y la palabra potencia que la acompañó para ganar al pueblo y ser victorioso fue: “vendrán tiempos mejores…”. Entonces, camaradas, se trata de reconocer el error y seguir en la batalla, rectificando y venciendo. Ése es el sendero que transitó el comandante. Y se hizo invicto hasta la eternidad. Así tiene que seguir siendo este proceso; invicto hasta la eternidad.

chfariasa@hotmail.com


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Christian Farías

Licenciado en Educación. Docente universitario.

 chfariasa@hotmail.com

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