El índice de Gini sale sobrando cuando los alimentos agrícolas se convierten en principales marcadores de precios

Dame una papa[2] barata y evitarás la inflación política (Flamante proverbio)

 

Si hacemos un breve recorrido por la cronología del desarrollo industrial de los últimos 2C años, veremos, por ejemplo, que jamás el precio de un automóvil pagaba el costo real de su fabricación.

 

Para esa baratura de precio ayudó mucho la incipiente división del trabajo en los talleres, el abaratamiento de los precios de marras por concepto de materias primas casi regaladas que los industriales lograban por las buenas o por las bravas de los países inducidamente alienados, como el nuestro, y también contribuyó muchísimo el deprimido precio de los alimentos de marras.

 

A la baratura de aquellos insumos industriales ayudó el trabajo proveniente, a su vez, de los bajos salarios y paga de la mano obra esclavoide, servil y peonal de las coloniales haciendas, muchas de las cuales han trascendido hasta nuestros días con las reformas del caso. Hoy por hoy, se descubre trabajadores que operan a escondidas en condiciones infrahumanas, y se afirma por allí que todavía subsiste el trabajo de esclavos en el más puro estilo colonial venezolano. Por supuesto, lo practica la burguesía ilegal, la más ávida de riqueza fácil y con máxima prontitud en su alcance. El marxismo, inocentemente ha contribuido a esa situación cuando ha afirmado y confirmado que la fuente de la riqueza es el trabajo humano y no las máquinas ni las materias primas ni las cualidades empresariales de ningún explotador autollamado empresario, como si estos movieran aunque fuera un solo palo[3].

 

La cesta básica moderna no se limita a alimentos, calzados y ropa; incluye automóviles de pobres, alta costura para pobres, bisutería de pobres, aguardientes de pobres[4], etc. y toda esa bisutería que el consumismo burgués le  ha inyectado al trabajador de clase media con ínfulas de rico, y de hasta más burgués que los propios burgueses a quienes no conoce de comunicación, ni de vista y mucho menos de trato, salvo cuando este es su patrono, cuando le sirve como doméstico, doméstica, o profesional, a su servicio incondicional.  

 

Por eso, los incrementos salariales por elevados que sean,   para ese segmento proletario, con un estatus previamente inflado, consumista por defecto, y por efecto mediático, siguen siendo miserables. Además, como los precios suelen ser fijados para toda la población, indistintamente de su condición económica, o sea, el Kg de arroz, por ejemplo = Bs.13, rige para pobres de salario mínimo y para los megarricachones del país.

 

Precisamente, creemos que la Supraintendencia   regula precios para todos, y entres estos todos se halla todo el rango de rentas nacionales, independientemente de lo que diga el Índice de Conrado Gini.

 

Como contraejemplo, citemos los muy ricos, quienes cogen cola" con esas baraturas,  aunque ellos claman por precios elevados a fin de que estos les sirvan de indicador económico al resto de la sociedad y este los respete como superiores, ya que sólo los ricos pueden pagar bien caro todo lo que realmente cueste menos. Un hotel 5 estrellas, por ejemplo, poco tiene que ofrecerle al huésped de un 4 s. pero al primero entran los más infatuados a quienes  esquilmarán sin chistar, aquellos a  quienes no  los molestará la gente indeseable para ellos, según sus personales intereses. El 5 estrella es como el yate de alta mar. En él suelen andar personas que necesitan mucha intimidad sobre su personalidad, sus acciones, sus planes y gustos en general.

 

Bien, hoy nos hallamos en la Valencia de la República Bolivariana de Venezuela, la ciudad que más acusa precios exorbitantes, los alegremente especulativos sin que nadie aparezca todavía en su auxilio. Pensamos que es cuestión de paciencia. Aquí ya un cambur manzano no carburado de tamaño mediano ya cuesta 5 Bs., aprox. Una lata de mantequilla mediana ronda los Bs. 150, y la creolina tradicional, sobrepuja Bs. 130 en su pequeña presentación.

 

Ahora bien, los precios elevados para la cesta básica alimentaria que sólo va a la gente de menores recursos en ciertas regiones y zonas de las ciudades, que no llega al escuálido pobre, debe ser ajustado. Los precios de los demás productos, los extragrícolas,  no pueden regirse por los precios de la cesta básica alimentaria que es lo que parece estar considerando el empresario en general.

 

29/04/2014 11:14 a.m.


[1] El fenómeno de la inducción de precios con fines descaradamente ambivalentes en lo político y en lo económico, de pasapalos,

[2] En  la República Bolivariana de Venezuela también llamamos papa a la  cesta básica, a la comida en general, dada la  importancia alimenticia de este tubérculo  que terminó enriqueciendo a Europa más que todo el oro que caletearon para allá y sin pedirle permiso a nadie, salvo a Portugal que también resultó saqueador y beneficiario de ella. Hoy en día, ambos países, atrapados en las tupidas redes financieras burguesas, mutatis mutandi, son furibundos defensores empedernidos de la propiedad privada en la misma medida que estúpida y paradójicamente siguen irrespetando la propiedad de muchos países modernos.

[3] Al respecto, reina la confusión entre economías de costo como efectos de sanas administraciones, control de calidad, evasión de despilfarros y afines. El buen empresario, técnicamente hablando, logra más ganancia que un pirata rentista petrolero, pongamos por caso, metido a empresario.

[4]La mayor parte de ciertas bebidas espirituosas nacionales, seleccionadas por controles de calidad, si resultan de tercera se destinan al consumo doméstico. Sólo el resto de calidad superior es exportada porque los extranjeros no son tan gafos ni tan engañados como nosotros mismos, a quienes nos han metido en la cabeza que debemos honrar la producción nacional así esta no sirva para nada, o sea, de calidad cuestionable.



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Manuel C. Martínez


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