Crónica de un pobre comprando sin plata

Si algo ha traído consigo la crisis que se vive en el país producto de la guerra económica desatada por comerciantes y empresarios en contra del Gobierno revolucionario, es la destreza que han desarrollado sus empleados para detectar a un pelao comprando.

Una vez fui a buscar un par de calzados en la tienda de Zapato Grande que está en el Abasto Bicentenario, donde antes funcionaba Exito en la Circunvalación Dos de Maracaibo, estado Zulia, y junto con llegar se me acercó una bella chica muy atenta y gentil.

-¿Adelante?, pasé por aquí -me dijo-.Yo la seguí en silencio, como niño detrás de la mamá que le promete un caramelo para que se quede quieto. Y la joven me llevó a la vitrina de los zapatos más feos que le pueden ofrecer a un cliente.

-En realidad no me gustan- le dije-. Me gustan aquellos y señalé otra vitrina. La joven me lanzó en un santiamén un escaneo completo. Se enamoró la chama, pensé y comenzó a surgir en mí una inevitable emoción que me extrapoló a mi época de chofer de bus, cuando la novia me esperaba en la vía y me sacaba la mano, para que me la llevara de paseo en la última vuelta.

-Ay señor es que esos cuestan mucha plata me espetó la vendedora-. La miré fijo a la cara y entonces descubrí en sus ojos que su mirada no era de amor, si no de compasión, de lástima; me hablaba despacito seguramente evitando herir mis susceptibilidades, sin embargo, lo consiguió, sentí lo que dice la canción: Todo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí / Hasta mi aliento ya, me sabe a hiel, me sabe a hiel / Mira mi cuerpo como se quiebra / Mira mis lágrimas como no cesan por ti 

La actitud de la chica -consciente o no- fue un maltrato, una falta de respeto, pude quejarme con el gerente pero no lo hice, si lo hubiese hecho todavía me remordiera la conciencia, ¿saben por qué?, primero, porque la muchacha tenía razón: de verdad estaba limpio y, segundo, porque me hizo vivir un instante de felicidad increíble y eso no tiene precio en la vida.

En otra ocasión quedé con la cartera en la mano. Quise comprar un motor viejo de carro para reparar, y resulta que esas máquinas que los comerciantes adquieren en el exterior como chatarra, las venden aquí en Maracaibo a 50 millones de bolívares cada una sin control por parte del Gobierno revolucionario. Las importadoras de repuestos de vehículos usados ubicadas, sobre todo, en el sector Los Estanques, hacen los que les da la gana. Ya no encuentran como burlarse de la Ley de Precios. Están cartelizadas y no existe excusa para que no se inspeccionen y se sancionen. Son negocios bien conocidos en la ciudad. Todo el mundo sabe que especulan.

Después llegué a comprar un kit de carburador en Repuestos del Sur, en la calle 13 de Sierra Maestra, municipio San Francisco, establecimiento inspeccionado por la Sundde y me costó 775 mil bolívares. Ahora, ¿eso es precio justo?, si ese es un precio justo, ¿cómo serán los injustos? Un kit de carburador se compone básicamente de empacaduras de cartón.

Una chavista preocupada ante esa guerra económica me escribe: Tenemos que medirnos en las elecciones a diputados y ojalá no sea tarde. La oposición sigue con el golpe. Perdemos diariamente amas de casas que van al supermercado y sufren una cola humillante, de lo contrario, no pueden obtener alimentos baratos. Uno va a una tienda y se indigna porque el bachaquero cuenta con prioridad. Además hay locales que exigen una compra mínima de 300 mil bolívares para vender los productos regulados y cualquiera no posee esa plata.

Urge que los víveres, detergentes, productos de higiene personal y limpieza vuelvan a los anaqueles venezolanos. Se requiere acabar con los contrabandistas, los especuladores. Es vital llevar a los altos empleados de los Bicentenario, Pdval y Mercal, así como a los militares acantonados en la vía a la frontera, para una consulta con el oftalmólogo, a fin de que vean bien a los bandidos que sacan la mercancía de los negocios revolucionarios, y los pasan a Colombia sin ningún problema.

¿Será que nadie quiere escuchar al pueblo?, se pregunta y continúa: Otra cosa es que los Bicentenario son tan caros como los comercios del capitalismo. Tampoco se consigue un teléfono Vetelca, no se puede comprar un carro chino. Nadie piensa en esa clase media baja que siempre apoyó a Chávez y que, de pronto, ni siquiera aparece en la lista de la entrega de casas de la Gran Misión Vivienda Venezuela. No parecieran pensar en esa gente que bajó de los barrios en apoyo del Comandante Eterno. Por la revolución hay que mantenerlos leales a Maduro.

Tenemos que acabar con los bachaqueros, no es fácil, pero debe haber alguna forma, grita angustiosa a través de sus letras, de sus palabras escritas.

Y yo comparto la desesperación de esta camarada. Su malestar se justifica. El recién estrenado Superintendente Nacional de Precios Justos, Dante Rivas, tiene tremendo reto. Aunque ante la magnitud del problema uno a veces duda: ¿le quitarán los comerciantes ladrones al también ministro de comercio, la buena fama que se ganó en el Saime y en INTT por su lucha contra el bandidaje y la corrupción?

Maracaibo es un hueso duro de roer en cuanto a especuladores se refiere. Hasta ahora sólo se han burlado de la ley sin que nadie del Gobierno logre meterlos por el carril.



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Alberto Morán


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