El Papel del pueblo

Apagándose la guerra de guarimbas (febrero-marzo 2014), la que la ultraderecha venezolana llevó adelante pese a sus macabros riesgos, incluidos la inutilidad del fracaso y sus lamentables consecuencias, se pueden sacar algunas conclusiones. Unas ya han sido ampliamente analizadas: el vacío de liderazgo que se ha originado en la oposición, su polifracturada unidad, la dilapidación de su capital político y la precaria moral con que maneja todas sus actuaciones, pero en especial, su cínico compromiso con la paz y los intereses nacionales.

Ahora hemos sido testigos de un grosero destape de la clase media, de su alma descarnadamente egoísta y superficial, de sus aberraciones, de sus pánicos y sus demonios, los cuales la colocan con demasiada rapidez, en los negocios la delincuencia organizada, el lumpen internacional, el paramilitarismo, el terrorismo y sobre todo, a sumergirse en lo más peligroso de la herencia europea: el fascismo. Pero, por sobre esto, quisiera destacar un aspecto que aunque pareciera pasado por debajo de la mesa, dice mucho de la valoración que hace la contrarrevolución, o mejor dicho, la oposición, del pueblo (de los pobres), y de sus propios copartidarios (el grueso de la clase intermedia). Para ello es necesario volver atrás y detenernos un tanto en la estrategia aplicada. Es más que evidente, que la oposición (el antichavismo) y su cónclave, dominado por la violenta ultraderecha, decidió sacrificar su imagen interna en pos de posicionar en la vitrina internacional (teatro de operaciones paralelas o guerra mediática), una imagen de impacto: el de los sacrificados jóvenes luchadores por la democracia y la libertad, enfrentándose al demoledor poder dictatorial del Presidente Obrero, Nicolás Maduro. Dándole de esta forma, mayor peso a su postura externa (aquella que saldría expedita, en forma de fotos, vídeos y productos audiovisuales de todo tipo, vía corporaciones de la información como CNN, y las redes sociales, asociadas a toda una gama de acciones de la geopolítica imperial, incluyendo la diplomacia y farándula internacional), que a la imagen que la sociedad venezolana se hiciera de ellos con la simple observación de la realidad.

Es así como a ésta caterva ideológica de la violencia, no le importó el acometimiento del prontuario delictivo que luego desató, desde la violación de derechos humanos fundamentales, hasta el secuestro y el asesinato con fórmulas tan bárbaras como el degollamiento con guayas, porque al final, lo más importante era que ese espectáculo mediático sirviera para lograr la tan anhelada fotografía (en cuya ausencia apeló a fotos trucadas, de otras latitudes y de otras conmociones), la inmediata guerra civil y consecuentemente, la salvadora intervención extranjera. En otras palabras, para ellos, la opinión internacional es estratégicamente más valiosa que la nacional, tiene mayor poder de decisión, al punto de colocar toda la carne con la que contaban, en el voraz asador mediático, el que necesitaba mucho más de la sangría que la aburguesada rebelión de los guarimberos pagados, pudo generar, pues no es igual incendiar una plaza permanentemente (La Independencia de Kiev) y echarse al pico 70 personas en un día, a quemar basura, bloquear calles y sicariar de tres de la tarde a nueve de la noche.

Es hora de que quienes aún conservan la capacidad de dialogar, más allá de cualquier prejuicio, se pregunten: ¿Por qué los pobres y sus barrios, no se sumaron a las guarimbas, ni respondieron a las innumerables provocaciones?

Ha de ser porque la motivación que inspira la protesta de las minorías (los ricos), no es ni remotamente parecida al de las mayorías (los pobres). Los mueve en esencia, intereses antagónicos (lucha de clases). Es que los pobres no nos sumamos ni arrastrados por el otro filo, el de la provocación, el que no solo evidencia claramente el desprecio por nuestra condición de "clases bajas", sino por nuestra supuesta inferioridad intelectual. Pero el detalle, subestimado, una y mil veces, el que los enfrenta permanentemente al abismo de la derrota, es que no logran decodificar la cultura combativa del pueblo de Guaicaipuro primero, el de Bolívar después, y ahora el de Chávez. Pero además de este monumental antecedente histórico, lo que mantiene a este pueblo militantemente disciplinado, en actitud de resistencia pacífica, es que la Revolución Bolivariana ha logrado derrotar a pesar de su gran poderío, la guerra mediática interna. Hoy por hoy, el pueblo está mejor informado, bien dirigido y sabiamente orientado.

De allí la necesidad de mantener y trascender el combate de la guerra mediática, con la seguridad de que también los venceremos en el ámbito mundial, donde aún siguen imponiendo sus apátridas matrices de opinión. Por lo pronto, la prioridad, en oposición a la despreciativa estrategia de la derecha, es profundizar en la batalla interna. Nuestro pueblo es prioridad en todos los sentidos, además porque de él depende la supervivencia de la Revolución  que impacta al mundo. Profundizar en todos los órdenes de la comunicación y la información, con la firme convicción de educar y poner al servicio del buen vivir, todos los potenciales de nuestra cultura.

El papel del pueblo, no solo está circunscrito a las tareas que debe cumplir como parte de su rol en este momento histórico, sino también, a las orientaciones que desde la vanguardia, debe recibir, y esta debe estar inducida desde los canales comunicativos de la revolución. "El papel del pueblo" es el nombre de un medio nacional impreso, televisivo, radial, cinematográfico, teatral, cibernético, que siga informando y orientando al pueblo para elevar a grados superlativos, su vocación revolucionaria.

 



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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

 miltongomezburgos@yahoo.es      @MiltonGomezB

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