Evo morales y su indiada dejaron y dejan en entredicho mucho rezo revolucionario

Como decimos los cumaneses, “no tengo empacho” en admitir que mis procederes metodológicos no son lo riguroso como suelen ser los “académicos”. No lo son porque no soy académico, simple flojera, si es dado decirle eso a un viejo que quiere escribir con prontitud y no tiene energía ni tiempo, menos deseos de estar averiguando cosas, tampoco si ellas son tan obvias que con sólo mencionarlas basta.

Antes que Evo, en 1952 se produjo lo que entonces se llamó la Revolución Boliviana, que por cierto tanto impactó a Domingo Alberto Rangel, quien vivió, estando en el exilio, aquellos acontecimientos de cerca. Debe haber en alguna biblioteca, algún ejemplar de un buen trabajo que aquél escribió sobre el tema a su regreso a Venezuela, recién caído Pérez Jiménez, editado originalmente en Caracas, creo que por el Buró Juvenil de AD, aún no había nacido el MIR y reeditado por nosotros en Editorial Renacimiento de Juan José Acuña en Cumaná.

Habiendo ganado las elecciones el MNR, partido de la izquierda boliviana, apoyado en buena medida en el frente de trabajadores de la minería, con la candidatura de Víctor Paz Estenssoro, la derecha, el grupo Patiño, grandes propietarios de las minas, el ejército y por supuesto la infaltable “embajada”, dieron un golpe de estado, desconocieron los resultados electorales y mandaron al presidente electo al exilio a la Argentina.

Contra aquel acontecimiento se produjo una reacción de gran magnitud, como conflictos en las ciudades de Oruro y la Paz, que aparte de producir un significativo número de muertos, condujo a la derrota del ejército por el movimiento popular en armas, que creo un gobierno provisional en manos de Hernán Siles Zuazo y Juan Lechín, presidente de la Central Obrera Boliviana (COB), hasta el regreso del presidente electo Víctor Paz Estenssoro.

La nacionalización de las minas, reforma agraria, abolición de la servidumbre indígena y disolución del ejército regular, fueron algunas de las medidas de aquel gobierno. Con posterioridad el MNR, partido promotor de la revolución, cayó en el burocratismo, hasta corrupción y componendas con la derecha y los capitalistas, que se tradujeron en frustración del original intento de cambio y revolución. Aquel movimiento no tuvo en cuenta, por lo menos en la magnitud debida, a la indiada.

A partir de allí Bolivia se convierte de nuevo en un enclave del imperialismo y de los inversionistas en el sector minero y otras actividades.

Una simple revisión indica que el 62.2 % de la población boliviana es indígena, que en muy buena medida, por decir lo menos, mantiene intacto sus valores ancestrales. Para más señas, ya la revolución de 1952, no sólo le abolió de la servidumbre sino que le reconoció sus derechos ciudadanos como el de votar e intervenir en los asuntos públicos del país. De esa población indígena, aquél que siendo obrero de las minas u otra actividad capitalista, no dejó nunca de formar parte de aquella en toda dimensión y significado.

Los movimientos revolucionarios que insurgieron en Bolivia, como el PCB (Partido Comunista Boliviano), por nombrar a uno, que de manera expresa tomo “como conejillo de indias”, con el perdón debido, para evitar herir lo que es más sensible y quizás menos estoico, parecieron ignorar que la población obrera del país del altiplano ecuatorial, era una “significativa” minoría y que para más señas, en ella el factor indígena era un buen número. Que en las relaciones capitalistas de producción no entraba la determinante mayoría de la población, pero si tenía una acendrada manera de vivir y repartir la riqueza y bienes.

De manera que las formulaciones marxistas, esa parte muerta de la cual habló Ludovico Silva, no podía tomar vida si ignoraba aquella realidad y sobre todo lo que correspondía a la existencia de una enorme masa humana con una historia, tradición y cultura bien enraizada. O lo que es lo mismo, aquello no se podía aprehender con una visión manualista. No era permisible pasar por alto que, como anotó otro pensador fecundo, las relaciones de producción y la gente, con sus costumbres, sus maneras de ser, no pueden separarse y menos suplantarse mecánica e improvisadamente por otras.

Por esas cosas, parece sencillo entender, que resultaría difícil a cualquier boliviano, más aún si no era un nacional y menos indígena, esgrimiendo las consignas del movimiento obrero mundial o del revolucionarismo urbano europeo, asiático o de América Latina, desde las montañas, lograse que las masas bolivianas, 62.2% de indígenas, cifra de ahora, con toda la carga cultural y expectativas propias que eso implica, lograr como el “Flautista de Hamelin”, le siguiesen para derribar el poder burgués de nuevo instaurado en contra la voluntad mayoritaria, pese la inestabilidad política crónica de aquel país; sin olvidar el estado de vigilancia, marcaje cercano que ejercían las fuerzas gringas..

Pese a la historia hasta heroica del movimiento revolucionario venezolano, pero incapaz de encontrar puntos de coincidencias entre ellos mismos y las masas, tuvo que emerger Chávez, desde los cuarteles y hasta mejor decirlo, de la cárcel, después meditar y discutir mucho con otra gente, con un discurso y una proposición como aquella de refundar el país en medio de una profunda crisis, para hallar el punto de unión de las mayorías. Por supuesto, de los propulsores, se trató de un grupo de oficiales, por las características mismas del país, pertenecientes y en sintonía con el movimiento popular y los ancestrales descontentos.

Evo, como indígena Aymara que es, tuvo conciencia del valor, peso e importancia sustancial y cuantitativa de su gente. Esta, tenía que ser así, encontró en el actual presidente de Bolivia, con su humildad, sencillez y extraordinaria condición humana, persona como para saber identificarse con ella y el resto de los pueblos de América Latina.

La revolución boliviana que ahora encabeza Evo Morales, tiene un fuerte soporte en el movimiento indígena, ese mismo que por cientos o más de años ha hecho del cultivo de coca un medio de vida y desarrollado una rica cultura. Evo ha ganado elecciones abrumadoramente y los intentos de golpes han sido derrotados en las calles, caminos y carreteras de Bolivia por aquellas multitudes que antes, para alguna dirigencia, no tenían vida.

El indio Evo Morales, pese las acervadas críticas de teóricos siempre inconformes y apoyados en conocidas letanías, defensores a ultranza de los fracasos del pasado, ha impulsado cambios en Bolivia en favor del movimiento popular, que en su determinante mayoría es indígena, y ha logrado devolverle a su país su soberanía y a su pueblo su dignidad y derechos a decidir acerca de sus intereses.

Estoy claro que algunas cosas dichas arriba, aunque discretas, puedan despertar alguna iglesia y feligresía, al sentir que algún abusado, intentó moverle los santos. Sobre todo a quienes me refiero, algunos que desde Bolivia me inundan el correo y creen que la sociedad es como un juego de lego, donde un bloque puede sustituirse por otro; basta que no se desarme. Eso, su molestia y los calificativos que puedan aplicarme, no me incomodan para nada.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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