Venezuela y Cuba: hermandad histórica, socios estratégicos

Aceptamos las críticas de nuestros amigos y conocidos cuando señalan como “absurdo y osado” de nuestra parte considerar que nuestras relaciones con Cuba se sustentan en realidades históricas y realidades estratégicas; pero, en nuestro entender, no estamos ni equivocados ni nos alejamos de realidades geoestratégicas actuales en este mundo globalizado aunque ello no obsta para que nuestras personales consideraciones referidas a reales situaciones internas que están en objetivos cambios profundos que se vienen desarrollando de tiempos actuales y no tan recientes pero que, obligadamente, entran en profunda contradicción con el imperio estadounidense, contra su política sustentada en la “Doctrina Monroe” y su nueva política humanista-expansionista en el marco de la “nueva política Obama” (JVR dixit) cuales estén alejadas de la realidad objetiva nacional.

La hermandad histórica viene desde los tiempos de los denominados como “indios caribes” y sí ustedes consideran que estaríamos equivocados, nos permitimos sugerirles consulten con los antropólogos venezolanos. En cuanto a la sociedad estratégica, ella se sustenta en acuerdos alcanzados durante los tiempos históricos de nuestro Comandante en Jefe, Hugo Rafael Chávez Frías, en referencias a acuerdos humanitarios que se circunscribieron en las diferentes Misiones que han impactado a los sectores invisibilizados de nuestra sociedad venezolana con, en muchísimas ocasiones, aportando soluciones a clases sociales no tan invisibilizadas.

Las serias y profundas diferencias entre sectores políticos de derechas venezolanos y la dirigencia política de Cuba se podrían circunscribir al plano ideológico fundamentalmente promovido desde el “Golpe de Estado contra el Presidente constitucional, don Rómulo Gallegos” cuando los paradigmas de la “Guerra Fría” entraron a la política venezolana sin oposición alguna por aquellas derechas que, por aquellos tiempos históricos, consideraban a la URSS como el “diablo escapado de los infiernos”. Aquella matriz de opinión que acompañó al golpe de estado referido fue impactando la siquis de la sociedad venezolana particularmente a aquellos sectores sociales que, proviniendo de allende nuestras fronteras, habían vivido sus propias realidades histórico-bélicas en permanente contradicciones que iban desde las exposiciones fascista-nazista-falangista-franquistas hasta las políticas estalinistas que confrontaban realidades geopolíticas y geoestratégicas adobadas por pensamientos seminaristas del conductor de un tiempo histórico importante de la Rusia soviética.

En ese marco histórico, probablemente, deberíamos diferenciar los escenarios que confrontaron las realidades político-nacionales de los años 50 con las realidades que se desarrollaron durante la primera etapa de la República puntofijista; es decir, nos consideramos que ese espacio histórico cuando se conjugaron ideologías tan confrontadas como la socialdemócrata versus la socialcristiana en las presidencias de don Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y don Rafael Caldera Rodríguez, se alcanzaran acuerdos sustentados no solo en la ideología capitalista sino que en su praxis se conjugaron con los desarrollos político-militares que impuso Washington sustentados en la “Guerra Fría” escogiendo, con particular interés, el “patio trasero washingtoniano” que conformaban los gobiernos de seudo-demócrata-dependientes de esos países que conformaban el conjunto de países en kow-tow al imperio estadounidense en el marco de las políticas en pleno desarrollo de la Guerra Fría. Es decir, el paladín de la democracia representativa a nivel continental que asumió don Rómulo Betancourt cuando impulsó la aprobación de la expulsión de Cuba del seno de la OEA en el marco de la reunión ministerial en Punta del Este (Uruguay) tuvo como praxis la más brutal de las represiones a sociedades latinoamericanas en diferentes etapas históricas junto a la más descarada e injustificada violación de los Derechos Humanos en nuestro continente americano incluyendo, por cierto, la propia sociedad estadounidense.

Al paladín anti-comunista al cual nos referimos más arriba, don Rómulo Betancourt, lo sustituyó a quien el Comandante Fidel Castro se refirió con la siguiente frase según los chismes históricos: “…cuando Dios creó a [censurado] destruyó su molde para que no pudiera ser creado otro [como ese político venezolano]…” debemos precisar algunos detalles. En primer lugar, hemos censurado el nombre del político venezolano porque sin su permiso nos abstenemos a mencionarlo. En segundo lugar, la última frase escrita: “…otro como el político venezolano…” no son las supuestas precisas palabras del Comandante Fidel Castro pero por razones expuestas hemos tenido que cambiar la frase final por lo que elevamos nuestras correspondientes disculpas.

¿Por qué nos estamos refiriendo a ambos políticos venezolanos como paladines anti-comunistas y anti-castristas militantes asumiendo actitudes políticas con decisiones que sustentan las políticas permanentes de Washington con relación a Cuba y su gobierno y sociedad incluyendo los opositores dentro de la propia sociedad cubana actual que significan, en última instancia, una contradicción con las actitudes nacionalistas venezolanas de ambos políticos criollos, en conociendo personalmente esas actitudes?

Ello nos lleva a considerar que las políticas anti-castristas venezolanas, en nuestra consideración, tendrían dos (2) etapas bien definidas: en primera instancia, la política de persecución y asesinatos de los sectores sociales revolucionarios venezolanos que se desarrolló durante los primeros años del “Pacto de Puntofijo” con su mayor expresión durante el gobierno de Raúl Leoni; mientras que en segunda instancia se ha venido desarrollando una política anti-castrista desde el periodo comprendido entre el “27 de febrero” y el “4 de febrero” profundizándose con la salida de la cárcel de Chávez Frías, su campaña electoral, su triunfo en las urnas, el “Golpe de Abril” conjuntamente con el “Paro petrolero” para desarrollar lo que nos, nos hemos permitido denominar como el “Golpe de la burguesía mantuana” con su figura pública en la persona de Henrique Capriles Radonski. Al tiempo, los historiadores estudiosos de la Historia Contemporánea de Venezuela deberán presentar a la sociedad venezolana los significados político-históricos e ideológicos del periodo comprendido entre el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y el segundo gobierno de don Rafael Caldera Rodríguez.

