La política del Tucusito

Las agudas controversias que atraviesa el país, en alguna medida imposibilitan que usemos el lápiz con el tino que el momento demanda. El aprehender la realidad es algo complejo por lo dinámico y variopinto con que se presenta el hecho social y político.

El abordarlo requiere de una multifocalidad, que no la facilitan los binoculares de aquellos que pretendemos contribuir a minimizar las densas anomalías en la que nos encontramos. Sin embargo, no tenemos otra opción que imitar al tucusito cuando con su corto pico, trata de apagar el fuego que arrasaba su hábitat.

En este sentido, el Estado venezolano está obligado a atender con eficiencia y coraje los serios problemas que sufre el país. No es posible ocultar la profunda crisis económica en la que nos encontramos, no hay que ser economista para darse cuenta de ello. La misma se refleja en los altos costos de los artículos, en la volatilidad de los precios y en definitiva en la pérdida del poder adquisitivo del sector más vulnerable de la sociedad: la clase trabajadora y obrera.

El diagnosticar las causas del problema, es un buen indicador para avanzar, pero el cuasi-diagnóstico, es un embobador que hipnotiza a los decisores y los mantiene girando sobre el mismo eje. Por ejemplo, es verdad que existe una embestida económica de sectores muy poderosos contra el pueblo, pero las medidas que se han tomado para combatirlo, hasta ahora no dan los resultados esperados. Basta ver a las amas de casa zanqueando los productos del hogar, para llegar a esta conclusión.

No dudamos que exista acaparamiento y especulación, pero se debe reconocer que también existe desabastecimiento. Esta trilogía requiere de altísima atención y sabiduría política, porque las mismas tocan aspectos extremadamente sensibles en la población. Evitar la conjugación de estos tres elementos es medular para la paz y el progreso del país.

Otro de los temas en atender es la seguridad ciudadana. El pueblo ha visto los esfuerzos que realiza el gobierno para frenar los delitos, pero sienten que no son efectivos, la sensación de inseguridad que se percibe al transitar las calles de Venezuela, así lo señalan. Con el agravante de que los niveles de criminalidad nos ubican entre los países más inseguros del continente. Esto empeora más el panorama, sobre todo, porque es la vida la madre de todos los derechos. Por último, está el tema de la corrupción, siendo la ineficiencia su principal aliado.



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Jiuvant Huérfano


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