Para acabar con las ineficientes competencias divisionistas del poder

Cómo integrar el gobierno de manera expedita

Una cosa es la división del trabajo, y otra, su desintegración burocrática.

Debemos centralizar el poder nacional de la República sin violar la actual descentralización del Poder Público, particularmente la del gobierno regional, mediante gobernaciones, alcaldías y sus diferentes instituciones derivadas de los 5 Poderes Públicos constitucionales, con sus extensiones gubernamentales, inclusive comunales y civiles.

El gobierno ya experimentó con una especie de avanzada burocrática administrativa y de Seguridad. Lo hizo con la Gobernación de Caracas y sus planes de Seguridad Nacional, con una Policía Nacional y otros ensayos exitosos por ahora, y fundamentalmente con la estrategia presidencial del Gobierno en la Calle. También lo hace con el “Protector de Miranda”.

Ahora estamos hablando de que perfectamente se podría añadir de oficio o por Decreto una pequeña secretaría del gobierno central en cada entidad de esas alcaldías, de esas gobernaciones, de esos Ministerios, de esos institutos derivados, de esas comunas.

Esta secretaría se hallaría junta, pero no revuelta, con las demás secretarías del ente anfitrión de las correspondientes instituciones públicas, independientemente de que sus costes de funcionamiento corran a cargo, o no, del ente receptor.

Esta secretaría local se encargaría de recibir llamadas, visitas y variopintas solicitudes de servicios públicos dirigidos a cualesquiera otros organismos diferentes al que el ciudadano acuda.

De esta manera, se lograría que todo el gobierno nacional, todas sus instituciones, se hallaría formando una organización única, in sólidum, con dependencias directas e indirectas integralizadas con personal adecuadamente seleccionado y previamente vacunado contra tantos vicios que durante centurias se ha incubado dañinamente en la Administración Pública nacional, regional y local.

Por ejemplo, si el ciudadano llama a una alcaldía y pide esa secretaría, a esta le formula su petición, le plantea su problema. Si la solución de este problema resulta competencia, pongamos por caso, de la Presidencia de la República, a esta aquella deberá hacerle llegar dicha solicitud, habida cuenta de que esas secretarías locales contarían con personal de absoluta confianza del Gobierno Nacional y que dispondrían de todos los vínculos comunicacionales de y para toda el país.

Ya está buena la perversa e ineficiente práctica de las fulanas competencias divisionistas del poder.







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Manuel C. Martínez


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