En el marco de nuestro desarrollo debemos precisar que las políticas anti-castristas que se desarrollaron durante la referida como primera etapa de ese anti-castrismo fue en el marco de los tiempos más importantes del desarrollo de la “Guerra Fría” para América Latina cuando el sector militar asumió las responsabilidades de confrontar a los movimientos de izquierda legales y aquellos que asumieron la guerra como una obligada etapa revolucionaria en el marco de la confrontación geopolítica y geoestratégica que Washington diseñó para “…su patio trasero…” con todas las palabras y sin “pepitas en la lengua”. Fue una etapa de dura confrontación, de violencia y de violación permanente y constante de los Derechos Humanos de la sociedad venezolana como un todo social.

Las políticas anti-castristas de esta presente etapa que además es “anti-chavista, anti-madurista y contra-bolivariana adobada por el contrario-nacionalista y contra-revolucionaria” es, sustancial y profundamente, diferente a la “etapa puntofijista” no solo por la realidad de la “suspensión temporal de la Guerra Fría” sino por su causa fundamental como fue el derrumbe del “Muro de Berlín”, las nuevas ideologías impulsadas tanto por Samuel Huntington como por Francis Fukuyama y desarrolladas por los diferentes secretarios de estado estadounidenses desde y principalmente la etapa del gobierno de Ronald Reagan por causa y consecuencia de las nuevas realidades que iba imponiendo el propio desarrollo del sistema capitalista mundial en lo que hemos denominado como la “etapa neo-liberal” del sistema capitalista global hasta, a nuestro entender, la “Crisis de Wall Street”.

Es decir, que ambas tesis anti-castrista en mesa arriba en referencia se conjugaron en dialéctica contradictoria durante el periodo histórico de los años 80 y 90 del siglo próximo pasado cuando se presentaban profundas diferencias entre la “tesis de Washington-social-demócrata” versus la “tesis demócrata-cristiana euro-latinoamericana”. Estas realidades se vieron violentadas con la presencia en los escenarios políticos nacional de Hugo Rafael Chávez Frías y su correspondiente triunfo en el marco de las elecciones democráticas sustentadas en la democracia representativa y sus correspondientes leyes y realidades de Estado y con las dos (2) importantes decisiones políticas del Presidente constitucional de Venezuela en la persona de Chávez Frías cuales fueron: la Constituyente y su acercamiento a alcanzar acuerdos político-sociales con el Comandante Fidel Castro. Aquella realidad afectó profundamente ambas tesis mencionadas en segunda instancia obligándose a alcanzar acuerdos aún en contradicciones que se plasmaron con las presencias de Embajadores de países responsables de ambas tesis en el Despacho Presidencial de Miraflores cuando don Pedro Carmona fuera utilizado como paladín de la denominada por las derechas nacionales e internacionales como democracia en su real y objetiva expresión dictatorial durante el proceso del Golpe de Abril. Es decir, el capitalismo, su imperialismo y su ideología-dependiente en su realidad latinoamericana se vieron en la necesidad de conjugar y alcanzar acuerdos políticos para poder enfrentar a esas dos (2) realidades político-ideológicas aunque diferentes en sus praxis que se expresaban y representaban tanto la “realidad castrista-cubana” como la “realidad bolivariano-chavista” y, en los actuales paradigmas político-ideológicos, en la “realidad bolivariano-chavista-madurista”.

Ahora vayamos al título propuesto. ¿Por qué socios estratégicos? Interesante inquietud tanto para Washington como para las derechas mantuano-criollas venezolanas con importantes incidencias en las derechas tanto estadounidenses como comunitario-españolas. Nos, nos permitimos preguntarnos: ¿sí Washington puede impulsar una y su política humanitaria como lo venimos observando, por ejemplo, en los países del Caribe y Centroamérica, porqué Venezuela y Cuba no pudieran desarrollar en conjunción sus propias políticas humanitarias como se vienen expresando en el marco del ALBA junto a países socios y como Venezuela las viene desarrollando desde PetroCaribe? Es y son evidentes las objetivas diferencias entre ambas políticas humanitarias en referencia que ustedes, inteligentes lectores, están en conocimiento.

Las relaciones de Venezuela y Cuba son históricas y en el marco de esa realidad aún en el marco histórico de las diferencias causal-temporales, esas relaciones históricas cuando se están sustentando en la cooperación humanista bilateral así como la cooperación humanista internacional-continental-americana tienen su importancia geopolítica tanto para Venezuela como para Cuba cuando, ambos países, se tienen que confrontar tanto con Washington como con las derechas continental-americanas y allende nuestras costas americanas.

Ambas países y ambas naciones están en una unidad geoestratégica con fuertes lazos históricos que como lo expresábamos más arriba tienen su base histórica en la presencia en El Caribe de los “indios caribes”; tienen sus connotaciones históricas durante los tiempos históricos de la Colonia; tienen sus realidades geo-humanas con el tráfico de esclavos provenientes desde África; tienen sus propias realidades socio-económicas cuando conocemos los estudios históricos de Ramón Aizpurúa Aguirre sobre el “comercio y el tráfico de negros” en El Caribe junto a “los circuitos comerciales” que se desarrollaron desde el Apure hasta El Caribe. Son realidades históricas geo-estratégicas que salieron del tintero.

A buen entendedor…



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Miguel Ángel Del Pozo


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